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Contra el vicio de pedir, la virtud de no dar

Ramón de España
5 min

El título de esta columna era el refrán favorito de mi difunta abuela materna. Solía recurrir a él cada vez que mi hermano y yo le pedíamos algo, y a mí me viene a la cabeza cada vez que Puchi o algunos de sus secuaces se ponen a pasar la gorra para que otros les paguen las farras. Ahora pretenden que la Caja de Resistencia les pague las fianzas que les ha impuesto la justicia española por su despilfarro del desahogo independentista de octubre de 2017, pero parece que la caja anda un poco perjudicada, pues solo se ha conseguido recaudar menos de un millón de euros, cuando la factura asciende a algo más de cuatro.

Tal como está el patio, querido Puchi, creo que ha llegado el momento de que paséis del sablazo en general al sablazo en particular. Hay mucha gente que se lucra a diario con vuestras chorradas y creo que deberíais abalanzaros sobre ellos y ponerlos boca abajo hasta que se les caigan los monises del bolsillo: sería una especie de Caga tió francamente vistoso.

Yo, de vosotros, me olvidaría de Ada Colau, la alcaldesa cuántica que está a favor de la independencia y también en contra, como le sucede asimismo con el Mobile. Lo más probable es que esté a favor y en contra de retratarse en taquilla, pero que opte por abstenerse, no por racanería, sino para no buscarse problemas con esos españolazos represores del PSC. Y, además, es un mal momento, pues está muy ocupada pensando en que se va a ver obligada a cagarse a Dios y en la Virgen --contra su voluntad, claro, que para algo es cuántica-- en solidaridad con Willy Toledo. No abuséis de Jaume Roures, que ya ha contribuido a la causa contratando a Joaquim Forn para que caliente una silla en Mediapro los días que lo dejen salir a pasear en Lledoners. Os queda mucha gente a la que sablear. Ahí van algunos:

Toni Soler, que lleva años haciéndose rico con dinero público gracias a sus ecuánimes e hilarantes programas de televisión. Pilar Rahola, que vive de la Generalitat (y del Mosad) y que cobra una pasta de los medios de agit prop independentistas por rebuznar a todas horas en radio y televisión. Pepe Antich, director de El Nacional, que recibe de la Gene unos sobornos que no tienen nada que envidiar a los que pillaba cuando dirigía La Vanguardia. Joan Lluís Bozzo, el teatrero que abronca a camareros que no hablan catalán y cuya compañía, Dagoll Dagom (que inició su rápido hundimiento artístico en cuanto dejó de colaborar con Jaume Sisa), es la única que recibe subvenciones del Departamento de Cultura y del de Presidencia.

Isona Passola, presidenta de la Academia del Cinema Català y reina del crowdfunding, como demostró cuando consiguió recaudar 300.000 euros para financiarse el documental L'endemà, que no parecía haber costado más de 50.000 (nadie sabe a dónde fueron a parar los otros 250.000, pero un amigo que vive en Cadaqués me contó que Isona le había echado el ojo a una mansión del lugar más lujosa que la que ya tiene). Ventura Pons, cuyas películas reciben siempre subvenciones de la Gene aunque no vaya a verlas nadie… Hay más, pero éstos son los que se me ocurren a bote pronto.

Hasta ahora, la socialización del sufrimiento --para algo dispone Puchi de los servicios legales de un colaborador chileno de ETA: para darle lecciones de cómo cobrar el impuesto revolucionario--  funcionaba, pero da la impresión de que los buenos catalanes se han cansado de aforar a cambio de nada, ya que la independencia prometida ni está ni se la espera.

Se impone, pues, el sablazo a domicilio si Puchi y sus mariachis no quieren ver embargados los bienes que han ido acumulando durante años a base de envenenar el ambiente con su sainete soberanista. Y es que está muy bien ser del régimen cuando vives de él, pero aún está mejor rascarse el bolsillo para que Puchi pueda seguir tocándose el níspero en Waterloo. A dos manos, eso sí. O tres, si anda cerca Comín.

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.