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El 'expresident' prófugo Carles Puigdemont (i) junto a Quim Torra, su sucesor / EFE

El independentismo deja solo a Puigdemont

Su propuesta de ser el número dos de Junqueras en las europeas concita el rechazo del PDeCAT, de ERC y de la CUP, y muestra la “improvisación constante” del expresidente

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Todos a una. El independentismo rechaza la propuesta de Carles Puigdemont de elaborar una candidatura unitaria a las elecciones europeas. Ese tiempo ya ha pasado. Todas las fuerzas políticas quieren abrir una ventana nueva, asumir errores y replantear estrategias. Pero Puigdemont, como hizo en su día Artur Mas, quiere arrastrar al resto, desde Waterloo, con el calor únicamente de sus fieles, y de algo que no acaba de surgir con la fuerza esperada, como es la Crida Nacional per la República. Tanto el PDeCAT, como ERC y la CUP dejaron a un lado la idea de que Puigdemont pudiera ser el número dos de Oriol Junqueras, y con la cupaire Anna Gabriel de número tres en las elecciones europeas.

Los estilos y los pronunciamientos públicos de cada una de esas fuerzas políticas son distintas. Nadie quiere romper con Puigdemont de forma abierta, pero tampoco ningún partido se ofrece a secundar su oferta. La CUP, que no ha decidido todavía si se presentará a las elecciones, no quiere saber nada de listas unitarias. Su decisión es clara. En el Parlament ha adoptado una posición de ruptura con el gobierno de Quim Torra, y su distanciamiento con Esquerra es más evidente, al entender que los republicanos “quieren recuperar el autonomismo”.

El factor PNV

El PDeCAT busca cómo zafarse del intento de Puigdemont de diluir el partido en la Crida, y las diferencias son cada vez más notorias. Las protagoniza el presidente de los exconvergentes, David Bonvehí, que insiste en que el partido “no desaparecerá”. Habrá candidaturas conjuntas con la Crida en ciudades como Barcelona, pero se desea ir a las europeas con una candidatura propia, junto al PNV, con la idea de recuperar un cierto perfil ideológico. Los nacionalistas vascos, además, han expresado su preferencia por el PDeCAT, y se alejan de un acento rupturista y sin ideología que caracteriza a la Crida.

En el caso de los republicanos el alejamiento es notorio. Esquerra se adelantó a la idea de Puigdemont, que se conocía, con dos designaciones rápidas: Ernest Maragall, como candidato a la alcaldía de Barcelona, y Oriol Junqueras, como candidato a las europeas. Con ello, se truncaba el proyecto de las listas unitarias del independentismo.

Una imagen de Carles Puigdemont valorando las penas pedidas por la Fiscalía para los presos independentistas / TWITTER

Carles Puigdemont, en Waterloo

Una ocurrencia

Lo que pretende Esquerra es aprovechar las elecciones europeas para ganar las elecciones en Cataluña, como ya ocurrió, por primera vez, en 2015. Además, con el cartel de Junqueras se pretende obtener votos de toda España, por parte de los electores que consideren que el líder de ERC permanece de forma injusta en la cárcel.

El partido que lidera Junqueras, desde Lledoners, calificó de “ocurrencia” la apuesta de Puigdemont, que no sabe cómo mantener el liderazgo.

Imagen de un cartel con la imagen de Oriol Junqueras, preso independentista acusado de rebelión / EFE

Una imagen de Oriol Junqueras

Sede de la Crida

Lo que ocurre, sin embargo, es que una buena parte del mundo exconvergente sigue confiando en Puigdemont. El expresidente lo sabe, y mantendrá la tensión con su propio partido hasta alcanzar o bien un acuerdo o bien una ruptura.

Prueba de que desea ir a por todas, es que ya ha abierto una sede del movimiento-partido, cerca de la delegación del Gobierno español en Barcelona. La Crida tiene 52.000 adheridos, y ya se ha registrado con ese nombre para ser un partido político, si, finalmente, ese es el camino escogido.

El poder de "la gente"

Los llamados gurús mediáticos del independentismo apoyan a Puigdemont, y son influyentes. Tanto Pilar Rahola, como Agustí Colomines, han expresado que secundan esas listas unitarias, y que los partidos se equivocarán si creen que pueden rehacer la situación en solitario.

Esas figuras condicionan, de hecho, las decisiones que toman las cúpulas de los partidos, al instaurar una especie de conexión directa entre los dirigentes, como Puigdemont, y “la gente”, como señala Colomines. Esa “gente” es transversal, no tiene una ideología clara, y no desea que los partidos políticos tengan un papel tan decisivo como hasta ahora. Es decir, la corriente ‘populista’ de la Crida se alienta desde los medios de comunicación, lo que desespera a Esquerra y al PDeCAT, mientras la CUP se lo mira desde su propia trinchera.

“Lo que ocurre es que la improvisación es continua”, señalan fuentes de esos mismos partidos, que no saben cómo manejar la situación, al menos hasta que se inicie el juicio a los políticos presos a partir del mes de enero del próximo año.