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Jordi Sànchez, el gran visir Iznogud

Ramón de España
5 min

Entre cese y cese y berrinche y berrinche, Pilar Rahola ha decretado que la reciente actitud (aparentemente) dialogante de Oriol Junqueras le va a conducir a la irrelevancia, pero yo creo que quien realmente camina hacia esa molesta situación es el fugitivo de Waterloo (y de rebote, la propia Pilar). Mientras todo el mundo comenta las jesuíticas llamadas a la concordia del beato Junqueras, nadie se fija en cómo Jordi Sànchez le va haciendo la cama a su jefe de filas, con la obvia intención --por lo menos, para quien esto firma-- de sustituirle en el imaginario independentista. Sànchez tiene ganas de figurar, Puchi está muy lejos y el (teórico) regreso de Junqueras a la realidad le va de perlas para interpretar el papel del indepe como Dios manda. No sé cómo se lo montará, cuando lo suelten y lo inhabiliten, para seguir cortando el bacalao, pero algo me dice que encontrará alguna manera de hacerlo. Estamos ante un tipo espabilado, criado a los pechos de Rafael Ribó como su segundo de a bordo en la supuesta tarea de defender al pueblo (aunque en realidad se trataba de darle siempre la razón al régimen), que finge una lealtad absoluta al hombre del maletero, pero, en realidad, solo está esperando la oportunidad definitiva para quitárselo de encima. En ese sentido, que el hijo del pastelero no pueda poner los pies en España sin que lo detengan le va de perlas.

Aunque aparente ser un líder (o un agitador) social, el señor Sànchez es todo un político. Apuntaba maneras en la Crida y cuando escribía artículos para El País en los años 90, se graduó en la excelente Academia Ribó para el Medro Garantizado, llegó a mandamás de la ANC y hasta se las ha apañado para colocar de vicepresidente económico en el nuevo gobiernillo al señor Giró, que trabajó en la Caixa y que le estuvo pasando un sueldo unos años, a través de un confuso acuerdo de la entidad bancaria con la universidad Pompeu Fabra, mientras el hombre preparaba su contribución al ridículo motín de octubre de 2017. Suelto e inhabilitado, Sànchez es muy capaz de seguir actuando entre bambalinas: si desde el talego ha logrado colocar a su benefactor de la Caixa en el gobiernillo, ¿qué no será capaz de hacer cuando pueda moverse libremente por el territorio catalán?

Mientras tanto, en Flandes, la relación entre Puchi y la realidad es cada día más oblicua. Como el califa Harún el Pussah, de los tebeos de Goscinny y Tabary, es muy dueño de creer que su particular visir Iznogud le es fiel y dedica lo mejor de su tiempo a preparar su regreso triunfal a la patria, pero yo no tengo esa impresión: más bien me parece que Sànchez ha dado a Puchi por amortizado y no tiene ninguna prisa en que su situación legal mejore. Tener al (supuesto) líder a una prudente distancia es tan conveniente como cuando Pete Townsend, líder de los Who, veneraba a un gurú que estaba muerto y no podía pegarle la bronca por su vida disoluta y su consumo desaforado de alcohol y drogas.

Puigdemont, ese referente…Un referente que se está muriendo de asco y aburrimiento en Waterloo mientras su astuto secuaz se le va comiendo los mejillones sin que se note en exceso. Desaparecida la competencia en el campo del independentismo delirante que representaba el beato Junqueras, Jordi Sànchez --hombre práctico que no está para martirologios a lo Cuixart-- tiene por delante un futuro glorioso que no le van a jorobar ni el hombre del maletero ni su cheerleader en jefe, a los que veo caminando de la manita, sin prisa, pero sin pausa, hacia la genuina irrelevancia.

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

 

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