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El presidente de la Generalitat, Quim Torra (d), junto a su vicepresidente, Pere Aragonès (i), en el Parlament / EFE

La estrategia de Puigdemont: poner el foco en el Parlament para tapar el fracaso del Govern

JxCat endosa a Torrent el desgaste de la pérdida de mayoría parlamentaria para ocultar que no hay hoja de ruta para implementar la república catalana, como denuncian la CUP y la ANC

10.10.2018 00:00 h.
7 min

A juzgar por las reacciones posteriores a las votaciones del Debate de Política General (DPG), se diría que Junts per Catalunya y ERC han asistido a plenos diferentes. Mientras los neoconvergentes invocan una “victoria moral” por haber desobedecido al juez Pablo Llarena, ERC considera una "derrota" que el independentismo, por primera vez desde que comenzó el procés allá por 2012, haya perdido la mayoría parlamentaria.

Una dualidad que simboliza la “separación de poderes” entre ambos socios. Los republicanos resisten en la Cámara legislativa, presidida por Roger Torrent, a pesar de los intentos de los convergentes de arrastrarle a la desobediencia y, de paso, inhabilitarle electoralmente, pues se trata el dirigente de ERC mejor posicionado. Por eso hizo valer el informe de los letrados, que subrayaba de forma contundente la ilegalidad que supone que los diputados suspendidos no designen sustituto.

Por su parte, JxCat quiere hacerse fuerte en el Ejecutivo catalán, que según la portavoz del PSC, Eva Granados, “hace aguas”. Y para ello necesita desviar la atención hacia la Cámara catalana, donde se enrocó en su desafío a Llarena. “Mientras se hable de las disputas entre JxCat y ERC en el Parlament, no se habla de la acción del Govern y del fracaso de la implementación de la república catalana”, explicaba ayer un dirigente soberanista.

Geometría variable

Dos escenarios diferentes, Parlament y Govern, que, no obstante, están condenados a confluir próximamente en una cuestión tan importante como es la aprobación de los Presupuestos de la Generalitat, que debe elaborar la Consejería de Economía dirigida por el republicano Pere Aragonès y que, hoy por hoy, no cuenta con la mayoría parlamentaria suficiente.

ERC lo sabe y apela a la geometría variable pues, según el presidente del grupo parlamentario, Sergi Sabrià, “a este país no le convienen elecciones ni tanta retórica”. El presidente Quim Torra y el vicepresidente Pere Aragonès se conjuraron el pasado viernes a mantener la alianza hasta la celebración del juicio por el referéndum del 1-O. Y ayer, mientras los dos partidos volvían a enfrentarse en la Mesa del Parlament, la consejera de Presidencia y portavoz del Govern, Elsa Artadi, aseguraba que la estabilidad del Ejecutivo catalán no estaba en juego.

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El presidente de la Generalitat, Quim Torra (c), acompañado por el vicepresidente Pere Aragonés y la 'consellera Elsa Artadi' (i), recibe en el Palau de la Generalitat al expresidente Artur Mas, la exvicepresidenta Joana Ortega (d) y los 'exconsellers' Francesc Homs e Irene Rigau / EFE

Un diputado republicano resumía así la situación: "Hasta la sentencia creo que tendremos que sufrir este matrimonio al que nos obliga la caótica situación entre PDeCAT y Junts per Catalunya". En efecto, tanto ERC como PDeCAT se desmarcaron del ultimátum lanzado por Torra contra el presidente Pedro Sánchez para congraciarse con la CUP, la Assemblea Nacional Catalana (ANC) y los comités de defensa de la república (CDR), que habían pedido su dimisión por reprimir el independentismo irredento en la calle. El presidente puso como límite el mes de noviembre para plantear un referéndum de autodeterminación. Fue el ultimátum más breve de la política catalana. Después vendría la carta a Sánchez, propuestas de resolución parlamentarias sin fechas ni amenazas y nuevas advertencias tras el portazo de Moncloa.

La amenaza del adelanto electoral

Sin embargo, desde que comenzó este convulso DPG, republicanos y convergentes han jugado a la amenaza de un adelanto electoral de dudosa conveniencia, no obstante, para ambos socios.

Pero lo cierto es que las extravagancias políticas del partido liderado por Puigdemont desde Waterloo ha provocado que, por primera vez desde que comenzó el procés, los independentistas hayan perdido su mayoría parlamentaria. El resultado ha sido la derrota en una decena de propuestas de resolución y votaciones contradictorias. La más sonora ha sido la que hacía referencia a la abolición de la monarquía y la reprobación del Rey, apoyada por JxCat, ERC y la CUP, pero que no ha sido aprobada.

Los comunes no han acudido en este caso al rescate de los independentistas. Sí lo han hecho en una iniciativa favorable a la vía del diálogo para lograr un referéndum pactado con el Gobierno español. Catalunya en Comú, a través de la diputada Elisenda Alamany, se había mostrado muy críticos con JxCat por haber incumplido el acuerdo del pasado día 2, en el que aceptaba que los cuatro diputados convergentes suspendidos designaran a un sustituto. Los comunes habían apoyado esa medida, sugerida por el propio Llarena, de ahí la indignación de Alamany --alineada con posiciones independentistas--.

Por el contrario, no ha prosperado la propuesta de la CUP, apoyada por los socios de gobierno, para restituir las leyes de ruptura --del referéndum y de transitoriedad jurídica a la república catalana--. Y mientras en algunas propuestas se hablaba de presos políticos, en otras se obviaba esa denominación.