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Imagen de una habitación de alquiler en Barcelona con un anuncio de sexo a cambio de habitación / CG

El sexo a cambio de habitación se dispara en Barcelona

La crisis de los alquileres fuerza a vecinas a ofrecer su cuerpo por un techo y a propietarios a pedir "relaciones" a gente que busca piso

6 min

Juan vive en Vilanova i la Geltrú (Barcelona). Este vecino ofrece una habitación gratis en su piso de esta localidad costera. Pero pone condiciones: debe ser una chica de entre 22 y 38 años y a cambio de compañía. ¿Qué tipo de compañía? "Sin sexo, solo conversación [...], pues estoy solo y soy divorciado. A lo mejor pido alguna masturbación con tus manos de vez en cuando". Jessy, mujer transexual de Barcelona, está en el otro lado. Cambia "habitación por sexo" pues "no tiene dónde vivir". Se describe como "amiga y muy tranquila" para los arrendadores.

Sexo a cambio de habitación en Barcelona / CG

Juan y Jessy son dos de los ejemplos de un nuevo fenómeno que ha surgido en Barcelona. El cambiar una habitación por relaciones íntimas con el propietario o propietaria. Hay hombres y mujeres a ambos lados de la ecuación: los que piden un techo y los que lo ofrecen a cambio de compañía. Todos tienen algo en común: la crisis de los alquileres de Barcelona ha creado un espacio de oferta o demanda para su anuncio. "Se trata de algo nuevo, muy desesperado. Un nuevo formato que no habíamos visto y que se explica por la desesperación de las capas más bajas y de la clase media para llegar a fin de mes", explican desde un intermediario de alquileres desde el anonimato.
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El anuncio de Juan / CG

"No paran de llamarme hombres"

Mariluz ha caído en las telarañas del sexo por habitación...sin quererlo. Esta barcelonesa de 60 años busca un hogar compartido. Colgó un anuncio en el portal de clasificados Milanuncios en el que ofrecía "compañía, limpieza y mantenimiento". Contactada por este medio, explica que lo hizo "con buena voluntad", pues ya ha vivido antes con una señora de 92 años de quien cuidaba y daba conversación y cariño a cambio de poder vivir en su casa. "Poner la palabra compañía fue mi error. Eres el enésimo que me llama pensando que ofrezco sexo para tener un techo. Y mira, no, resulta que tengo pareja. Debe ser la naturaleza o algo, pero el móvil no para de sonar", lamenta en conversación telefónica.

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El anuncio de Mariluz le ha generado un torrente de llamadas de hombres / CG

Juan sí tiene una intención más clara. "Mira, me sobra una habitación. Si tienes una amiga, antes tendría que concerla en persona. Verla físicamente. ¿Qué edad tiene, dices? Yo hablaría con ella, establecemos las reglas y puede vivir aquí. Por cuanto tiempo es ella y yo que lo pactaremos", aclara. Se muestra esquivo al hablar con un hombre, no quiere aportar datos. Prefiere hacerlo cara a cara con la candidata. También es claro y directo Manel, quien propone que "si tienes una habitación libre me la dejas y yo a cambio te daré todo el sexo que quieras". Aclara que es "catalán, delgado, bien dotado y ardiente" y que "no importa si eres una mujer madura".

"Es un posible delito"

¿Estas transacciones, son legales? Habla un abogado de un conocido bufete especializado en Derecho Penal de la capital catalana. "No hemos tenido casos de este tipo, clientes que acudan a nosotros denunciando que les piden sexo a cambio de un alquiler. Nos consta de que hay acuerdos entre privados para compartir piso que incluyen la realización de las tareas domésticas o el cuidado del jardín, y en este último caso la ley no tendría nada que decir", argumentan. ¿Y el pedir relaciones a cambio de una habitación? "Habría que estudiar caso por caso y consultar la jurisprudencia. Así, de primeras, podría suponer un delito contra la integridad de las personas (173.1 del Código Penal), ya que la inducción a la prostitución (187 CP) no encaja exactamente con esta casuística", alertan.

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Jessy cambia habitación por sexo porque "no tiene donde ir" / CG

"No es lo mismo arreglar el jardín a cambio de dormir en una mansión --continúa el letrado-- que pedir sexo. El primero es un intercambio lícito, pero las relaciones personales se pueden considerar un trato denigrante. Quizá no violencia de género, pero sí un menoscabo a la integridad de la persona". El escrutinio legal no ha llegado aún a los tres protagonistas de esta historia.

Juan, divorciado de Vilanova que cambia un dormitorio por compañía, exige por Whatsapp contactar con la chica antes de cerrar el trato. Jessy sigue ofreciendo relaciones íntimas completas para un cuarto en la ciudad condal, pues sigue sin tener donde ir. Y Mariluz no se resigna. "No creo que todos los hombres sean así. He compartido con algunos que entendían perfectamente los límites. Pero los hay que no y se aprovechan, desde luego", apostilla.