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Colomer: "La soberanía, obsoleta en España y Cataluña"

Colomer: "La idea de soberanía está obsoleta, para España y para Cataluña"

El politólogo considera que el problema territorial en España sólo se solventará con la intervención de la Unión Europea, con un rediseño interno

17.06.2018 00:00 h.
10 min

Un sudor frío. Desasosiego, pero con la esperanza de que el aire entre por una ventana abierta, la que brinda la Unión Europea. Es lo que se siente tras leer España: la historia de una frustración (Anagrama) de Josep Maria Colomer, profesor de economía política en la Universidad de Georgetown (EEUU), autor de obras imprescindibles sobre el sistema político español, como el clásico El arte de la manipulación política (1990). Investigador del CSIC, Colomer, un poco agotado de escudriñar los asuntos internos de los Estados, quiso ver qué pasaba en las instituciones mundiales, y lo plasmó en El gobierno mundial de los expertos. Ahora constata que España debe salvarse en el contexto europeo, que su mayor defecto fue que se construyó mal, y con pocos recursos, porque fue imperio antes que Estado, cuando otros países, como Inglaterra o Francia, fueron primero Estados, y, después, imperios, y con ello pudieron construir la nación. Con expectativas muy altas, cuando no se consiguen, aparece la frustración, asegura, con la convicción que es un error hablar de soberanías, tanto para España como para Cataluña: “La idea de soberanía está obsoleta, para España y para Cataluña”

--Pregunta: Habla usted de una frustración. ¿No ha sido muy duro con ese relato histórico sobre España?

--Respuesta: Creo que, en realidad, es un libro optimista, porque no haber logrado un Estado nacional completo puede ser ahora una buena oportunidad en el mundo actual. Permite adaptarse a una Unión Europea que ha avanzado mucho en su integración. Quizá sea una ventaja esa construcción española a medio camino.

--Es decir, un país peor construido, ¿lo tiene mejor?

--Sí, y cuando se hable de menos soberanías, mejor. Cuando más cosmopolitas y europeos, mejor.

--La Unión Europea, ¿podría acomodar a realidades como la vasca  y la catalana, siguiendo el modelo de Estados Unidos, que admitió un rediseño interno de sus estados, pero fue radical en la defensa de un gobierno federal?

--La integración europea está ahora más avanzada que hace diez años, y eso implica cambios en el interior de los Estados, con pérdidas de soberanía, porque no se puede soñar con soberanías dentro de Europa. Tendremos diferentes niveles de administración. Creo que no vamos a sustituir la soberanía española por la catalana, tampoco con la europea. Lo que ocurrirá es que se compartirán niveles de gobierno, dentro de una federación europea.

--Pero, ¿quién debe dar un paso, en España, el bloque independentista o el gobierno español, con una salida a esa demanda sobre un referéndum de autodeterminación?

--Es que lo importante es Europa. Sin Europa, no se puede resolver este conflicto territorial. Ya no se puede resolver en un nivel interno.

--Usted insiste en que el gran problema de España es que fue primero un imperio que un Estado, y cuando quiso construirlo, se quedó a medias.  

--Si, el coste del imperio, además de la cuestión económica, que supuso una ruina para todo el país, fue, principalmente, el coste de oportunidad para empezar a construir un estado moderno, como hizo Inglaterra o Francia. Pero incluso en el siglo XIX se estuvo a tiempo. Se pudo rectificar, si se hubiera adoptado un modelo federal como Suiza o Estados Unidos. Sin embargo, se quiso tomar el modelo francés, y eso nunca se acabó de conseguir, con una estrategia que no dio resultados.

--¿Ese ha sido el mal de España, la excesiva obsesión por Francia?

--Francia siempre ha sido un mal modelo para España. Empezó mucho más tarde, con menos recursos, con menos coerción, y ya no era posible crear una nación a la manera francesa. Juan Linz explicaba que Francia se construyó en 1870, con la escuela pública como gran pilar, cuando se empezó a hablar francés de verdad, a finales del XIX. Si en España se hubiera hecho lo mismo, ya no hubiera sido posible, porque se debería haber aplicado una coerción insostenible, y ahora es todavía mucho más difícil. No se puede ser Francia.

--Pero, al margen de ese debate histórico, la construcción de la España moderna, ¿no es fruto de la Constitución de 1978, de un nuevo principio que, se suponía, debía acabar con todas esas frustraciones del pasado?

--Las virtudes de la Transición se han convertido en los vicios de la democracia española, y el régimen político español es una democracia de baja calidad. Hay que admitirlo. Fue un proceso pacífico y negociado para cambiar el régimen, pero con negociaciones muy secretas, “esto te lo cambio por otra cosa”, entre élites. Fue producto de una oligarquía política, con tratos por arriba, que se ha convertido en un sistema en el que los partidos tienen mucho poder. Los partidos tienen pocos afiliados, pero están superprotegidos, desde todos los puntos de vista, y controlan todo, la justicia, la cultura, todo. Es una élite política muy pequeña, que ha producido una democracia de baja calidad, que ha explotado en los últimos años. Eso se debe tener en cuenta para afrontar los cambios que sean necesarios.

--¿Cómo?

--Hay que pensar que España es el único país de Europa que no ha tenido un gobierno de coalición. Sólo se ha gobernado con un solo partido, basado en pocos votos respecto al conjunto de los ciudadanos. Y resulta que ese apoyo es cada vez más pequeño, como vemos ahora. Cuando menos apoyos tiene un Gobierno, menos dura. Puede haber cambios positivos, principalmente respecto a Europa, porque es un Gobierno, el de Pedro Sánchez, con anclajes europeos, con ministros europeos. Pero es una democracia con apoyos minoritarios, con efectos imprevistos.

--¿Lo que ha pasado en las últimas dos semanas es, en realidad, la salvación del bipartidismo, una operación del Estado profundo como dice el independentismo?

--Karl Popper decía que una de las pocas alegrías de un ciudadano era hacer caer al gobierno con métodos pacíficos. Desde ese punto de vista, lo sucedido está bien, tras una sentencia sobre corrupción al partido que estaba en el Gobierno. Pero es el Gobierno más minoritario en 40 años, y cuando menos apoyos tiene un Ejecutivo, y debemos repetirlo, menos dura. No se han aprobado apenas leyes en los últimos tres años. Y ahora va a ser lo mismo o peor. Aceptamos ese anclaje europeo, pero no será un gobierno productivo desde el punto de vista legislativo, ni va a durar mucho.

--¿Se ve en el horizonte un gobierno de coalición?

--En 2015 me pareció todo fatídico, cuando se rompió el bipartidismo y no se quiso formar un gobierno con garantías. Ahora debería cambiar esa tónica, pero la calidad de la democracia española ha bajado mucho.

--¿Eso puede explicar el movimiento independentista en Cataluña, ese proceso de pérdida de calidad democrática?

--El proceso independentista es una consecuencia de la crisis de la frustración de España y en parte es un factor coadyuvante para acelerar esa crisis, pero como alternativa no sirve para nada. No hay alternativa fuera de España, y el concepto de soberanía está obsoleto para España y para Cataluña. Se puede explicar por esa cuestión, pero la reacción independentista ha agravado aún más la crisis, sin ser una alternativa viable.