Los 'indepes' en lo suyo y la Paluzie en salto de cama

Josep Maria Cortés
7 min

El último pleno de la legislatura del Parlament debatirá, pasado mañana viernes, una resolución de Junts per Catalunya y Esquerra que blinda la filosofía de TV3 y Catalunya Ràdio para los próximos años. El marco soberanista lo dice claro: “Los operadores públicos dependientes de la Generalitat deberán promover el refuerzo de la identidad nacional”. Es una iniciativa enmascarada para conseguir un nuevo marco del sistema público audiovisual, favorable a la mitad de la cámara legislativa, que está por la independencia. Junts y ERC llevan el asunto a un plenario por sorpresa para colarlo de rondón y sin consenso al estilo de lo que hicieron con las dos leyes de desconexión el verano de 2017. Es decir, desde el Soviet Supremo al legislativo sin bajar del autobús; si un artefacto político funciona inferimos que tendrá razón su artífice. Pues no y la negativa hace acto de presencia en la resolución alternativa del PSC; los socialistas abogan por un periodismo “ético y crítico para ofrecer la garantía a los ciudadanos de una información rigurosa y contrastada”. Pero a los de Iceta siempre se les cuela una lagrimita nacional; vean si no lo que dice su parte de la resolución que va directa al limbo: “informar de los principales acontecimientos……preservando de una manera especial la memoria histórica y los materiales de los testimonios”.

El debate nace superado por la aritmética y los indepes lo tienen todo ganado hasta el 14-F, cuando el sistema nervioso de muchos exigirá su dosis de soberanismo. A veces, la patria es un opiáceo; su adhesión vive parásitamente mientras el resto es letra pequeña, ornamento que puede omitirse. Este clima irrespirable va acompañado de un decorado de fondo que congela la memoria: Junts, Esquerra, CUP, Òmnium y compañía exhibieron su Ley de Amnistía para los presos del procés, en la Cárcel Modelo. Este acto tuvo lugar el lunes, con los dirigentes de partidos y asociaciones paseándose sin ninguna legitimidad moral sobre el suelo biselado que pisaron durante años los presos políticos bajo la dictadura. “Es cuestión de voluntad política”, afirma la portavoz de la plataforma Amnistia i Llibertat, Susana Pagès. El ante proyecto ha sido firmado por 40.000 personas en los últimos meses. Es la voz de una inmensa minoría, casi el mismo día en que el Tribunal de Luxemburgo rechaza el recurso de Junqueras e impide al líder de ERC que acuda a su escaño europeo.

El lunes en la Modelo estaban todos menos la ANC de la señora Elisenda Paluzie que dice anteponer a cualquier cosa una nueva declaración unilateral de independencia (DUI). Si no quieres taza, taza y media. Esta mujer es una especie de sacerdotisa en salto de cama, dispuesta siempre a decir que va dos pasos por delante. Es la directora del Centro de Análisis Económico y de las Políticas Sociales (CAEPS) de la UB, integrado en el Instituto de Investigación BEAT (Barcelona Economic Analysis Team); está visto que el papel lo aguanta todo. Existe, sin embargo, otro independentismo pictórico más audaz y divertido: el de Joan Laporta que ha colocado una enorme pancarta que dice “ganas de volver a veros” en el madrileño Paseo de la Habana cerca del Estadio Bernabeu. Este tiene miga futbolística y da por descontado que el Barça del futuro seguirá jugando la Liga Santander, en España. Todavía queda alguien con sentido del humor.

La Ley de amnistía que preparan JxCAT, ERC y CUP llegará al Congreso el 15 de marzo; para entonces, la CUP se habrá liquidado y Junts, el partido de Laura Borràs y Joan Canadell, estará disminuido. La unidad del independentismo en el cartucho final de la legislatura --la Ley de Amnistía se presentará también el viernes en el Parlament-- ha sido evitada además por las luchas fraternales, como vio en el Senado, cuando en el trámite de los Presupuestos Generales, JxCat afeó a ERC que apoye las cuentas de un “Estado represor”. Está claro que este Black Friday de la política catalana no será la barra libre que sus promotores esperaban.

Mientras tanto, la gente normal está ocupada en cosas serias, ante el difícil momento económico y pandémico: el Fomento del Trabajo Nacional  de Sánchez Llibre pide priorizar las ayudas a empresas antes de ocuparse del salario mínimo; el presidente Sánchez deja en el limbo este mismo salario de subsistencia delante de la asamblea de la OCDE, que celebró el lunes su 60 aniversario, en París; el Colegio Economistas de Cataluña exige mantener el mismo salario y los médicos alertan sobre la tercera y cuarta ola de la pandemia. Todo el mundo trabaja, menos los de la conspiración.

El procés ha muerto, pero su espíritu sobrevive; estima y desdeña, como ocurre con la solidaridad masónica o con las iglesias heréticas, que inventó el ex Papa Wojtyla. En este movimiento mesiánico, liderado por Oriol Junqueras y Jordi Sànchez, la ausencia de fines justifica la estancia, hasta convertirse en una mancha de aceite sobre el territorio. En Barcelona, la urbe que engulle cultura a raudales, la implosión atruena y solo quedan sabios agazapados a la luz de las velas. En esta Florencia vacía, las milicias ultiman sus amenazas y muchos prefieren ceder que resistir; lo consideran más alegante.

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¿Quién es... Josep Maria Cortés?
Josep Maria Cortés

Periodista de economía, realizó una parte importante de su carrera en El País y en los últimos años ha colaborado con La Vanguardia, Catalunya Ràdio y ED. Antes, desempeñó el cargo de director en Barcelona de la consultora multinacional de la comunicación Porter Novelli. Fue durante cinco años analista semanal en el programa Bon dia, Catalunya de TV3. Inició su carrera profesional en El Noticiero Universal y en El Correo Catalán, perteneció a la plantilla fundacional de TV3 y fue el primer corresponsal en Barcelona del diario financiero Expansión. Ha publicado, como autor y coautor, varios libros de investigación periodística, entre ellos, Memoria de Catalunya, del regreso de Tarradellas al pacto Pujol-Aznar (Taurus) o Los yuppies de Pujol llegan a la cima (ED).