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¿Hay algo más dadá que okupar la Modelo?

Ignacio Vidal-Folch
6 min

La semana pasada subrayamos aquí la curiosa circunstancia de que, gracias al traslado de los presos separatistas a cárceles controladas por la Generalitat, el Gobierno Torra se haya convertido en carcelero de sus propios líderes. Dolidos por esa paradoja clamorosa, a los jóvenes de los CDR se les ha ocurrido la brillante idea de okupar la cárcel Modelo para exigir a Torra y al presidente Sánchez la inmediata liberación de los cautivos. Esta iniciativa tan curiosa de okupar una cárcel merece ser meditada con extrema ponderación.

Recordemos, una vez más, que el prusés ha parasitado sin miramientos el sufrimiento de diferentes comunidades –indios, afroamericanos, kurdos, judíos, armenios-- para alimentar sin coste alguno su propio narcisismo burgués, victimista y sentimental. Un hito de este saqueo ha sido la cárcel Modelo de Barcelona, que habiendo quedado obsoleta y ocupando una espaciosa área del cotizadísimo suelo urbano, las autoridades locales y regionales decidieron vaciarla de su población reclusa, o de sus internos, y demolerla con el objetivo de instalar en su lugar un parque público, o acaso reconvertirla en un “centro cultural” (el socorrido centro cultural de cuando no se sabe qué demonios hacer con un edificio), mientras en otros puntos de Cataluña se levantaban nuevos presidios, con las máximas garantías de seguridad y en las mejores condiciones de higiene.

La presunción de los caudillos del prusés llegó al extremo inaudito de jactarse, en enero de 2017, de la iniciativa supuestamente libertaria y antirrepresiva de “cerrar la Modelo”, celebrando a tal efecto algunas ceremonias conmemorativas (o sea propagandísticas) con emotivos discursos sobre el sufrimiento de los presos políticos que entre sus muros penaron durante el franquismo. Parasitándoles también a ellos, igual que antes a kurdos y armenios, gitanos y judíos. Y por cierto que sin mencionar en ningún momento el sufrimiento, también considerable, digo yo, también lamentable, también digno de compasión, de los presos comunes, que salvo excepciones, como demuestran las estadísticas es gente que ha tenido mala suerte familiar, cultural, económica, cuando no genética, desde el día de su nacimiento. Pero es que los presos comunes no visten, de ellos no se puede aprovechar nada.

Así, mientras la alcaldesa, la señora Ada Colau, el vicepresidente de la Generalitat, señor Oriol Junqueras, y otras eminencias de la política “de izquierdas” paseaban por las vacías celdas y fantasmales corredores de la Modelo exhibiéndose como libertadores, discretamente levantaban, como decíamos más arriba, nuevas cárceles lejos del centro urbano, en apartados confines, para alojar a los internos de la Modelo y a los cautivos futuros donde nadie pueda oír sus gritos.

Ahora se da la paradoja de que algunos de aquellos cautivos futuros de las cárceles flamantes son precisamente los caudillos del prusés, que vienen así a imitar al mallorquín señor Jaume Matas que en 1999 inauguró junto al entonces ministro del Interior don Jaime Mayor Oreja la prisión de Segovia, en la que ingresó como recluso pocos años después, con la misma mala suerte que don Francisco Granados, quien como consejero de Interior de la Comunidad de Madrid participó en el año 2008 en la inauguración de la cárcel de Estremera, la misma donde ingresó como condenado en el 2014. Hay que ver qué vueltas de la vida. Que nadie se ría porque a cualquiera podría sucederle.

Ahora bien, el asalto y la okupación de la Modelo por las juventudes camorristas del separatismo, los CDR (comités de defensa de la república), hay que contextualizarlos en el anhelo general de grandeza y heroísmo a coste de saldo que anima a esos jóvenes desocupados e idealistas y que es uno de los motores del prusés. Y en ese manoseo farisaico de la Modelo al que se han entregado sus mayores. Pero también en la pronunciada deriva del severamente contrariado prusés hacia ocurrencias progresivamente más disparatadas.

La okupación duró apenas unas horas: quizá en un momento de lucidez los activistas cayeron en la cuenta de que no es precisamente un alarde de inteligencia encastillarse voluntariamente en un sitio del que cualquiera en su sano juicio procura mantenerse alejado y si le obligan a residir allí procura salir cuanto antes mejor.

Como esto siga así, veo a los CDR ocupando Chernobyl (en protesta contra la energía nuclear) y cantando L’Estaca junto al reactor nuclear averiado.

Ánimo, chicos, y no os olvidéis de llevar con vosotros a don Lluís Llach.

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¿Quién es... Ignacio Vidal-Folch?
Ignacio Vidal-Folch

Por desgracia nací huérfano, ya que mis padres fueron aplastados por un aerolito un par de años antes de que yo naciese. Esta tragedia me obligó a formarme como autodidacta. De joven lavé platos en el Soho, fuí maquinista en un ballenero, croupier en un casino, músico callejero en la estación Sebastopol del metro de París, y dí tres veces la vuelta al mundo como inspector de hoteles para la cadena Savoy. Enriquecido por tantas experiencias volví a Barcelona, donde he publicado varias novelas y libros de relatos y colaboro con el diario El País y las revistas Tiempo, Jot Down y otras.

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