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Greta Thunberg en una imagen de archivo

La activista Greta Thunberg: ¿otro caso Hildegart?

La niña sueca ha llevado al extremo muchas de sus protestas y algunos especialistas empiezan a cuestionarse el rol de los padres y adultos a la hora de abordar el fenómeno

31.05.2019 00:00 h.
10 min

Greta Thunberg es la joven activista sueca que ha sensibilizado a Europa sobre la imperiosa necesidad de luchar contra el cambio climático. Su compromiso político la ha llevado a ser, con tan solo 16 años, portada en la revista Time y a hablar ante los líderes políticos en el Parlamento Europeo sobre este reto medioambiental que la humanidad tiene por delante. 

Greta Thunberg en la portada de 'Time'

Greta Thunberg, considerada una de las 100 personas más influyentes del mundo por 'Time'

Su noble causa, sin embargo, ha eclipsado que se aborden otras cuestiones como la conveniencia o no de la exposición pública de menores en nombre de un fin superior. Y los límites de esta exhibición. 

Dos meses en huelga de hambre

La prestigiosa psicóloga Paulina Neuding ha sido una de las primeras voces en advertir sobre los peligros del activismo político realizado por menores y la incapacidad de los padres de guiar esta inquietud de sus hijos sin que caigan en excesos. Cabe recordar que en una ocasión, con tan solo 11 años, Greta Thunberg dejó voluntariamente de comer durante dos meses como forma de protesta contra la inacción del Gobierno respecto el calentamiento global, y también hizo un voto de silencio que solo rompía para hablar con sus padres y su hermana pequeña, pero no con el resto de su entorno, compañeros de clase o adultos. 

En nombre de su causa dejó incluso de asistir a clase sin que las autoridades académicas ni estatales se atrevieran a cuestionar su modo de protesta. Todo lo contrario, a menudo se pone a la niña como modelo a seguir por su concienciación ambiental. El Papa Francisco se reunió con ella y le animó “a seguir haciendo lo que hacía” y ha sido nominada al Premio Nobel de la Paz.

Una madre artista

La notoriedad que ha experimentado su familia con el fenómeno Greta no les es del todo desconocida. La madre de la célebre niña es la cantante sueca Malena Ernman, que en 2009 representó a Suecia en el festival de Eurovisión

Malena Ernman en Eurovisión

Malena Ernman, madre de Greta Thunberg, en Eurovisión

Fue precisamente su progenitora quien ofreció las primeras aproximaciones de la personalidad de Thunberg en su libro Scenes from the heart (Escenas desde el corazón) que publicó en 2018. Ernman retrata un ambiente familiar tocado por un “sufrimiento mental” y que afecta también a la hermana menor de Greta, Beata Thunberg. También afirmó que Greta era capaz de ver el dióxido de carbono en el aire a simple vista, algo científicamente imposible.

Una familia con desordenes psicológicos

Su hermana Beata, que tenía 12 años cuando su madre escribió el libro, vive con trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH), síndrome de Asperger y trastorno obsesivo compulsivo (TOC). Según relata en el libro, es propensa a los arrebatos repentinos de ira, durante los cuales grita obscenidades a su madre. 

Su trastorno le lleva a caminar con el pie izquierdo por delante cuando asiste a clase de baile. “Lo que normalmente sería una caminata de 10 minutos a clase de baile toma casi una hora porque Beata insiste en caminar con el pie izquierdo delante, se niega a pisar ciertas partes de la acera y exige que su madre camine de la misma manera”, relata Neuding en Quillette. Por su parte, Greta ha sido diagnosticada también con el síndrome de Asperger, y además sufre ataques de ansiedad, desordenes alimenticios y depresión

Autolesionarse

Según la psicóloga, los padres de Greta lucharon como harían otros padres para evitar que su hija se desnutriera durante su huelga de hambre y le dieron la mejor cobertura médica. No obstante, creen que la única solución “es cambiar el sistema”, al considerar que los problemas de su hija son “inextricables” de la crisis climática. 

Greta ha vuelto a comer, pero solo se permite ciertos alimentos. Su madre tiene que preparar la misma comida todos los días: panqueques rellenos de arroz. La niña activista solo los come si no hay una etiqueta con su nombre en el recipiente: las etiquetas, los papeles y los periódicos desencadenan su TOC contra la comida. En estos periodos que no come, no habla o hace protestas como no ir a escuela su organismo se ha visto afectado por ello. Neuding señala que es una forma de "autolestionarse" en nombre de un bien mayor y en un contexto que pretende llamar la atención de los adultos

El ‘caso Hidelgart’

El caso de Greta Thunberg, con una familia que ve en el “sistema” la raíz de los desordenes mentales de su hija, guarda algunos paralelismos con el célebre caso Hildegart, llevado al cine por Fernando Fernán Gómez en la película Mi hija Hildegart. 

El filme retrata la historia real de Aurora Rodríguez y su hija Hildegart Rodríguez, que tuvo lugar en el Madrid de 1933. La madre es una feminista convencida que había decidido engendrar a la mujer perfecta y liberada del patriarcado. La niña es educada desde muy joven por su progenitora hasta convertirse en una celebridad en los ambientes intelectuales y revolucionarios de Madrid. Al cumplir los 18 años, la madre ve cómo la hija se escapa de su control y se enamora de un hombre, algo que Aurora, madre soltera por voluntad, no puede comprender y decide asesinarla.

Las diferencias son evidentes y no hay ningún rasgo de maltrato infantil conocido por parte de los padres en el caso de Thunberg. Pero no son pocos los que han subrayado también las similitudes entre las dos niñas, que a su pronta edad ya hacían conferencias en público. La madre de Thunberg, además, también muestra su elevado grado de politización y en su libro postula que la “opresión de las mujeres” proviene de un “sistema insostenible”.

Creencias obsesivas

La psicóloga especialista en infancia, Margarita García, explica a instancias de este medio que no es fácil “distinguir cuando es del padre o del niño la inquietud que muestra el menor”. Asegura que a tempranas edades ya se observa “a menores con creencias muy fuertes que los padres no pueden serenar”. 

“Hay menores de edad que lo tienen tan claro. Y que sean menores de edad no significa ni que sean tontos ni que sepan lo que ocurre”, abunda. Algo en lo que también coincide Neuding, cuando matiza que con sus advertencias no está diciendo que “Greta sea demasiado joven para entender las consecuencias de sus actos”, sino el rol acrítico que se ejerce desde el mundo adulto sobre ella. 

De acuerdo con García, los padres deben “suavizar” las creencias de sus hijos, pero advierte de que no es sencillo. Ante la posibilidad de que sean instrumentalizados por sus progenitores afirma que “la crisis les llega cuando son adultos”, y ven que lo que han hecho no respondía con sus deseos. 

Más allá del origen que pueda haber en la inquietud de esta niña sueca que ha conmovido a Europa, el debate es si los adultos y la opinión pública está tratando este nuevo fenómeno de forma adecuada.