Tras sufrir varias pérdidas, Gloria Labay creó la comunidad 'La vida sin hijos'

Tras sufrir varias pérdidas, Gloria Labay creó la comunidad 'La vida sin hijos' © Yolanda Cardo

Vida

Gloria Labay Rodríguez, matrona y enfermera: "Si una mujer pasa el duelo de la no maternidad, que sepa que no está sola"

La terapeuta en duelo, fundadora de la red de apoyo 'La vida sin hijos', reflexiona en un libro revelador sobre los tabúes que rodean el luto por la no maternidad, o sobre cómo los mecanismos culturales patriarcales vinculan la maternidad con la culminación de la identidad femenina

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Gloria intentó ser madre bastante tarde por diversas circunstancias. Con 38 años tuvo dos abortos espontáneos seguidos. Tras separarse de su pareja continuó en solitario. Probó con la reproducción asistida y la fecundación in vitro, pero nada funcionó.

Tras varias pérdidas gestacionales y un proceso de adopción fallida —“siempre digo que esto lo considero como el quinto aborto”— se sumió en un profundo duelo. En paralelo, seguía trabajando como matrona ayudando a otras mujeres.

Confiesa que ser madre era uno de sus deseos: “Me gustaba mucho estar con niños. Pensaba que llegarían de forma natural a mi vida”. Tras siete años de intentos y frustraciones, supo que ese futuro nunca sería. Debía reconstruir su vida, su identidad, en un mundo que no era el que había imaginado.

Coincidiendo con la publicación de Ser sin ser madre (Lunwerg), Gloria Labay atiende a Mujeres en Crónica para hablarnos de pérdida y expectativas, de duelos “desautorizados”, y también de la certeza de que la vida sin hijos es otra forma de plenitud.

Portada de 'Ser sin ser madre', de Gloria Labay

Portada de 'Ser sin ser madre', de Gloria Labay

- ¿Cómo vivió el duelo de la no maternidad atendiendo a mujeres que están en proceso de ser madres?

Yo ya era matrona y enfermera cuando empecé a sufrir las pérdidas. Precisamente por eso había visto la cara B de muchos embarazos que acaban en aborto.

Cuando me sucedió a mí, al principio no hice un gran drama, porque sabía que le pasaba a mucha gente. Pero cuando las cosas empeoraron y se sucedieron los otros abortos, había tareas de mi trabajo que me eran especialmente dolorosas.

Recuerdo una vez que llevaba un grupo de postparto de mamás primerizas. Verlas con los bebés recién nacidos era durísimo. Afortunadamente, mis jefas, que han sido siempre muy sensibles y estaban al tanto de mis circunstancias, me cambiaron de sitio.

- En su experiencia personal está el germen de la comunidad La vida sin hijos...

- Tuve que dejar pasar tiempo, porque cuando dejé de intentarlo definitivamente me quedé como en tierra de nadie, no sabía por dónde continuar.

Claro, todo esto me pasó entre los 40 y los 50, a mitad de mi vida, de una vida que había imaginado y que ya no iba a suceder.

- Se rompen las expectativas

- Cambia todo, hasta tu identidad personal. No es lo mismo esperar ser madre algún día que saber que nunca lo serás. Cambia, incluso a nivel laboral, porque piensas que si no vas a tener hijos ya no tienes que esforzarte tanto, porque el aspecto económico deja de ser tan importante. Coges las riendas de tu vida de otra manera.

Pero esto no pasa de un día para otro, porque lo primero que sientes es una tristeza inmensa y profunda. Decidí buscar profesionales especializados que me pudieran ayudar. Pero aquí en España no encontré nada. Entonces descubrí un libro al respecto, Viviendo la vida inesperada, de Jody Day, una mujer que vivía en Londres. Empecé a interesarme por todo lo que hacía, y vi que organizaba talleres de fin de semana.

Me fui a Londres a participar en uno con un grupo de mujeres que, por diferentes circunstancias, estaban pasando por lo mismo. Era un grupo terapéutico en el que cada una explicaba sus circunstancias, y hacíamos ejercicios. Al final, te das cuenta de que en parte te sientes tan mal porque no puedes cumplir con aquello que se espera de ti como mujer, como hembra, dentro del sistema patriarcal. Te sientes como un juguete roto. Pero eres más que todo eso.

- Fue un punto de inflexión

- Aquello me ayudó, primero, porque conocí un grupo de congéneres que habían sufrido lo mismo; y después, porque te das cuenta de que te puedes recuperar. Era un duelo y había que transitarlo.

Al regresar creé la web La vida sin hijos, con el fin de generar un grupo de iguales. Este 8 de marzo hemos cumplido ocho años. Como sigo trabajando de matrona no tengo tanto tiempo, pero sigo organizando un par de talleres al año, y también cuento con la ayuda de un grupo de voluntarias que se han formado conmigo y se han vinculado al proyecto. Es un proyecto colectivo.

- ¿Por qué cree que el duelo maternal sigue siendo un tabú?

En general es así con cualquier tipo de duelo. Vivimos en una sociedad en la que todo es rápido, no hay tiempo, y el duelo requiere paciencia, porque es un cambio importante, incluso a nivel neuronal. El mundo que conocías hasta entonces se rompe. Necesitas un recableado cerebral para gestionar las emociones, la pena, la rabia, la frustración, todos los sentimientos del duelo

Si ya los duelos clásicos, de pérdida con cuerpo, la sociedad no los valora suficientemente, imagínate un duelo sin cuerpo. Para los demás pierdes algo que nunca has tenido, no ven el problema. Entre que la sociedad no te autoriza a estar triste, y que para ti es algo profundamente íntimo, resulta realmente difícil. Más, dentro del marco del patriarcado que espera que las mujeres sean madres, perpetuar la crianza y tenernos “entretenidas” durante muchos años. Cuando eso no sucede, te quedas descolocada, encima estás débil, en un momento difícil de mucha pena y no estás para reivindicar nada.

- ¿Y todo eso lo vivió sola?

- Exacto, porque entra dentro de lo que llamo duelos desautorizados, que es cuando la sociedad no avala, no acredita, el dolor que sientes, por eso te da vergüenza (...)

Encima, no tienes referentes de otras personas que estén pasando por lo mismo. Todo esto hace que calles y lo gestiones sola. Por eso sigue siendo tabú.

- Socialmente ¿se sigue mirando diferente a las mujeres que no son madres, bien porque no pueden, o porque deciden no serlo?

- Desde los ojos del patriarcado, sí, claro, somos disidentes de un sistema que nos quiere a todas reproduciendo. Pero si no estás ahí, puedes hacer otras cosas. Estás al nivel de los hombres que, aunque sean padres, pueden seguir escalando en la empresa, formarse, acceder a puestos de poder, porque no tienen la carga de la crianza. Esto es estadística: quienes cogen más reducciones de jornada son las mujeres, y esto perjudica sus carreras laborales.

- Y si deciden no tener hijos, las tildan de egoístas

- No sé donde está el egoísmo cuando decides no traer niños a este mundo, estando como está. Las que hemos querido y no hemos podido ser madres somos pobrecitas o amargadas, y las que no han querido son egoístas, desalmadas, desnaturalizadas, frías. Son estereotipos, porque si cambias el género esto no se aplica. Es un sesgo de género.

- En el libro aborda la falta de transparencia en las clínicas de reproducción asistida

- La biotecnología aplicada a la reproducción ha mejorado la situación de muchas mujeres y parejas que no hubieran podido ser padres. Yo no cuestiono eso. Pero creo que para todas esas personas que salen de las clínicas de reproducción sin criaturas no hay nada preparado, no hay ningún plan de apoyo. Te dejas la vida, la ilusión, el cuerpo, te dejas todo en los intentos, y si no se da, no te acompañan nada.

También creo que la forma de vender el producto es demasiado comercial y, generalmente, las cifras de éxito quedan maquilladas. Por eso es importante consultar fuentes fiables, como la SEF (Sociedad Española de Fertilidad), donde todas las clínicas de España están obligadas a publicar sus resultados anuales. Cuando consultas los datos ves que, dependiendo de la edad, la fecundación in vitro tiene un 30% de éxito. Y esto la gente muchas veces no lo sabe.

- Y las clínicas no informan...

- Las clínicas lo que hacen es sumar los intentos. Si cada intento es un 30%, si haces tres, tienes una probabilidad de éxito del 90%. Evidentemente no es así, pero cuando la gente recurre a las clínicas, viene ya muy vulnerable.

Creo que hay muchos claroscuros que se podrían mejorar, deberían ser más transparentes, teniendo en cuenta todo lo que ganan. Estamos hablando de un negocio en expansión.

Gloria Labay, matrona y autora de 'Ser sin ser madre'

Gloria Labay, matrona y autora de 'Ser sin ser madre' © Yolanda Cardo

De hecho, lo digo en el libro, los dueños de todas las clínicas de renombre, como la Dexeus, las han vendido a fondos de inversión. Eso es muy significativo.

No pretendo abanderar la lucha contra las clínicas, ni mucho menos, pero sí es un negocio que necesita más control y transparencia.

- Además, teniendo en cuenta que la maternidad se posterga cada vez más

- Exacto, mucha gente sabe que deberá acudir a la reproducción asistida, y España es líder del sector. Por tanto, hace falta más transparencia. Pero como sociedad también deberíamos dar más educación sobre la fertilidad y sus tiempos reales.

Cuando somos jóvenes se nos inculca mucho eso de no quedarnos embarazadas en vez de explicarnos que quizá no podamos lograrlo cuando queramos.

Hablar a los jóvenes de enfermedades de transmisión sexual y de embarazos no deseados está muy bien, pero también habría que enseñarles que la fertilidad no es para siempre (...). A partir de los 35 empieza el declive, pero es que a partir de los 40 bajas tres escalones de golpe. Si realmente tienes ese deseo, esa llamada a la maternidad, que lo planteen diferente, ser más proactiva.

- Pero muchas lo posponen porque es inviable económicamente, por temas laborales, de vivienda…

- Precisamente por eso el negocio de la congelación de óvulos está en auge (...). Es un asunto realmente complejo. O te lanzas a la piscina sin más, o te lo piensas y no lo haces.

- ¿Cómo acompañar a las mujeres que están pasando por esto?, y ¿qué es lo que nunca hay que hacer?

- Para mí, lo que nunca hay que hacer es preguntar sobre sus planes reproductivos. Este rompehielos tan frecuente de ¿y tú tienes hijos? deberíamos evitarlo, porque no sabes lo que hay detrás.

Y, por supuesto, no decir frases como “se te va a pasar el arroz”. Decidir tener o no hijos forma parte de la intimidad de las personas, es un tema que no se puede abordar de forma casual. Si sabes que alguien lo está pasando mal es importante dejarle claro, de una manera empática, que estás abierta al diálogo, dispuesta a escuchar sin juzgar.

Y si una mujer está pasando por el duelo de la no maternidad, que sepa que no está sola, que otras mujeres hemos pasado por esto. Es el propósito de mis grupos de ayuda, grupos de iguales, un espacio respetuoso donde las mujeres pueden tener conversaciones con otras mujeres que las comprenden porque han pasado por lo mismo y validan su dolor. Pueden llorar, expresar su malestar en un sitio seguro (...) Y ese grupo de iguales funciona como un microcosmos que te sostiene, porque creo que lo más dañino es cargar con estos sentimientos, muchas veces contradictorios, en solitario.

- ¿Cómo se sintió el día que supo que jamás sería madre?

- Sentí un dolor profundo y una sensación de vacío, ¿qué iba a hacer el resto de mi vida? Así empieza mi libro.

- ¿No sintió también cierta liberación después de todo lo que había pasado?

- Ahí no. Sentí miedo al futuro, desarraigo. Había estado nutriendo ese sueño tantos años, imaginando mi vida de madre y, de pronto, todo eso se rompe. Es un momento delicado, muy duro, por eso muchas veces negamos la situación, porque nuestro cerebro no está preparado para asumir una verdad así. Y por eso es necesario estar acompañada por gente que haya pasado por lo mismo.

Para Gloria Labay, el duelo por la no maternidad es un duelo silenciado

Para Gloria Labay, el duelo por la no maternidad es un duelo silenciado © Yolanda Cardo

Esa es un poco la intención del libro, que sepas que eso puede suceder, es una experiencia humana, pero que también te puedes recuperar y tener una vida buena.

Al final del libro hay un capítulo, Los dones de las diosas de una vida sin hijos, que precisamente habla de la parte buena de no tener hijos, que la hay, aunque no nos la hayan contado.

A día de hoy, yo me siento una privilegiada por no tener la carga emocional que conlleva ser madre. Está tan entrelazada la vida de los hijos con la propia que muchas veces están atadas de pies y manos. Al final es evitarse a una misma a través de los otros. De lo programadas que estamos para no cuidarnos nosotras porque estamos instruidas para cuidar de los demás he sido consciente a posteriori. La ausencia de hijos te obliga a mirarte, no hay escapatoria, debes cuidar de esta criatura que eres tú.