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Ricardo Mateo López, el que fuera líder de los Casuals, en el juicio en la Audiencia Provincial / CG

Ricardo Mateo, el líder de los Casuals, la banda criminal más temida de Cataluña

El vecino de Barcelona pasó de pequeño empresario y 'hooligan' del FC Barcelona a 'pater familias' de una estructura que tensionó a policía y judicatura

Sara Cid / Ignasi Jorro
16 min

Trece años atrás, Cataluña era de Ricardo Mateo López. O, al menos, la noche catalana. El vecino de L'Hospitalet de Llobregat (Barcelona), alias Lucho o Canas, pasó de pequeño empresario --era propietario de la extinta tienda de ropa Nord Mark--, hooligan del FC Barcelona con ideología nazi, a auténtico pater familias de una estructura mafiosa que temían ciudadanos, el ocio nocturno regional al completo, y que llevaba de cráneo a los Mossos d'Esquadra, policía que finalmente consiguió acabar con los Casuals que capitaneaba Mateo con mano de hierro. 

¿Pero qué dice lo probado judicialmente? La sentencia que condenó a los Casuals en 2013 constata el "indiscutible liderazgo" de Ricardo Mateo sobre esta banda delincuencial. Los jueces subrayan que los integrantes del grupo radical se agruparon "de forma estable bajo una estricta jerarquía" en torno al condenado, que "decidía por ellos qué encargos criminales se aceptaban y cómo debían de llevarse a cabo, proponiendo y dirigiendo la actividad ilícita propia de la banda". 

Pirámide

Otras fuentes del sector de la seguridad y la judicatura corroboran lo apuntado por la sentencia, pero van mucho más allá. Hablan de Mateo como "aglutinador", citan una "posición preeminente" en la fracción delictiva, solo apoyada por Lorenzo Pérez Bujalance --Jou y Tarzán-- y Antonio Torn Albarracín, alias Antoñito. "Los dos últimos tuvieron mucha entidad, pero no tanta como Mateo", explican estas voces.

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La pirámide de los Casuals y los minicasuals: así se organizaron / CG

De esta cúpula, o terna, pendían dos niveles. El primero y más inmediato son los propios Casuals, hombres curtidos en delitos de diversa índole y capaces de ejecutar las acciones que les indicaba Mateo. El segundo nivel eran los minicasuals, una suerte de soldados de a pie, jóvenes y que acometían las labores menos agraciadas. Eran los zapadores de los Casuals, o los que se ensuciaban las manos con las tareas de más exposición, como la extorsión a clubes de la noche de finales de la década de los 2000 como Razzmatazz, Pachá, Opium, La Madame --donde fue amenazado el personal de seguridad de Matinée Group-- o Discotèque.

"Los minicasuals eran proxies de los Casuals para que éstos no fueran detenidos". Había otra capa. "Otros paraban con ellos por estatus, o subcontratados como consultores del crimen. Fíjate en Valentín Moreno, el asesino de la Vila Olímpica --tiroteado en 2021 en Sant Adrià--. No era Casuals, pero sí fue Bada Bing --su equipo de fútbol--, y músculo de alquiler para ellos", relatan voces conocedoras. "Enriquito y Efrén son de La Mina, como Valentín Moreno. Con eso ya te estoy diciendo el vínculo que tenían con él. Además, jugaban en el Bada Bing y salían juntos de noche. Cuando tenían que hacer vuelcos y montar equipos de asalto, llamaban a los más echaos palante, a los más fuertes", confirman las mismas fuentes. 

"Fue la primera estructura informal"

Otros interlocutores del sector de la seguridad matizan la descripción policial y judicial que se hizo de Casuals en su momento. Apuntan a que la banda criminal fue "el primer grupo criminal informal de la historia moderna de Cataluña". Sostienen, pues, que los más radicales del FC Barcelona se alejaron del modelo tradicional de mafia organizada vertical y piramidal para contar con un núcleo duro --Ricardo Mateo y los Casuals-- y un entorno semivolátil. Entraban y salían individuos, como Moreno o Hugo y Marcos Fernández Soto, y la ligazón era más débil. Casuals sería la primera mafia posmoderna en España. 

Ello, claro, entrañaba dificultades. "Una organización vertical la puedes desmantelar, pero una horizontal es más complicado, pues conectar a los miembros es más difícil". Desde el punto de vista de la policía y la judicatura, claro. De hecho, algunos tipos penales atribuidos a los Casuals jamás se pudieron probar. ¿Cuáles? Las pintadas amenazantes contra el presidente del Barça, Joan Laporta, en 2003. "No se encontró al autor". Tampoco la capacidad que tuvieron para corromper a un agente de la Guardia Urbana de Barcelona, que le devolvió un vehículo a Antoñito mientras se encontraba en depósito judicial. O los delitos contra la salud pública, el narcotráfico al por mayor. Fue por algo. "Las garantías procesales, base de nuestro ordenamiento jurídico, impidieron condenar por todo lo que se sospechaba a sus miembros". Otras voces discrepan y recuerdan que la última gran sentencia contra el grupo, emitida en 2013, "recoge ampliamente lo que se exponía en el escrito de acusación de fiscalía". 

Un organigrama... y una franquicia

Los Casuals tenían una configuración ligeramente vertical y necesaria para organizar las extorsiones y otros actos criminales. Esta estructura habría generado una suerte de organigrama operativo que obraba en poder de las fuerzas y cuerpos de seguridad. Existía un mapa discreto de Casuals, sí, que decía quién era quién en la banda. El esquema ayudó necesariamente a los policías para que armaran un caso judicial que acabó en condena, ratificada y ampliada por el Tribunal Supremo. 

Había más. Fueron tan temidos en la Cataluña nocturna que se creó una franquicia. "No descarten que otros grupos criminales utilizaran el nombre para ejecutar acciones delictivas bajo este paraguas. Porque ello les ofrecía protección y garantías", explican desde el sector de la seguridad. En otras palabras, Casuals pasó de grupo hooligan del FC Barcelona, a criminal, y de aquí a convertirse en una etiqueta de calidad, una suerte de certificación ISO para llevar a cabo acciones criminales con seguridad y sin miedo a vuelcos o robos de droga entre traficantes. Lo que llevaba el nombre de Casuals se respetaba, estuvieran ellos o no.

¿Cómo demostrar que eran un grupo?

En efecto, desde la judicatura se recuerda que se trató a Casuals como a un grupo organizado "porque ellos así lo querían". La policía lo tenía claro, y practicó sus diligencias como si Casuals fuera una estructura perfectamente organizada, algo que fiscalía asumió en su hipótesis acusatoria. "Su nombre era conocido, ellos se enorgullecían y querían que su nombre fuera conocido, y con ello era evidente que si el nombre era famoso, otros les copiarían", indican voces conocedoras del procedimiento. 

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El Grupo Especial d'Intervenció de Mossos d'Esquadra / EP

Y la banda tenía un objetivo. "El lucro. No hay grupo criminal que no actúe para el interés económico". La fiscalía logró calificarlo así, aunque con dificultades. "En 2010 no estaba tipificada la conducta de grupo criminal". ¿Cómo se hizo? "Asociación ilícita, aunque era un tipo con muchos problemas, pues es un tipo penal vinculado a los delitos contra la Constitución". Jurisprudencialmente había muchos obstáculos, la asociación ilícita "no era un tipo de crimen organizado", sino de abuso de los derechos constitucionales, y más concretamente el derecho a libre asociación. Pero se logró, tal y como recoge la sentencia de la Audiencia Provincial. "Los hechos por sí mismos, las peleas, las extorsiones, las agresiones... no tenían sentido. Había un todo que daba sentido a esa actividad: una asociación ilícita que los jueces vieron probada". 

"Antoñito era bueno con el dinero de la droga"

Así, la estructura Casuals tenía core económico. Desde la judicatura se sospecha que los de Ricardo Mateo ingresaban dinero de diversos lados, y hasta cobraban una comisión o fee por las transacciones de droga de terceras partes que se bendecían con la etiqueta Casuals aunque no hubiera asistido ninguno de ellos. "A veces sí iban para garantizar la paz del intercambio", indican las múltiples voces consultadas. 

El negocio del nombre, no obstante, no era lo que ocupaba y preocupaba a la fuerza pública. "Entendemos que el fin último de Casuals era el control de la droga, en 2003, y la extorsión de la noche catalana, en 2009". Para ello se reposaban en el número dos, Antoñito, a quien la policía atribuye el lavado de dinero del tráfico de estupefacientes, aunque jamás se pudo probar judicialmente. "Era muy bueno con la droga. Al entrar en su casa en el primer registro, los agentes localizaron 160.000 euros en sobres guardados en una habitación de los críos en su casa. Los sobres llevaban los nombres de cada uno de los miembros. En 2009, otros 120.000 euros". Pese a que Antoñito podía haber sido el director financiero de los Casuals, "jamás se consiguió carga de prueba para atribuírselo". 

Ricardo Mateo: "Esto es la calle, no es un 'ring'"

Si Antoñito fue, según la policía, el chief financial officer de los Casuals, repartiendo alícuotamente el dinero de las cargas de droga y extorsión, Ricardo Mateo era el CEO de la banda criminal. Planificaba, mandaba, castigaba y hasta ejecutaba. Pero lo hacía a su manera. En un episodio de apuñalamiento en un establecimiento de Bocatta de Gavà (Barcelona), la víctima, un fornido luchador de artes marciales, H.M., a quien buscaban por haber agredido a los minicasuals en un bar de Barcelona, le retó a una pelea. Mateo rehusó, recordándole al señalado que "aquello era la calle, no un ring". Dicho lo cual alguien marcó la cara con una navaja al agredido. Mensaje enviado.

Mateo era pues el pater familias de la que fue una de las mafias violentas de Cataluña. Cuyo nombre devino franquicia hasta hoy, cuando aún se teme en los ambientes de la noche de Barcelona. Pocos hablan de ello, menos aún sus víctimas: narcotraficantes y propietarios de discotecas. Para los Casuals, no obstante, su grupo era una familia. Una estirpe dirigida por Mateo que, para los que dudan, continúa viva a día de hoy, aunque aletargada. Lo dice una sentencia del Juzgado de Vigilancia Penitencia de la Audiencia Provincial de Barcelona de septiembre de 2021. "Pertenece a la banda de los Casuals y manifiesta que no tiene intención de dejarla porque para él son como su familia. Dicha banda le envía regularmente dinero", concluye la sala sobre un reo. 

"No era nazismo: era delincuencia"

Esa familia criminal transitó pues de ultras del FC Barcelona a pseudomafia a plena luz del día en la Cataluña preprocés. Desde la seguridad y la judicatura se deja claro que, por el camino, los Casuals perdieron parte de su ideología y se dedicaron a ganar dinero de forma ilícita. Así, si en un principio las agresiones se centraban en, por ejemplo, la expulsión de Antoñito del Camp Nou, la actividad pasó al perímetro del tráfico de drogas --lo que se pudo probar en el primer procedimiento-- y la extorsión --el segundo--. "Sí que les encontraron cruces celtas y algo más de parafernalia ultra, pero poco. Lo nuclear era lo delictivo", indican fuentes conocedoras de las operaciones policiales. 

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Marcha de los Boixos Nois junto al Camp Nou: de aquí nacieron los Casuals / CG

Lo prueba también el cambio de fiscal. Si en un inicio colaboró en la acusación Miguel Ángel Aguilar, fiscal de Delitos de Odio de Barcelona, por el camino se entregó el caso a la abogada contra el crimen organizado Ana Gil y Gerardo Cavero, que es el fiscal delegado en Cataluña de la Fiscalía Antidroga. Ricardo Mateo, pues, era más un emprendedor de la delincuencia catalana que un neonazi dispuesto a librar batalla ideológica.