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Transgénero

El celador de Olot

El asesino se convierte en asesina

"A un preso le están vetadas todas esas distracciones, no le queda más que cambiarse de sexo o jugar al ping pong con algún compañero, y probablemente Aida, antes Joan, no fuese muy diestro con la raqueta y la pelotita"

Guillem Bota