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La fina piel de sus señorías

Francesc Arroyo
28.10.2020
6 min

El Consejo General del Poder Judicial está formado por jueces y juristas de prestigio, pero no es un tribunal. Sólo juzga las faltas de disciplina de los propios jueces. Su función es, fundamentalmente, administrativa y organizativa, aunque hace algo que sí es estrictamente judicial: nombra jueces para diferentes instancias judiciales. Estos días sus integrantes están muy enfadados porque PSOE y Podemos amagaron con cambiar a sus miembros, cuyo mandato caducó hace dos años. Deberían haberse ido a casa, pero ahí siguen y decidiendo nuevos nombramientos. Que nadie se llame a engaño, algunos lo hacen para pagar los servicios prestados y asegurarse otras prebendas en el futuro, cuando vuelva a tener mayoría la derecha. El Consejo se ha venido comportando últimamente como el brazo judicial del Partido Popular, haciendo la vista gorda cuando los jueces le han encontrado repetidamente una vía de escape o, en el peor de los casos, de minoración de daños: desde la destrucción de los discos duros hasta la exclusión de Rajoy o el caso de la venta a fondos buitre de pisos en Madrid, en la que estuvo implicada Ana Botella. Todo legal, faltaría más. Como decía un conocido jurista: todo el mundo tiene derecho a un juicio justo y luego se le fusila con todas las de la ley.

Pero todo eso es ya sabido, de modo que a nadie extraña que Pablo Casado (beneficiario también de las interpretaciones legales laxas en sus convalidaciones) haya dado la batalla para seguir disponiendo de jueces afines. Le va en ello el futuro. Intentó incluso que la UE le echara un cable, aunque el resultado no fue el esperado. Llamaron la atención al gobierno, en público, y a él, en privado.

No es sorprendente que, además de él y su fiel infantería, hayan sido los jueces los que han protestado airadamente.

Conviene no pasar por alto que la judicatura es una de las instituciones que menos confianza inspiran. Tengas pleitos y los ganes es un dicho muy hispano y suficientemente explicativo. Un magistrado contaba en sus memorias que tiempo atrás, pero no mucho tiempo, algunos de los asistentes a juicios, no ya acusados, a veces sólo testigos, hacían una genuflexión ante el juez al entrar en la sala. Tal temor inspiraban. Porque sin hacer nada, sólo dilatando el caso, podían provocar enormes dolores de cabeza al personal. Igual aún pasa.

Ahora que sus señorías, gente de piel muy fina, muestran tanta energía en el enfado, es el momento de recordarles que hay profesiones que, cuando hace falta, se arremangan y trabajan dobles jornadas e incluso más. Ahí está el ejemplo de los médicos y de las enfermeras. Cierto que está en juego está la vida de la gente, pero también las suyas.

Los jueces no han hecho nada de eso y no será porque peligren sus vidas por exceso de trabajo.

Todo el mundo sabe que las dilaciones judiciales son el pan nuestro de cada día. Todo el mundo sabe que hay juicios que duran años y años y años, a veces por las triquiñuelas de los abogados, pero otras, las más, porque las plantillas de los juzgados son muy justas. Estos mismos días se ha fallado el juicio a 131 controladores aéreos. Ha durado una década. Pero no se ha oído nunca que los jueces prolonguen sus jornadas, como hace el personal sanitario o la policía o los bomberos o los trabajadores de eléctricas cuando hay un fallo importante, pensando en el beneficio de la población. Eso sí, son capaces de montar un pollo porque no les da el nombramiento Felipe de Borbón. Sobre todo porque el pollo perjudica al gobierno actual y beneficia a la derecha. Habría que ver si lo hubieran hecho en caso de que fuera el PP el que estuviera en el gobierno.

Y no sólo es que no hagan horas extras, es que tampoco se van cuando les expira el mandato. Nada impide a los miembros del Consejo General del Poder Judicial dimitir mañana. No hay ni que pensar que no lo hagan porque eso dejaría al PP sin favores judiciales.

Ni hacen horas extras ni se van. Están bien pagados y encima se quejan por cuestiones insignificantes.

Dicho todo esto, es evidente que la reforma insinuada por PSOE y Podemos era una barbaridad que, además, podría estallar en la cara de todos si un día es la derecha la que tiene la mayoría. Basta con comprobar lo que hace sin tenerla.

Por cierto, lo de cambiar la ley y pasar de mayoría cualificada a simple para un nombramiento ya lo hizo el PP con la dirección de RTVE. No es lo mismo, pero se parece porque hay muchos juicios que parecen un espectáculo con guión preestablecido.

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¿Quién es... Francesc Arroyo?
Francesc Arroyo

Francesc Arroyo (Barcelona, 1950) es periodista. Ha trabajado en El País, Ahora y El Papus, entre otras publicaciones. Fue profesor de Historia de la Filosofía y, más tarde, de Periodismo Cultural en la Universidad Ramon Llull de Barcelona. Ha publicado una novela (La tesis once) y diversos ensayos; los últimos son Diálogos (junto al pensador italiano Giacomo Marramao) y una antología de textos de Eugenio Trías.