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Josep Maria Mainat, componente del grupo musical 'La Trinca' / EP
Examen a los protagonistas de la semana

Josep Maria Mainat

4 min

Chapuza sí, pero expeditiva

Desde su adolescencia en Canet de Mar, Josep Maria Mainat solo tuvo una idea en la cabeza: hacer daño a la sociedad que le acogía. Por motivos que nunca alcanzaremos a entender, Mainat se consagró a la autoimpuesta tarea de embrutecer a los catalanes, primero, y a todos los españoles, después, iniciando la puesta en práctica de su plan diabólico con un grupo humorístico-musical, La Trinca, que fracasaba --yo creo que voluntariamente-- en ambas premisas, ya que las canciones eran deleznables y Mainat y sus dos compinches, Toni Cruz y Miquel Angel Pasqual, tenían, como se dice vulgarmente, la gracia en el culo. Una vez embrutecida convenientemente Cataluña, Mainat se lanzó a la conquista de España. Viendo que con las canciones graciosillas no acababa de lograr sus objetivos, se metió a productor audiovisual, y ahí sí que su propósito de envilecer a la sociedad española fue plenamente alcanzado gracias a programas como Crónicas marcianas u Operación triunfo, que triunfaron de manera estrepitosa. Al frente de su propia compañía, Gestmusic, Mainat se tiró años fabricando basura al por mayor, lucrándose a costa del populacho y sin invertir ni un duro en algo con lo que pudiera aspirar a la redención (no sé, producir una película de arte y ensayo, construir un ala a su nombre en el hospital de Canet, como hizo en Nueva York Michael Corleone…). Ni hablar del peluquín: el dinero recaudado con la telebasura se invertía en más telebasura. Y mis esperanzas de que ese hombre fuese convocado algún día por el tribunal de La Haya, acusado de crímenes contra la humanidad, se fueron desvaneciendo rápidamente.

Aunque mi propuesta pueda parecer exagerada (a fin de cuentas, Mainat solo le daba al público lo que éste le pedía, estableciéndose entre ambos una relación muy similar a la del drogadicto y su camello), a mí me parece ponderada y cabal comparada con intentar asesinarlo, que es lo que da la impresión de haber intentado su esposa alemana, Angela Dobrowolski, aunque de una manera un pelín chapucera (ella lo niega todo y asegura que solo pretendía salvarle la vida, aunque se estaban divorciando y él la había excluido del disfrute de su fortuna, para que se vea que es buena gente). Como éramos pocos, parió la abuela. Es decir, aparecieron unos interesantes personajes secundarios que ya han llamado la atención de Tele 5: un prostituto hispano liado con la aspirante a viuda, la ex novia del sujeto y hasta la madre de éste. Se insinúa un posible menage a quatre entre Mainat, la parienta, el chulo y la rusa que salía con el chulo. O sea, una versión en la vida real del hit de Maluma Felices los cuatro (Mainat ha preferido citar en Twitter la canción de Billie Eilish para la próxima aventura de James Bond, adecuadamente titulada No time to die).

Lo dicho: yo me conformaba con el banquillo en La Haya, pero la realidad ha tomado otro camino, concretamente el de un culebrón con sexo, crímenes y dinero. Mainat ha acabado convertido en el personaje de uno de esos lamentables reality shows con los que se ha forrado. Y la cosa no ha hecho más que empezar: Jorge Javier y todos sus cotillas del Sálvame de Luxe deben estar frotándose las patitas. Creo que, a asuntos como éste, los cuadra a la perfección el concepto de justicia poética.