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Una empleada en la cadena de montaje de dispositivos tecnológicos en una fábrica cerca de Pekín (China). Respuesta de las tecnológicas al coronavirus / EFE

El coronavirus, ¿la excusa para revertir la globalización?

El parón en la economía mundial por la enfermedad contagiosa llega tras algunas pistas, según los expertos, que presagiaban cambios en las relaciones comerciales

6 min

Las acciones en las bolsas estaban sobrevaloradas, y se venden con la explosión del coronavirus, con un descenso y pérdidas notorias: un 14% en Wall Street y un 17% en el Ibex 35 español. Los organismos internacionales rehacen todos sus pronósticos para 2020, y el peligro de una recesión es ahora real. Pero los cambios que pueden suceder en los próximos meses, aunque se espera que haya una recuperación cuando se constate el control del contagio del coronavirus, tienen otras causas. ¿Se quería revertir el proceso de globalización?

El economista Emilio Ontiveros, socio fundador de AFI, indica que en los últimos meses ha habido “ganancias poco justificadas” en el mercado de valores, y que, tras decisiones de política fiscal del presidente Donald Trump en Estados Unidos, con bajadas de impuestos, el alza en las bolsas dejaba constancia de algo ficticio. Lo que ha ocurrido es que la dinámica iniciada hace más de 30 años, con un proceso de globalización que ha beneficiado en gran medida a China, tras su entrada en la Organización Mundial del Comercio (OMC), con importantes ventajas, ahora se ha comprobado que es perjudicial para muchos países, entre ellos Estados Unidos. “Es muy difícil de revertir ese proceso, pero está claro que estamos en un intento en ese sentido”, señala Ontiveros.

Las empresas medianas chinas

En todo caso, el fenómeno del coronavirus es real. El temor a que se instale una enfermedad contagiosa, de la que se conoce muy poco todavía, ha llevado a paralizar el proceso de producción de medio mundo. “Hay el peligro de recesión”; señala Ontiveros.

Pero lo importante es conocer cómo se llega a esta situación. El economista Josep Oliver lo ha analizado con detalle, y lleva meses advirtiendo de que una masa monetaria enorme estaba hinchando el mercado de valores. Lo corrobora el asesor financiero Robert Casajuana, que indica que las diferencias respecto al inicio de la crisis de 2008 “son enormes”. No estamos, a su juicio, en la misma situación, y el problema, en todo caso, se debe buscar en China, donde la mayoría de empresas son pymes, y tienen una capacidad de liquidez “no mayor a unos dos o tres meses”.

¿Menor temor hacia China?

Es decir, si ese tejido económico del gigante asiático se hunde, el problema será realmente global. Es decir, para Casajuana, el problema no será a corto plazo, sino a medio. Los datos son elocuentes: las pequeñas y medianas empresas chinas significan el 60% de la actividad económica china y el 80% de los trabajos del país. Dependerán todas esas empresas de que los bancos respalden líneas de crédito. Casajuana advierte de que hay condiciones para esos créditos que las empresas medianas no podrán asumir, como destinar hasta el 10% para combatir el virus.

¿Qué muestra Casajuana? Que la idea de un gigante con todo el poder para imponer sus condiciones al resto del mundo ha comenzado a perder enteros. Y es lo que busca reflejar, con medidas directas o indirectas, Estados Unidos, muy preocupado por el avance tecnológico de China en infraestructuras como el 5G.

Sin margen monetario

El caso es que había condiciones anteriores al estallido del coronavirus. Datos que se conocen, pero se han querido congelar, como la deuda pública enorme de todo Occidente tras la crisis económica de 2008, lo que deja con poco margen a los bancos centrales para seguir aplicando las dosis de política monetaria que ha ofrecido hasta ahora. Con más de diez años de relajación total en esas políticas, con tipos de interés por los suelos, el posible parón dejará maniatado a todos los gobiernos y a los bancos centrales.

¿Respuestas? Estados Unidos, con Trump al frente, con grandes posibilidades de revalidar su cargo en las elecciones de noviembre, ha jugado sin dudar a revertir esa globalización. Pero, con el estallido del coronavirus, la reacción debería ser la contraria, aunque con más énfasis en la política: “Está claro que esta nueva situación da la razón a los que piden desde hace mucho tiempo que se camine hacia una gobernanza mundial. Sin una coordinación de los gobiernos, sin planes globales, será difícil superarla a menos que en pocos meses se estabilice, algo que no podemos garantizar”, asegura Emilio Ontiveros.

Si se quería dar marcha atrás al proceso de globalización, el coronavirus es una buena excusa, aunque, paradójicamente, la enfermedad precise esa gobernanza política global. Y si se quería seguir cerrando los ojos ante la inundación de dinero barato, con las bolsas por las nubes, y las deudas públicas por todo lo alto, el coronavirus es también una forma de despertarse. Lo que llegue a partir de ahora deberá ser muy diferente. Y en eso coinciden los expertos consultados.