El bitcoin no es una moneda

José Antonio Bueno
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La evolución de la realidad económica hizo cada vez más difícil el trueque. ¿A cuántas sacas de trigo equivale una vaca?¿Cuánto aceite he de dar a alguien para que me lleve a Madrid en su carruaje? Traduciendo cada bien y servicio a una moneda todo es más sencillo. Por eso nacen las monedas como medidas de cambio, una convención que permite realizar transacciones económicas desde hace siglos.

En la historia ha habido muchas monedas, pero en general las hay que tienen un valor en sí mismas y las que solo representan una convención. La referencia a un valor más clara fue el patrón oro, los bancos centrales emitían moneda que estaba respaldada por oro en sus bodegas y las devaluaciones o apreciaciones de monedas implicaban movimientos físicos de lingotes de un banco central a otro. Así fue durante casi todo el siglo XIX y buena parte del XX. Pero en 1971 el dólar perdió su convertibilidad con el oro y con él, el resto de monedas. A partir de entonces el dinero es “fiat”, basado en la confianza y la imposición legal por lo que el papel de los estados es fundamental. Existe dinero privado, los puntos de fidelización son un claro ejemplo, pero el dinero con mayúsculas tiene detrás siempre a un Estado, o a varios como en el caso del Euro.

La estabilidad de la moneda es esencial para permitir una actividad comercial ordenada y sana. De igual modo que la hiperinflación paraliza las transacciones comerciales, una moneda que fluctuase permanentemente dejaría de ser útil. Y eso ocurre con el bitcoin, un artefacto para especular, pero difícilmente para realizar transacciones comerciales porque no para de subir o bajar.

Un bitcoin valía hace poco más de un año 6.000 dólares, superó los 60.000 en marzo de este año y ronda los 30.000, con riesgo de caer al abismo de los 10.000 dólares. El bitcoin es un gran vehículo para la especulación, una auténtica montaña rusa, pero muy mal medio de pago por sus tremendas oscilaciones y su gran volatilidad también le invalida como activo para ahorrar.

La teoría sobre la que sustenta el bitcoin es casi filosófica, una moneda descentralizada que no depende de ningún estado, siendo cada vez menos rentable generar un nuevo bitcoin. En teoría solo podrán generarse algo menos de 21 millones de bitcoins, estando previsto la generación del último bitcoin 135 años después del nacimiento del primero, el 3 de enero de 2009. Asumir que una parte importante de la economía mundial se va a vehicular por bitcoins parece algo ingenuo.

Los bitcoins se producen mediante grandes ordenadores funcionando 24 horas, 7 días a la semana. Y éstos consumen mucha energía, tanta como países enteros del tamaño de Argentina o Suiza. Renegar de él por el consumo energético es algo farisaico, pero en esta sociedad de fachada es un buen argumento, al menos eso ha pensado Elon Musk que ha cambiado de idea respecto a vender Teslas a cambio de bitcoins excusándose en el consumo eléctrico. En realidad, le aterra la enorme volatilidad de la criptomoneda. Tesla invirtió 1.500 millones el 9 de febrero, vio como su apreciación en días le daba más beneficios que los que ha tenido en toda su historia, pero si no los ha vendido ya está palmando un dineral, todo esto en poco más de 5 meses.

El bitcoin se enfrenta ahora a serios ataques que ponen en duda su viabilidad como moneda. China ha decidido prohibir su uso como mecanismo de intercambio y, además, persigue a los “mineros”, las personas que mediante potentes ordenadores generan bitcoins, comenzando a clausurar sus instalaciones. El argumento del gran consumo energético también es una tapadera ideológica pues China no es, ni mucho menos, un adalid de la sostenibilidad. Lo que les preocupa, y mucho, es la imposibilidad de controlar las transacciones con esta moneda.

Además de las críticas de varios bancos de inversión y bancos centrales, lo que ha supuesto un golpe muy duro al bitcoin ha sido que el FBI ha sido capaz de recuperar el rescate de unos cibercriminales que “secuestraron” el sistema de control de un oleoducto norteamericano, lo que pone también en riesgo su valor de moneda para transacciones opacas.

La tecnología que sustenta el bitcoin, el blockchain, vino para quedarse pues permite realizar transacciones muy seguras, desde contratos “inteligentes” a intercambios entre bancos. Pero que el bitcoin sea otra cosa que un activo con el que especular está cada día más lejos. ¡Suerte a los valientes!

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¿Quién es... José Antonio Bueno?
José Antonio Bueno

José Antonio Bueno es ingeniero de formación y consultor de profesión, conocedor de la realidad empresarial catalana, española y europea. Ha realizado proyectos en dos sectores fundamentalmente, automoción y servicios financieros, si bien su especialidad en la gestión de procesos de adquisición y compra de empresas le ha hecho conocer otras realidades empresariales. En verano de 2017 inició un nuevo proyecto empresarial con varios socios nacionales e internacionales, tratando de aunar su bagaje como consultor con el análisis avanzado de datos, dándole un nuevo enfoque a sus servicios coherente con la realidad digital que nos rodea.