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Joaquim Tosa fue presidente del Puerto de Barcelona / Twitter-Puerto de BCN

Tosas, el perfil de Ildefons Cerdà en el sector-negocios de Pujol

El directivo tiene en su haber la transformación del Puerto de Barcelona, siempre cerca del expresidente de la Generalitat, y en el debe, su gestión en materia de sanidad

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Recuerdo a Joaquim Tosas de un almuerzo en el que un grupito de convocados departimos con el entonces presidente del Puerto de Barcelona. Le flanqueaban a ambos lados Paco Sanuy, un sabio de órbitas sonoras y ex consejero de Comercio de la Generalitat, y la escritora Empar Moliné, una mujer que más tarde puso su portentosa imaginación al servicio del procés, en la radio oficial del Régimen. Ya entonces, el nacionalismo trataba de presentar a Tosas como el responsable único de la ampliación del Puerto hacia el Delta del Llobregat, la Zona Zal, la nueva Bocana y tantas infraestructuras públicas que él tal vez terminó, pero que casi nunca empezó.

Tosas firmó las certificaciones finales de obras cuyo logro pertenece a cargos anteriores. Son cosas del sector público, más pendiente de los votos que de las cuentas de resultados. Pero atención, Tosas no era ningún piernas; era un ingeniero de Caminos Canales y Puertos; se sabía la lección y dio en la diana a la hora de firmar con su broche el hinterland portuario más grande del Mediterráneo. Su fallecimiento en las últimas horas es hondamente sentido por familiares, colaboradores, dirigentes nacionalistas, politécnicos y por la comunidad política.

Fue nombrado presidente del Puerto en 1996, como una de las piezas económicas del Pacto del Majestic. Pujol situó a sus fieles  en los órganos de gobierno de grandes compañías semipúblicas: Tosas presidió el Puerto, Carles Vilarrubí entró en el consejo de Telefónica y Rafael Español en el de Endesa. Todo a cambio del pacto de legislatura con CiU y PNV. Fue el Aznar del 96, presidente de la Paz en Euskadi, cuando calificó a la banda criminal ETA como el frente de liberación nacional, y también el conversador que utilizaba el catalán en la intimidad. Poco después, en el 2000, se convirtió en azote de todo aquel que no comulgara con su España unívoca y radial, donde todo pasaba por Madrid (empezando por el AVE).

Con Boi Ruiz y Artur Mas

En su etapa como secretario general del Departament de Sanitat i Seguretat Social (1990-92), Tosas vivió bajo el peso del entonces consejero Xavier Trias, volcado sobre lo público, pero defensor también del mapa de centros concertados dependientes de las mutuas privadas y de fundaciones benefactoras. Las primeras intentonas para fusionar en parte lo público y lo privado en el sistema catalán llevaron la impronta dejada por Tosas. Su posterior colaboración, como consultor desde fuera del sistema público, alumbró en buena medida al conseller Boi Ruiz, el hombre que escampó que la salud es un “bien privado”.

Diez años después de Tosas, durante la etapa en la que coincidieron Ruiz en Salut y Artur Mas en la Presidencia, la asistencia catalana fue perdiendo calidad hasta situarse entre las cuatro peores de las Comunidades Autónomas españolas. Salut perdió definitivamente su liderazgo a partir de 2011. Y los recortes la convirtieron en la octava por la cola, según el informe que cada año elabora la Federación de Asociaciones por la Defensa de la Sanidad Pública (FADSP), basado en datos oficiales del gasto per cápita, el número de camas, hospitales y sanitarios, el gasto farmacéutico, las listas de espera y la valoración de los pacientes, entre otras referencias. La FADSP le otorga un 65 a Cataluña en un ranking en el que la puntuación máxima estaría en 118 y la mínima de 29. A la cabeza se sitúa el País Vasco, con un 94, mientras que, por debajo de sanidad catalana, solo está la Comunitat Valenciana, con un 63, y Canarias, con un 53. Durante los últimos años, Cataluña, que en otro tiempo fue la joya de la corona de la Sanidad  española, ha ocupado el tercer puesto por la cola.

Sector negocios

Una de las herramientas privatizadoras utilizadas por la Sanidad pública catalana es la llamada Reordenación Asistencial Territorial (RAT). Esta instancia contempla la derivación de actividad entre hospitales: su aplicación ha trasladado una parte de la asistencia del Hospital Clínic hacia el privado Sagrat Cor, propiedad de la multinacional IDC, la  antigua Capio. Solo es un ejemplo, aunque resulta ilustrativo. Por medio de este mecanismo, CatSalut creó una doble puerta de entrada que ha roto la equidad del sistema.  Así ha ocurrido en  Mútua de Terrassa y el Hospital de El Vendrell. La doble puerta es ya un mecanismo muy introducido que debilita a lo público. Este descorche del RAT ha significado una extracción de recursos hacia el sector privado, reduciendo la eficiencia del sistema público. Y ese efecto permanece en el interior del mapa asistencial catalán.

Joaquim Tosas mantuvo una elación muy estrecha con Jordi Pujol; integró tácitamente el llamado sector negocios de Convergència, junto a otros fieles al president, como el ex secretario de Presidencia, Lluís Prenafeta, el presidente de la Bolsa de Barcelona, Joan Hortalà, el representante industrial del Grupo March en Cataluña (Aiscondel) durante una época, Rafael Español, entre otros. Como ingeniero experto en infraestructuras, Tosas perteneció al equipo estratégico de CiU, dirigido por Miquel Roca y más tarde por Josep Maria Cullell (candidato a la alcaldía de Barcelona), que trató de desplegar la conexión Llobregat-Besòs, a través de cinturones desdoblados, como los que se construyeron en la etapa preolímpica del Ayuntamiento de Pasqual Maragall. Tosas perteneció al lobby catalán de los ingenieros de caminos de perfil nacionalista, vinculados al Instituto Ildefons Cerdà, frustrados creadores del Plan de la Ribera y de la remodelación de MontjuÏc, dos iniciativas lideradas por Pere Duran Farell, ex presidente de Gas Natural.

El Puerto, un haber en el balance

Criticado en Sanidad y en ámbitos urbanísticos, donde el PSC era hegemónico, Tosas quiso dejar su huella de emprendedor en el Puerto. Allí diseñó proyectos público-privados como el Maremagnum, el Hotel W o la Marina de yates de lujo, y además tomó parte en los primeros escarceos del futuro enclavamiento de un nuevo Hermitage, conectado con el museo de San Petesburgo. Mucho después de su salida del Puerto Autónomo, en el ya lejano 2012, el expresidente de la Generalitat, Artur Mas, y la viceministra de Cultura de Rusia, Alla Manílov, firmaban una declaración de intenciones para instalar el museo junto al nuevo muelle de embarcaciones de recreo. Este proyecto fue defendido por Sixte Cambra y ahora lo contempla Mercé Conesa, la ex presidenta de la Diputación que fue proyectada al cargo más alto de Puerto por el president del Govern Quim Torra.

La relación de Tosas con los cambios que alumbrarán a la nueva zona marítima tienen razón de ser. Se trata de proyectos que mejoran el espacio público desde la gestión privada. Los restaurantes, pantalanes, yates, hoteles o  museos mejoran la calidad de la vida portuaria y la estética ante Mediterráneo occidental, sin menoscabar la actividad logística, el aprovisionamiento de materias primas o el tráfico de cruceros.

Recorrido intelectual

A la hora del recuento, el Puerto es un haber en el balance de Tosas, mientras que la sanidad es un debe, porque su modelo de incentivar lo privado está siendo rechazado por media Europa, dolorida por la pandemia. El coronavirus desentierra la verdad de los modelos menos equitativos. Es la enfermedad de todos, que no podrán curar los privadísimos New Tecnon o CIMA, el elitista grupo hospitalario que ha presidido hasta ahora Joaquim Tosas.

Aquel presidente del Puerto, que Sanuy y Empar Moliné celebraban en el citado almuerzo como una cumbre de gestión de lo público, tuvo en sus manos tres grandes actividades: el Puerto, la Sanidad y el Turismo, este último, como consultor en la sombra de Ramon Bagó, el entonces factótum convergente del sector. Con la perspectiva de los años, la despedida de Tosas une al nacionalismo reformista, destronado por el llamado Pinyol, un vendaval espontaneista, que solo deja dolor tras de sí. El adiós de Tosas, como lo fue el de otros patricios de CDC, también desaparecidos --Macià Alavedra o Antoni Subirà-- simboliza el fin de la Convergència-negocios. La de Tosas habrá sido una generación no ejemplar, demasiado marcada por dulces prevaricaciones. Sin duda; pero dotada también de un recorrido intelectual y estético muy superior al de los escuetos dirigentes actuales de JxCat.

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