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Los papeles de 'Sota', la perra abatida por un policía en Barcelona

El atestado policial y el informe médico del agente de la Guardia Urbana avalan la versión de una respuesta agresiva del dueño y del animal

'Sota', la perra abatida por la Guardia Urbana y el atestado policial del cuerpo / CG
25.12.2018 19:59 h.
8 min

Son los papeles de Sota, la perra abatida por la Guardia Urbana en Barcelona el pasado martes, 18 de diciembre, y que ha provocado una furibunda reacción de los animalistas y ha descolocado al equipo de gobierno municipal de Ada Colau, que ha tenido una reacción dubitativa.

El atestado policial de los agentes que lidiaron con el incidente es claro. Concluye, con apoyo de un informe de Mutua Universal, que un agente fue herido durante el altercado con el sinhogar de origen estonio Tauri Rusaluus, quien, según la versión policial, azuzó a la perra Sota después de que ésta ya hubiera mordido a un policía. También aseguran los funcionarios que la persona sin techo agredió a la patrulla y a los refuerzos con su monopatín tipo skate y la correa metálica que sujetaba al can abatido de un disparo.

Primer ataque de 'Sota'

Según el informe policial, el incidente se produjo a las 12:05 horas frente al número 320 de la Gran Vía de Barcelona. Allí, una patrulla de la Guardia Urbana adscrita al distrito de Sants-Montjuïc apercibió a Tauri Rusaluus, quien andaba con la perra Sota suelta y fumándose un porro. El detenido, que está acusado de atentado contra la autoridad, reaccionó de forma agresiva, negándose a atar a Sota, rechazando tirar su cigarrillo de marihuana, encarándose con los agentes y lanzándoles vituperios en "un idioma extranjero".

Atestado de la muerte de la perra 'Sota' en Barcelona

El suceso escaló. El atestado policial firmado por hasta siete agentes de la Urbana, incluyendo a un sargento, sostiene que Tauri les gritó "hijos de puta". Cuando lo pararon para identificarlo, la perra, que se encontraba "en estado nervioso", se abalanzó sobre uno de los efectivos del cuerpo municipal de seguridad, "causándole erosiones y rotura en el uniforme, cuando el agente trataba de protegerse la zona del torso superior y el cuello del ataque del animal".

"Un disparo que alcanzó en la cabeza"

Tras ello y siempre según la Guardia Urbana, el detenido le puso un collar "que le iba grande, y del que la perra se zafaba", mientras se encaraba con un agente, que "tuvo que apartarlo con su brazo". Finalmente, Tauri habría quitado el collar a Sota y la habría azuzado, "de forma clara y activa", contra un agente. Fue en ese momento cuando se produjo el trágico incidente que ha sublevado a los animalistas. El policía "sacó su arma de fuego y abatió al animal con un único disparo que le alcanzó en la zona de la cabeza próxima a la oreja".

La justificación de la Urbana es clara. El funcionario disparó al animal con su arma reglamentaria porque éste "se abalanzaba sobre él, nuevamente, sobre la parte superior de su cuerpo" desde unos diez metros de distancia. Según el atestado policial, el trabajador municipal, "ya habiendo sido atacado temió por su vida debido a la agresividad y velocidad a la que se abalanzaba el animal sobre él". ¿Había alternativa a abatir a Sota? No, según la policía municipal. La actuación fue "necesaria al no tener el agente refugio ni lugar donde protegerse del ataque del animal".

Ataque del dueño

No terminó allí el dramático incidente. Tras abatir a la perra, su dueño "se abalanzó" sobre un agente, tratándole de golpear con un monopatín tipo skate en al menos dos ocasiones. Finalmente, el sinhogar acorraló al efectivo de la Guardia Urbana contra un autobús, lanzándole el monopatín desde un metro de distancia. La agresión provocó al efectivo "lesiones de traumatismo en la zona frontal de la cabeza; contusión e inflamación del pómulo derecho; rotura del tercer molar superior derecho y hematoma por golpe en su mano derecha". Después de ello, el sinhogar también habría agredido al funcionario con la cadena de hierro de la perra Sota.

Atestado sobre la muerte de la perra 'Sota' en Barcelona

Fue en aquel momento cuando llegaron refuerzos para socorrer a la patrulla. En total y debido a la "agresividad" de Tauri, siete agentes participaron en su detención, durante la cual el ciudadano "se resistió de manera activa". Ya con el arrestado en custodia policial, la Guardia Urbana comprobó si la perra Sota llevaba chip o cartilla identificativa, "con resultado negativo". Minutos después y al llegar a comisaría, el dueño del animal habría amenazado con "matar" al agente que abatió al can en dependencias policiales. Los agentes apoyan su versión con fotografías de las heridas del agente, de la cadena de hierro, de la perra muerta y un parte de Mutua Universal, además de los testimonios de los siete funcionarios.

Erosiones provocadas por el ataque de 'Sota' a un agente de la Guardia Urbana

Ada Colau cambia su versión

Cualquiera que fuere la crudeza del incidente, el Ayuntamiento de Barcelona que comanda Ada Colau dio por buena la versión de la Guardia Urbana y la arropó en una cadena de tuits [ver aquí] en la que defendía que "habida cuenta de que el agente ya había sido mordido por el perro y ante un nuevo ataque, la conclusión es que el agente actuó en defensa de su integridad física y le quedó otra opción" el 20 de diciembre. Dos días después y tras dos protestas animalistas que acabaron con disturbios y cinco detenidos, la primera edil cambió su posición y pidió públicamente "testigos" del suceso.

Convocatoria de la manifestación por la muerte de la perra 'Sota' en Barcelona / CG

Convocatoria de la manifestación por la muerte de la perra 'Sota' en Barcelona / CG

Ello ha sublevado a la Guardia Urbana, cuyos sindicatos consideran que "se les ha echado a los pies de los caballos" para que Barcelona en Comú (BComú) no pierda el voto "animalista". En paralelo, los radicales ya han vertido amenazas contra un agente de la Urbana al que consideran el autor material del disparo contra Sota, además de contra sus hijos, y han publicado sus fotografías y número de identificación profesional (TIP) en las redes sociales. El sindicato CSIF ya ha anunciado que presentará una querella ante la Fiscalía Provincial de Barcelona para determinar si las coacciones y mensajes intimidatorios son delitos de odio. Por su parte, los animalistas redoblan su campaña y se volverán a manifestar el sábado 29 de diciembre desde la plaza de España de la capital catalana. 

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