"In dubio pro reo"

Ramón de España
4 min

Tras casi dos años en prisión preventiva, Sandro Rosell ha sido absuelto por el tribunal que le juzgaba por un quítame allá esas comisiones ilegales, pero digamos que tampoco ha salido del juzgado a hombros, por la puerta grande y con la oreja del fiscal en la mano. El veredicto viene a decir que no hay pruebas definitivas e innegables de sus supuestas mangancias, así que hay que soltarlo siguiendo el viejo precepto de In dubio pro reo (es decir, en caso de duda, beneficiar al acusado, opción legalista con la que todos podemos estar de acuerdo, aunque solo sea porque siempre es preferible un mangante en libertad que un ciudadano honesto entre rejas).

La solidaridad de los procesistas con el antiguo presidente del Barça no se ha hecho esperar, aunque no venga a cuento, ya que unos están siendo juzgados por intentar cargarse un país (algo para lo que siempre se encuentra una coartada patriótica) y al otro lo querían empapelar por lucrarse de manera ilícita. Da igual: los procesistas son gente de brocha gorda y no se paran a pensar en esas distinciones. Han decidido que Rosell es uno de los suyos. Si a ellos los juzgan por su amor a la patria, a Rosell le buscaban la ruina por ser catalán y, no contento con ello, presidente del club que es más que un club. ¿Que la emprendió contra él la juez Carmen​ Lamela? Mejor me lo pones, es la misma que nos empapeló a nosotros. Como compartimos jueza, catalanidad y proceso judicial, todos pertenecemos a la misma pandilla. Aunque unos sean, según el punto de vista, unos patriotas o unos sediciosos y el otro, también según el punto de vista, una víctima del odio visceral al Barça y a Cataluña o un simple saltimbanqui financiero que ha conseguido salirse de rositas gracias a un sistema judicial muy garantista.

Hace falta mucha jeta para meter al amigo Rosell en el mismo saco que a los del prusés. Pero como de eso sobra en el nacionalismo, ahí tenemos a Jordi Sánchez tuiteando que Sandro fue el primer preso de la represión española. Y a Gonzalo Boye diciendo algo parecido. Y a Pilar Rahola aprovechando para cargar contra la juez Lamela. Y esperemos a que se pronuncien Toni Soler o Toni Albà, los Pepito Grillo de Twitter. Entre todos van a fabricar la versión definitiva del caso Rosell, según la cual al pobre Sandro le han querido buscar la ruina por catalán y culé, no porque hubiese ciertas dudas con respecto a su peculiar manera de hacer negocios. Con este abrazo del oso colectivo, el procesismo incluye en sus filas a un señor que siempre ha ido a sus cosas --mejor no entremos en sus tejemanejes: In dubio pro reo-- para aprovecharse de él y convertirlo en una víctima del nacionalismo: lo querían crujir por catalán, de la misma manera que a ellos los quieren enchironar por permitir votar a las masas. Y aunque no cuele ni una cosa ni otra, dos millones de nuestros conciudadanos están dispuestas a creérselas por la cuenta que les trae. Con la ayuda habitual de los propagadores de la fe en nómina, que para eso cobran.

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

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