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Imagen de la agresión de un mantero a un turista de EEUU en Barcelona el miércoles / CG

Barcelona se convierte en una ciudad insegura a ojos de sus visitantes

La brutal agresión a un turista estadounidense hunde aún más la imagen de la capital catalana, ya tocada por la turismofobia y la huelga salvaje del taxi

6 min

Una ciudad insegura. Esta es la sensación que transmitió ayer José Bravo, el turista agredido brutalmente por un grupo de manteros en Barcelona el miércoles. Su percepción no es única: la repiten ya sotto voce representantes del tejido comercial y turístico de la Ciudad Condal y la Guardia Urbana. Y también los internautas: las búsquedas de las palabras Barcelona safe (Barcelona segura en inglés) aumentaron un 100% en Google el viernes, día en el que la prensa internacional se empezó a hacer eco de la noticia de la violencia desatada contra el viajero norteamericano, que estuvo a punto de sufrir un linchamiento.

Si la imagen de la capital catalana ya se desgastó con los ataques de Arran contra el turismo o la huelga salvaje del taxi, que colapsó el centro de la ciudad del 25 de julio al 2 de agosto, la reputación ha sufrido un nuevo varapalo tras las imágenes virales de la paliza a José Bravo. La víctima precisó atención médica y fue trasladado al Hospital Clínic Barcelona en estado "menos grave" tras ser atacado a patadas, zurriagados con la hebilla de un cinturón y sufrir intentos de seccionarle la arteria femoral por parte de los vendedores ambulantes que le agredieron, según su propio testimonio.

CSIF: "Ciudad sin ley"

"Una ciudad ingobernada, sin ley". En estos términos se expresa el secretario autonómico de Administración Local y Fuerzas y Cuerpos de Seguridad de CSIF, Eugenio Zambrano, uno de los primeros que denunció la agresión y otras que quedan ocultas al no ser denunciadas. Según el sindicalista, el fenómeno de la venta ambulante "se ha convertido en un problema de seguridad de primer orden", ya que las personas que venden en la manta "hacen ocupaciones masivas del espacio público".

Desde su punto de vista, la Guardia Urbana "no puede atajar la práctica por falta de recursos humanos, materiales y por el apoyo institucional de la alcaldesa Ada Colau a los manteros". Zambrano alerta de que los turistas nacionales y extranjeros les reconocen a ellos, a los efectivos de la Guardia Urbana, que "no volverán a Barcelona", pues cuando llegan al destino "se encuentran a centenares de manteros, incivismo y captadores de droga en el centro de la ciudad". En su opinión la solución pasa por que el Gobierno central recupere las competencias en seguridad local, para así coordinar a todos los cuerpos del país. "Pedimos al president Quim Torra y al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que intervengan en Barcelona", remacha.

Sapol: "Colau no tiene interés"

Por su parte, Manel García, secretario general del sindicato policial Sapol, hace hincapié en la "falta de voluntad política" del Ejecutivo local de Barcelona en Comú (BComú). "La venta ambulante es ya un problema de seguridad preocupante. Se ha producido un efecto llamada y los manteros se sienten impunes y crecidos por el apoyo que les brinda el Ayuntamiento de Barcelona. Tememos un agosto caliente con este tema", advierte. García ha lamentado que "se hagan intervenciones cosméticas" contra las filas de centenares de manteros que pueblan áreas de la Barceloneta, Port Vell y la plaza de Catalunya. "No hay voluntad de atacar el problema real. La Guardia Urbana no podemos hacer nada. Hasta los mandos tienen miedo de actuar por el eco social que se puede generar".

"Por parte de BComú no hay interés en erradicar el problema. Punto. Se dan subvenciones a las cooperativas de manteros, se les prestan abogados y se les da cobertura legal. En cambio, cuando agreden aun agente de la Guardia Urbana el Ayuntamiento de Barcelona ni se persona como acusación particular. Pues bien, ahora que han apaleado a un ciudadano me gustaría preguntarle a la alcaldesa, ¿se personará usted en este caso?", ha preguntado el agente. En su opinión, el brutal ataque al turista del miércoles es el último síntoma de una preocupante tendencia. "Hay barra libre en Barcelona. Los vendedores callejeros se crecen ante los agentes porque se sienten protegidos. Los lateros también pugnan violentamente por su espacio. La sensación es que no, que Barcelona no es segura", concluye García.

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