Guillem Bota
Los trans transgreden, pero no transforman
"Los deportistas trans sean siempre hombres biológicos que reclaman competir contra las mujeres, y que no se da el caso inverso, el de mujeres biológicas que se sienten hombre y reclaman competir contra estos"
Los atletas trans están que trinan, y no es un trabalenguas, es que se han enfadado porque el COI ha decidido no dejarles -o dejarlas, yo ya no sé- participar en las competiciones deportivas femeninas. Eso no debería ser problema, puesto que no les impide, de todas maneras, tomar parte en las pruebas masculinas, lo que sucede es que entonces no ganarían, y eso es de lo que se trata, de ganar.
Si su interés fuese únicamente deportivo, e incluso reivindicativo, esas trans se presentarían a competir contra los hombres, vestidos -o vestidas- como mujeres, con su pantaloncito ajustado, su sujetador y sus cejas perfiladas, eso sí que sería una protesta que daría la vuelta al mundo.
Sucede, sin embargo, que esas atletas trans, es decir, esos hombres que se perciben como mujeres, no pretenden reivindicar nada, lo que quieren es tener la posibilidad de ganar una medalla, y contra las mujeres es más fácil.
Ello explica que los deportistas trans sean siempre hombres biológicos que reclaman competir contra las mujeres, y que no se dé el caso inverso, el de mujeres biológicas que se sienten hombre y reclaman competir contra estos: ¿para qué, si no tendrían ninguna posibilidad de victoria?
-- Yo nací mujer, pero como me percibo hombre, voy a inscribirme en el lanzamiento de peso masculino, para enfrentarme a esos hombretones de Hungría y de Alemania que pesan cien kilos.
Eso sería lo honrado, y nadie pensaría que lo hacen para aprovecharse de su biología, pero nunca se da. Lo que se da es justo lo contrario:
-- Yo nací hombre, pero como me percibo mujer, voy a inscribirme en el lanzamiento de peso femenino, para enfrentarme a esas chicas suecas y holandesas que pesan sesenta kilos.
Puesto que un atleta masculino mediocre no tiene nada que hacer en las competiciones contra otros hombres, le va mejor competir contra mujeres, de manera que alguna medalla podrá rascar, ni que sea la de bronce.
Ese es el pensamiento trans en el deporte, de ahí su enfado porque el COI haya decidido que las competiciones femeninas sean solo para mujeres, cosa que parece una norma de perogrullo pero que, según algunos --entre los que se encuentran algunas políticas españolas que ya han hecho público su malestar-- es una tremenda injusticia, por eso hay atletas --qué suerte que atleta sea un sustantivo que vale lo mismo para el masculino que para el femenino-- que se lamentan:
-- Eso es heteropatriarcado puro y duro. Yo me siento mujer aunque haya nacido hombre y tenga esos músculos, y tengo derecho a practicar el boxeo contra otras mujeres. Ya que si lo hago en casa es delito, por lo menos que se me permita atizarlas en un cuadrilátero.
Visto así, razón no le falta a este, digo a esta, púgil. O púgila. De alguna manera tiene que dar salida a su ímpetu, y dónde mejor que entre doce cuerdas, donde nadie la -o lo- podrá denunciar.
A la ministra española del ramo, Milagros Tolón --quiso la mala fortuna que su segundo apellido no fuese igual al primero, con lo que nos ha hurtado muchas risas-- esas cosas no le preocupan mucho, porque aseguró desconocer esa nueva norma del COI, que es lo mínimo que se espera de una ministra española, ya que precisamente se la pone ahí para desconocer todo lo que tenga que ver con su negociado.
A un ministro de Agricultura español le preguntas por una nueva norma de la UE que prohíbe la exportación de aceite de oliva, y te responde que no sabe de qué le hablas, que él está a otras cosas, la más importante de las cuales es resaltar lo guapo que es el presidente.
De manera que nada, ya puede decir misa el COI, que aquí no nos damos por enterados y vamos a inscribir a Torrente en gimnasia rítmica. Sin mariconadas, por supuesto.
Los trans transgreden la norma, pero se quedan sin transformar la biología, habrá que estar atentos a los transistores.