Los vaivenes de Felipe, una mímesis de la empanada socialista

Xavier Salvador
5 min

Felipe González fue un político de nivel: seductor, resolutivo, transformador, polémico, que igual actuaba sobre la mesa como por debajo. Fue un líder con todas las palabras, guste más o menos su actual fase de político retirado.

Ninguna jubilación política ha sido del todo digna. Con los años, en la mayoría de grandes líderes acaba acentuándose un rasgo de indignidad intelectual. Parece un mal de muchos, tanto da que se llamen González, Pujol, Maragall o, incluso, Tarradellas.

Los años de dictadura son los causantes de que una generación de líderes políticos españoles no sepan jubilarse con corrección. Falta expertís, capacidad de adecuación y costumbre de silencio. La pérdida del poder parece llevar a quienes lo han ejercido durante tiempo a creer que sin ellos el mundo se aboca a la perdición. Y tanto da que sean de izquierdas o de derechas, incurren casi siempre en idéntica chochez. 

Felipe publicó hace poco una carta a los catalanes con la que muchos nos sentimos parcialmente reflejados. Aportaba la visión de un político a la usanza de los antiguos senadores griegos, cuando la edad y la experiencia acumulada eran un activo respetado y escuchado.

Aquel texto generó sarpullido en Cataluña. Era certero en la mayor parte de su análisis, pero osó realizar controvertidas comparaciones sobre la situación catalana actual y los movimientos fascistas de la primera mitad del siglo XX que supieron a cuerno quemado en esta tierra. El indudable sentido de la oportunidad temporal, sin embargo, se diluyó por quién era hoy el firmante del texto y por su desafortunada asimilación.

La marcha adelante y la marcha atrás posterior de Felipe acaba de quebrarle el escaso argumentario electoral a Iceta

Pocos días después, Felipe matizó su artículo (no hay nada peor que una marcha atrás en algo que ha sido escrito) en una entrevista en La Vanguardia y ayer mismo rectificó sus afirmaciones en esa conversación con Enric Juliana. González se ha equivocado y ha errado en su equívoco mensaje a los catalanes y su posterior enmienda a los españoles. Ha mentido un poco y ha acabado de fastidiarle el argumentario electoral a Miquel Iceta y a los socialistas catalanes, a partir de ahora más preocupados de defenderse de este incidente que de construir un discurso alternativo a la lista independentista de Mas y Junqueras. Flaco favor, por tanto, el realizado a la causa que quería defender de forma legítima como jubilado de oro de la política española.

González, no obstante, no es más que un reflejo de la ausencia de un discurso claro del socialismo en España sobre las cuestiones territoriales. Más allá de movimientos electorales de corto plazo, al PSOE y al PSC les ha faltado en los últimos tiempos claridad expositiva y limpieza argumental. No es de extrañar, en consecuencia (que diría Felipe), que las encuestas los sitúen en un lugar casi testimonial en los próximos comicios catalanes.

Nadie acaba de saber qué sugieren los socialistas catalanes para afrontar la actual situación de enquistamiento político en Cataluña. A pocos días de las elecciones catalanas, Iceta parece tan confundido como el propio Felipe en su ámbito de liderazgo. La inexistencia de referencias claras apareja como resultado el riesgo de un partido huérfano de electorado en unos momentos en los que la claridad es la principal divisa política.

El tacticismo mal entendido ha mutado en una especie de empanada mental que en su peor escenario de riesgo derivará en una situación de temporal marginalidad política mientras busca una centralidad imposible en el actual debate. Y pese a que se les ha dicho por activa y por pasiva desde diversos foros y medios, el PSC continúa entre resignado y pusilánime. Llamémosle despistado si queremos ser benevolentes. Empanado, si utilizáramos la terminología de un moderno. Al mismo nivel mimético, en cualquier caso, que el propio Felipe González, antaño una referencia de líder indiscutible, aunque hoy no resulte más que un jarrón chino quebrado en mil pedazos.

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¿Quién es... Xavier Salvador?
Xavier Salvador

Pese a nacer en Barcelona en un ya lejano 1965, he acabado siendo un tipo de pueblo. Hoy ejerzo como consejero delegado de CRÓNICA GLOBAL después de haber dado bandazos periodísticos por ahí durante años (El Observador, Diari de Barcelona, El Periódico, Economía Digital...). He escrito dos libros. El más leído, Pujol KO, junto a varios autores. Del otro (El yugo milenario) es del que me siento más orgulloso, pero fue un divertimento intelectual de otro tiempo y otro lugar. Me gustan las personas auténticas, trabajar en equipo, la familia y el buen vino. Bonhomía, digitalización y periodismo en estado puro, vamos.

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Marino 09/09/2015 - 15:35h
Felipe defraudó a sus votantes nada mas acceder a la Presidencia del gobierno. Hizo subir el paro con la reconversión industrial que aplicó de inmediato sin haber hablado jamás de ella en campaña electoral. Los 800.000 puestos de trabajo vinieron mucho después, en los tiempos de bonanza. No extraño su doble juego actual: Oposición al secesionismo pero introducción del término nación en la nueva Constitución... Han sido tan tácticos para ganar las generales al PP en Cataluña que hoy están hundidos en esta Comunidad. Sus votantes, aquellos que lo tienen claro, se han ido a la abstención o a Ciudadanos y los que siguen el discurso oficial son visceralmente antipeperos y apoyan el "derecho a decidir". Pero cada vez son menos. ¿Iceta? Pues lo tiene crudo para posicionarse en este asunto como corresponde a un socialista y se espera de él. Le pasa lo mismo que a los sindicatos. Con estos sindicatos no hace falta sindicato nacionalista en Cataluña. Con el PSC sobra ERC ¿O quizá el propio PSC?
Olegario 09/09/2015 - 15:35h
Lamentablemente el socialismo en España, remitiéndonos a los partidos PSOE y PSC, no tiene quien le represente; éstos no encarnan una opción de Estado, no son una solución a la situación crítica del Estado. Para ser un partido de estado se necesita una sola estructura y una sola propuesta. Hoy, más que nunca, se necesita una defensa indeclinable del concepto de ciudadanía. Cuando la territorialidad, las identidades, las diferencias, los relatos se imponen al concepto de ciudadanía, se diluye el concepto de Estado y se fortifican los intereses de las diversas oligarquías. Si además, estas particularidades se imponen al concepto de igualdad y de justicia social, no sólo se diluye el Estado, sino que aparecen la preguntas: ¿para qué nos sirve este montaje?, ¿dónde está el Partido Socialista?.
EduardoPinzolas 09/09/2015 - 15:35h
Felipe González no se equivocó, a mi parecer, con la carta, ni siquiera en las analogías, por mucho sarpullido que provoquen en quienes no tienen el menor empacho en llamar franquistas, fachas, falangistas, quintacolumnistas, etc., etc. a sus adversarios desde hace muchos años. Lo siento, pero los movimientos totalitarios de los años 30 siguen siendo el precedente más parecido de tratar de dinamitar el orden constitucional y la legalidad democrática desde dentro, usando de forma fraudulenta los propios mecanismos democráticos, pero atendiendo sólo a la fuerza electoral de los votos y violentando el resto de las reglas de juego. Y no sólo eso, también está el precedente de los métodos: adoctrinamiento, populismo, apropiación de los medios, propaganda asfixiante, presión social, señalamiento del disidente, etc.
EduardoPinzolas 09/09/2015 - 15:35h
(2)Felipe González se ha equivocado lastimosamente en querer rectificar, probablemente presionado, y decir que “donde dije digo digo diego” en lugar de defender con valentía y argumentos lo dicho en la carta, punto por punto. Sucede que volvió a caer en el acomplejamiento y metió la pata desacreditándose a sí mismo. No se trata, insisto, de banalizar nada (nadie dice que se haya llegado ahora a los extremos de entonces) sino de denunciar como se debe mecanismos totalizadores sospechosamente parecidos a los de entonces (valga como último ejemplo lo sucedido en la escuela de Balaguer). Para eso está y debe estar la Historia, para alertar de los errores de antaño y no volver a cometerlos: conocimiento profiláctico.
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