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El regalo envenenado de Soraya

Julio Murillo
8 min

No pasa día sin que se publiquen columnas y artículos alertando de la deriva totalitaria que vivimos en el país del proceso eterno; una de las últimas y más interesantes aportaciones ha sido El nuevo Estado, un Estado autoritario, firmada por Francesc Moreno en este digital, que ya es --¡felicidades!-- el segundo más leído en Cataluña. Esa deriva hacia la sinrazón es innegable, se observe desde el ángulo en que se observe. Aquí nadie se lleva las manos a la cabeza cuando Puigdemont derrocha 90.000 euros en un viaje a Estados Unidos; no se alza voz alguna al saber que la ANC y Òmnium pagarán los 30.000 euros de multa de Homs y del resto de audaces líderes condenados por el 9N; aquí se tumban a rodillo comisiones de investigación por la verborrea inquietante de Santi Vidal; se mantienen bajo siete candados leyes destinadas a alterar dramáticamente nuestras vidas, y no se mueven ni las moscas cuando José Antonio Salguero, uno de los muchos empresarios que pasaron por la horca caudina del 3%, acusa directamente a Artur Mas de enviarle a Ferran Falcó a recomendarle guardar prudente silencio ante la extorsión.

Aquí se aplaude a Meritxell Borrás, consejera de Gobernación, por sus ovarios bien puestos en el tema de las urnas; aquí los medios norcoreanos silencian la tribulación expresada por sindicatos policiales, cuando elevan preguntas directas a la Generalitat, pidiendo aclarar sin ambages qué les ocurrirá si se niegan a secundar este "democrático y alegre" golpe de Estado chanchipirulero que anuncian a los cuatro vientos; aquí se niega siempre y por sistema la mayor, desdeñando el hecho --señalado por Joaquim Coll en su último artículo, Una respuesta diferente para Cataluña-- de que un referéndum no sólo es indeseable por ilegal sino porque vendría, además, a ensanchar el abismo ya existente en la sociedad catalana en función de realidades y coordenadas etnolingüísticas.

Cataluña es, ahora mismo, radicalidad en manos de un puñado de espantajos empeñados en perpetuar sus prebendas y su control sobre el territorio contra viento y marea

Esto es Cataluña ahora mismo, amigos. Radicalidad en manos de un puñado de espantajos empeñados en perpetuar sus prebendas y su control sobre el territorio contra viento y marea. Ya nos pueden vender hasta la saciedad lo de la transversalidad y lo del mandato del pueblo, que no cuela ni con güisqui; ya pueden, con pompa y circunstancia y mirando al infinito, llenarse la boca con la palabra democracia, porque cada vez que la mentan, más de la mitad de catalanes nos revolcamos en un acceso de hilaridad colectiva por los suelos, buscando la mandíbula a gatas, como el pueblo llano hacía en La Vida de Brian de los irrepetibles Monty Python. Sólo faltaba, para animar el desparrame de la parroquia, ver a Francesc Homs regresar desde el lado oscuro de Taradell, anunciando que Cataluña ha declarado la guerra a España, y que él, cual Errol Flynn con barretina y lorzas, liderará la carga de la Brigada Ligera Sediciosa contra las baterías zaristas en las colinas de Balaclava. Para mear y no echar gota. Y disculpen lo vulgar del coloquialismo.

Cuando escribo estas líneas, la actualidad política catalana se ha convertido en una auténtica jaula de grillos. Siempre lo ha sido, pero ahora cada vez más. Puigdemont y los coaligados de JxSí, a fin de asegurarse una mínima connivencia desde las filas de Lluís Rabell y CSQP, dicen aceptar y someterse --aunque de aquella manera, no fotem!-- al arbitraje y pautas de la Comisión de Venecia, para cabreo de la CUP, que como ya sabemos pasa mucho de Venecia, de Bruselas, de democracias y de la madre que parió a Europa. En paralelo a esas tácticas, diseñadas para ensanchar la base de abducidos por la falacia del derecho a decidir, desde el Govern emplazan al opresor y sanguinario Estado español a arrodillarse y ceder con lo del referéndum, o bien a asumir plenamente las consecuencias del mortal tiroteo que se avecina; tiroteo que convertirá el célebre duelo de OK Corral en una minucia.

Pero como en todo buen thriller --y éste lo es, aunque previsible a más no poder-- no podía faltar el giro súbito, que lo pone todo patas arriba e imprime un nuevo ritmo y no pocos finales alternativos a la película. A tan solo unas horas del anunciado viaje del Muy Honorable President --flanqueado por Junqueras y Romeva-- a Madrid, dispuestos a dar la brasa al respetable con lo de la voluntat d'un poble, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría va y le regala al pastelero de Girona un chucho relleno de crema envenenada con arsénico, cicuta y cianuro, invitándole a acudir al Congreso de los Diputados y plantear desde la tribuna sus legítimas aspiraciones conforme a los cauces previstos por la Constitución.

¿Qué alegará Cocomocho a fin de desdecirse y esquivar la trampa saducea que le tienden? ¿Acaso que él ya planteó, sin éxito, comparecer ante el Senado y que esas ofertas ya son pantalla pasada y llegan demasiado tarde?

Y aquí Puigdemont lo tiene crudo, porque por activa o pasiva saldrá trasquilado y con el rabo entre las piernas, como el Ibarretxe ye-yé que es. De entrada no puede negarse, ya que no se ha cansado de repetir, día sí y día también, que él y los suyos quieren agotar todas los cauces legales (ya sabemos que es falso, esta tropa es unilateral y totalitaria hasta la médula), siquiera para armarse de argumentos y razones y ser vistos por todo el orbe como adalides de la democracia.

¿Qué alegará Cocomocho a fin de desdecirse y esquivar la trampa saducea que le tienden? ¿Acaso que él ya planteó, sin éxito, comparecer ante el Senado y que esas ofertas ya son pantalla pasada y llegan demasiado tarde?

Difícil lo tiene. Si accede --y no sería de extrañar, ya que el ego acomplejado de los mediocres se manifiesta psicológicamente en incontrolables arrebatos de orgullo-- le van a atizar hasta en la partida de bautismo. Yo le recomendaría al señor Puigdemont practicar el arte elegante de la oratoria, y la belleza intrínseca de la dicción española, ante un espejo, porque con ridículos como el de Marta Rovira ya quedamos todos bien servidos. Y a ustedes, queridos lectores, les invito a que se acomoden y hagan acopio de palomitas, porque ahora echaremos las mejores carcajadas de este culebrón.

Sean felices. Nos vemos pronto.

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¿Quién es... Julio Murillo?
Julio Murillo

Periodista, escritor, director creativo y experto en publicidad y comunicación. Formé parte del elenco de periodistas especializados en música y cultura durante los años setenta y ochenta en revistas como 'Vibraciones', 'Ajoblanco', 'Rock Espezial', 'Rock Deluxe' y 'El País'. He sido director de publicaciones mensuales en RBA Revistas y Grupo Godó-La Vanguardia, al frente de la edición española de 'Playboy'. También he sido responsable de innumerables campañas de publicidad para grandes marcas. En los últimos diez años me he dedicado a la literatura, con seis novelas publicadas y una séptima en camino. He sido finalista y ganador del Premio Alfonso X El Sabio de Novela Histórica, en 2005 y 2008 respectivamente. Melómano hasta la médula, yo soy yo y mis vinilos. Asisto con perplejidad y desazón al armagedón social, político y económico de nuestro tiempo.