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El independentismo presiona al 'club' de Puigdemont para que forme gobierno

El soberanismo necesita un nuevo Govern para alimentar sus estructuras, con ERC y el PDeCAT en línea, pero topa con las maniobras del círculo próximo al expresidente huido

Marta Rovira, dirigente de ERC, reclama ya un nuevo candidato al expresidente Puigdemont / FOTOMONTAJE DE CG
12.02.2018 00:00 h.
6 min

La hora de la verdad, aunque se haya decidido una teatralización que pasa por “hacer todo lo posible” para que Carles Puigdemont sea presidente de la Generalitat. El independentismo, las entidades soberanistas –la ANC mantiene aparentemente que Puigdemont debe tener un papel ejecutivo--, los partidos, como ERC y el PDeCAT, quiere ya un nuevo Govern que ponga en marcha la administración, y clarifique una situación que comienza a ser caótica.

Las fuentes soberanistas consultadas señalan que ahora se trata de mostrar que todo lo que ha pedido Puigdemont será imposible, aunque se seguirá el guión. Las dudas se centran en una disyuntiva: o se replantea todo en los próximos días, o se lanza el autobús contra el muro y que sea el Gobierno del Estado el que decida la suerte de Cataluña, con la conciencia tranquila de que se ha hecho todo lo que se podía hacer.

Presidir y mandar

A favor de esa segunda apuesta está el círculo de Puigdemont, que no quiere una rendición inmediata. Lo que se propone no es tan sólo una resolución en el Parlament que constate, políticamente, que Puigdemont es el presidente legítimo, sino que, efectivamente, se busque un cambio en la ley de presidencia y se pueda votar a Puigdemont en la cámara parlamentaria aunque él siga en Bruselas.

En ese círculo, el llamado club de Puigdemont, que mantiene el ascendente en el grupo parlamentario de Junts per Catalunya, destaca Eduard Pujol y Elsa Artadi, llamada a ser la candidata en el último segundo. Pujol representa la línea legitimista y considera que Puigdemont “debe ejercer de presidente y debe mandar”. Su argumento es que debe ser presidente porque “lo dijeron las urnas --aunque el catalán es un sistema parlamentario, o sea que no es de elección directa-- y porque no lo quiere el Estado”. Es decir, se desea porque así se tiene el Gobierno español en contra y se puede alimentar el victimismo y la sensación de que es todo el Estado el que trabaja contra Cataluña.

Los mensajes de Junqueras y Sànchez

Poner contra las cuerdas al Estado, y esperar a que reaccione, con la suspensión, tras los preceptivos recursos ante el Tribunal Constitucional, de cualquier iniciativa que busque la elección de Puigdemont. Esa es la elección de ese núcleo de dirigentes que mantienen la apuesta por el expresidente, aunque luego puedan quedarse con el mal menor de otro candidato, si es que no fuerzan unas nuevas elecciones.

En el otro lado está buena parte del PDeCAT, que pese a sus carencias, sigue manteniendo las estructuras de un partido con más de 600 alcaldes. Y, principalmente, está Esquerra Republicana, con los mensajes directos de Oriol Junqueras, desde la prisión de Estremera en los que pide casi como regalo personal que se forme ya un nuevo Govern y se fuerce, con ello, la retirada del 155 de la Constitución. Esquerra ha inyectado presión a las entidades soberanistas, para que vayan en la misma dirección. Con la ANC lo ha buscado directamente, aunque con un resultado desigual, porque su vicepresidente, Agustí Alcoberro, sigue reclamando que Puigdemont sea el presidente, pese a las advertencias del líder de la ANC, Jordi Sànchez, desde la prisión, que insta a gobernar de una vez.

La partida a TV3

La administración catalana sigue paralizada. El Gobierno del Estado ha vehiculado todo lo que está en su mano, al hacerse cargo de la Generalitat, pero no se toman decisiones de alcance. Los proyectos están parados, en todos los departamentos, y eso supone para el soberanismo un problema enorme: cargos, carreras profesionales, proyectos “de país”, están a la expectativa de que se nombre ya un presidente y un nuevo Ejecutivo.

En TV3, por ejemplo, se espera una partida extraordinaria para paliar el pago del IVA que le exige la Agencia Tributaria, y que pone en peligro la continuidad de diferentes programas en la parrilla de la televisión, que se consideran vitales, como Polònia.

Pactar algo

Y, una vez en la Generalitat, ese Govern ya decidirá cómo mantiene la hoja de ruta del independentismo, cómo la modula o cómo intenta negociar con el Gobierno español algún tipo de avance, por ejemplo respecto al modelo de financiación autonómica, que el ministro Cristóbal Montoro quiere impulsar.

El problema de fondo es el miedo a aparecer como el gran instigador de dejar a Puigdemont solo en Bruselas. El club de Puigdemont, que está en las listas gracias, precisamente, al expresidente, presentará batalla hasta el final, con diferentes argucias. Puede, si llega al límite, forzar elecciones, y es lo que pretende evitar a toda costa buena parte del independentismo, que, principalmente, necesita otra vez los resortes de supervivencia que da estar en el poder.

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