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Pedro Sánchez (i) saluda a Pere Aragonès (d) en la cumbre de Pedralbes, ante la mirada de Quim Torra / CG

El Gobierno, atento a la dimisión de Torra para activar el diálogo con ERC tras el 10N

El ‘president’ deja de ser un interlocutor válido, tanto para Moncloa como para un sector económico que ya mueve ficha, mientras los republicanos prevén soltar lastre a medio plazo

21.10.2019 00:00 h.
6 min

Lejos de ser una anécdota, la negativa de Pedro Sánchez a hablar por teléfono con Quim Torra demuestra muchas cosas. La principal, que el presidente de catalán ya no es un interlocutor válido para el Gobierno español. Pero es que tampoco lo es para un sector empresarial que ya mueve ficha.

Y lo hace, como se pudo ver el sábado, junto al presidente del Parlament, Roger Torrent (ERC) y la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, que tampoco quiere hacerse la foto con Torra. En medios soberanistas, donde se admite el rotundo fracaso de la respuesta unitaria a la sentencia del Tribunal Supremo sobre el 1-, se da por hecho que el mandato de Torra ya no da más de sí. Y también que ERC le dejará caer, aunque desde el partido republicano se calcula que la crisis de Govern, la definitiva, “tendrá lugar a medio plazo”, no de forma inmediata. 

La alcaldesa Ada Colau con el presidente del Parlament, Roger Torrent, en una imagen reciente
La alcaldesa Ada Colau con el presidente del Parlament, Roger Torrent, en una imagen reciente

Ante un horizonte de elecciones generales del 10N, los republicanos se muestran prudentes y creen que, debido a la presión política, social y económica –e incluso de su propio partido--, Torra caerá por sí solo. Pero es que, además, esa crisis de Govern forzaría un adelanto de las elecciones autonómicas. En cualquier caso, ERC descarta decisiones precipitadas.

Moncloa le da la vuelta a la estrategia de Torra

Moncloa está muy atenta a esta situación y le ha dado la vuelta a la estrategia de enfrentamiento de Torra, adlátere de Carles Puigdemont, quien pretendía poner contra las cuerdas al PSOE con una supuesta “represión policial”. A través del ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, el Gobierno en funciones ha utilizado esa táctica en su propio beneficio, proclamando que lo que ocurre en Cataluña es un problema estrictamente de orden público –no de desestabilización constitucional o de independentismo desatado, lo que también neutraliza el mensaje de Ciudadanos y PP--, por lo que exige a Torra que condene “sin matices, sin ambigüedades”, esa violencia radical.

El ‘president’ no se atreve a hacerlo, pues no quiere ser vapuleado por la CUP, que hace extensiva la denuncia de la represión policial a los Mossos d’Esquadra, que coordinan el operativo, y por la Assemblea Nacional Catalana (ANC), quien se dio un baño de masas en pasado viernes con una propuesta de declaración unilateral de independencia (DUI). Torra guarda en la retina la imagen del republicano Gabriel Rufián abucheado al grito de botifler (traidor) por manifestarse en contra de las porras y las barricadas. Ese es el mensaje que suena bien a los Comuns, así como a los agentes sociales y empresariales hartos del bloqueo institucional -- Foment del TreballPimecCCOO y UGT piden poner fin a la escalada de violencia--.

Rufián se va tras ser abucheado por 'botifler' / CG

Tres portazos en las narices

Torra, incapaz de satisfacer a unos y a otros, lleva tres portazos en las narices. El recibido la semana pasada en el Parlament, donde toda la oposición pidió su dimisión tras escuchar una propuesta de referéndum de autodeterminación para esta legislatura, que también rechaza ERC y PDeCAT. El de ayer, cuando volvió a llamar sin éxito a Sánchez para pedir una reunión. Y el del viernes, cuando Torrent y Colau lideraron una reunión de trabajo con representantes sociales y económicos. La rabieta de Puigdemont sobre esa "deslealtad" dice mucho de la debilidad del independentismo teledirigido desde Waterloo.

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Acto de Junts per Catalunya, liderado por Laura Borràs, tras las movilizaciones por la sentencia del 1-O / JXCAT

La alcaldesa, ambivalente durante el procés, se ha sumado al “boicot” a Torra, como lo denominan implícitamente los dirigentes de Junts per Cataluña, quejosos de que la pretendida unidad independentista contra el Estado haya estallado en mil pedazos. Colau no quiso acudir a la cita con el president, que había convocado a los alcaldes de las cuatro capitales catalanasporque era "precipitada", mientras que la de Torrent "estaba cargada de contenido". No hizo falta decir nada más.

La presión contra ERC se mantiene, de ahí el tacto del partido presidido por Oriol Junqueras. Igualmente prudente se muestra el PSOE, que primero tiene que ganar las elecciones y luego, confirmar que Pere Aragonès, vicepresidente del Govern, es el nuevo interlocutor. Antes del 10N no se pueden dar pasos más llamativos en ese sentido, pero la interlocución entre PSOE y ERC se mantiene.