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Natalia Velilla, juez y autora de 'Así funciona la Justicia' / INMA FLORES

Natalia Velilla: “El conflicto de Cataluña no debió llegar nunca a la vía judicial”

"Estamos para servir a los ciudadanos, no para hacerle el trabajo a los políticos", afirma esta juez madrileña, que critica a un poder judicial elegido por "un señor del PP y otro del PSOE”

20 min

Natalia Velilla (Madrid, 1973) explica sus vivencias como juez en Así funciona la Justicia (Editorial Arpa) pero, sobre todo, rebate algunas mentiras sobre una profesión tan apasionante como poco reconocida por la sociedad. Y habla muy claro.

En una entrevista con Crónica Global, critica la judicialización de la política. “No nos corresponde ser moderadores de la democracia”, afirma Velilla, que colabora en varios medios de comunicación y que asegura que los jueces “no somos anticatalanistas”.

--PREGUNTA: ¿Un juez nace o se hace?

--RESPUESTA: ¡Hay de todo! En un capitulo del libro hablo de la experiencia de varios compañeros. Algunos lo tienen claro desde el instituto y otros, como yo, que lo decidimos después de haber ejercido como abogada. Yo creo que puede ser juez toda aquella persona que tenga pasión por el Derecho y quiere dedicarse a algo duro, pero bonito.

--Dice en su libro que la justicia no da votos.

--Con la justicia en España ocurre una especie de paradoja inexplicable. Hemos visto ahora cómo las elecciones en Madrid dependían de la decisión de los jueces. Al final, con la pandemia, también nos hemos dado cuenta de la importancia del poder judicial, que decidió sobre cosas que el poder legislativo o el ejecutivo no supo solucionar. Por tanto, nos encontramos con un poder del que cada vez se hace más uso, que yo diría que es abuso, porque hay asuntos que no deberían llegar a los tribunales, sino que deberían resolverse por la vía política y el acuerdo. Pero por otro lado, somos el tercer poder, al que nadie hace caso. Somos la cenicienta de las administraciones, nadie se acuerda de nosotros, excepto cuando hay un problema. Como Santa Bárbara, nadie se acuerda de ella hasta que truena. No damos votos, suponemos un gasto en medios materiales y personales que nos les compensa a los políticos.
 

Natalia Velilla durante la entrevista con 'Crónica Global' / CG

--Comentaba que no todos los asuntos deberían llegar a la justicia. En Cataluña se ha debatido mucho sobre la judicialización del procés.

--Sí que sentimos los jueces que la justicia cada vez se instrumentaliza más. Está habiendo una judicialización de la política, clarísimamente, y desde mi punto de vista particular, hay una dejación de funciones. Hay una irresponsabilización del político. Al final tiene que ser el juez el que decida. Y concretamente en el conflicto que ha existido en Cataluña, quizá no debió llegarse nunca a la vía judicial. Se ha dejado a la vía judicial cuando los políticos no han sido capaces de llegar a acuerdos, de alcanzar consensos, de llegar a algún tipo de solución que no pasase por los tribunales. En Cataluña, como en otras muchas cosas, como por ejemplo con el estado de alarma, con todo lo relacionado con la política, como digo. Al final nos están dejando a los jueces una responsabilidad que no nos corresponde. Obviamente tenemos que resolver lo que se nos plantea. Se nos utiliza como el profesor que soluciona el orden en la clase. Somos como unos moderadores de la democracia que no nos corresponde. Somos la última ratio y estamos para servir a los ciudadanos y dirimir sus conflictos, no para hacerle el trabajo a los políticos.

--Asegura que los jueces no son anticatalanistas. ¿Era necesario subrayarlo?

--Creo que en Cataluña hay una prevención contra el poder judicial, no digo que no tengan razón después de lo que ha sucedido, ha habido una judicialización tal que a lo mejor está muy presente en la vida de la sociedad catalana. No es cierto que los jueces sean anticatalanes. De hecho, muchísimos jueces, cuando acaban la carrera, ejercen en Cataluña y es gente joven muy preparada, no existe prevención. De hecho, hay muchos jueces catalanes, que son de allí y que acaban ejerciendo en su propia tierra.

--¿Qué es peor, la presión política o la mediática? ¿La ha sufrido?

--Como todo poder del Estado con actividad pública, estamos sometidos a la crítica. Negarla no sería propio de un Estado democrático, e incluso creo que es imprescindible. Es necesario poner el foco sobre aquello que no funciona. Lo que pasa es que hay una tendencia, que también puede ocurrir con políticos o personajes públicos, a criticar a jueces no por sus sentencias, sino que se critica a la persona, lo cual sí que es verdad que puede resultar violento. Los jueces no debemos dejarnos influir por la presión, ni de los políticos ni de los periodistas. También están las redes sociales. Insoportable no es, pero creo que debería haber una mayor calidad democrática en el respeto de unos poderes a otros. Los miembros del ejecutivo y legislativo deben garantizar su lealtad hacia el judicial, igual que los jueces deben hacerlo hacia ellos. El problema viene cuando diputados y miembros del ejecutivo critican de forma poco legítima, no las cuestiones técnicas, sino centrándose en la persona, no las resoluciones judiciales. Porque entonces se desprestigian las instituciones del Estado. Eso es lo que yo denuncio como más insoportable. Si nosotros criticáramos a un diputado, seríamos objeto de sanción.
 

M. Jesús Cañizares en el plató virtual de de 'Crónica Global' entrevista a Natalia Velilla / CG


--Dedica un capitulo del libro al trabajo que hacemos los medios de comunicación, en el que se detecta comprensión, lo cual es de agradecer. ¿Cómo es su relación con los periodistas?

--Yo soy defensora del periodismo. Cuando un periodismo está formado y sabe de lo que habla, la sociedad funciona mejor. Le llaman el cuarto poder y yo creo que es el que pone el acento en lo que funciona mal, en lo que se debe mejorar. Creo que es un gran moderador de los otros tres poderes. Hablo bien de los periodistas porque, realmente, mi experiencia con ellos siempre ha sido muy buena. Los periodistas de tribunales han tenido un sorprendente auge en los últimos tiempos y se han convertido en profesionales, casi como los periodistas deportivos, que están en todas partes. Creo que los problemas que puedan haber no vienen tanto de los periodistas en sí, sino de las empresas que hay detrás. Creo que debería haber una mayor autorregulación. En espacios de sucesos o en magazines, donde intervienen no tanto periodistas sino otros profesionales, se pueden ver comprometidos los procedimientos judiciales, pero sobre todo, las víctimas.

--Critica una falsa creencia de la ideologización de los jueces. ¿La ideología de un juez no influye en las decisiones judiciales?

--Cada día se están dictando sentencias. Decir que los jueces estamos ideologizados en algo injusto. La inmensa mayoría de resoluciones son divorcios, contratos de compraventa, despidos, trámites hipotecarios. Miles de cosas que afectan a los ciudadanos todos los días y a los que se da un trato absolutamente imparcial. En el libro insisto bastante en la diferencia entre la carrera judicial y los representantes del poder judicial. Por culpa del espectáculo al que asistimos siempre, ahora estamos escuchando permanentemente sobre la renovación del Consejo General del poder judicial (CGPJ), la intromisión de los dos principales partidos políticos, nos vemos salpicados todos los jueces por una falsa idea de ideologización. A nadie se le ocurría decir que un cirujano conservador ha logrado con éxito un transplante de corazón, o que un ingeniero progresista ha desarrollado un puente que une dos continentes. en cambio a los jueces siempre se nos busca una ideología. A mí se me ha tildado de conservadora o progresista en función de las declaraciones que he hecho en distintos medios, cuando soy la misma persona. Al final es la necesidad de ponernos una ideología. En el libro explico que es verdad que todos somos personas y tenemos nuestras vivencias, que nos pueden llevar a tener una mayor comprensión sobre determinadas cuestiones o a tener rechazo hacia otras. Eso es humano, pero eso no significa que nos lleve a decidir en función de nuestra ideología o de nuestra manera de pensar. Hacerlo sería ser un prevaricador.

Portada del libro "Así funciona la Justicia" de Natalia Velilla / CG
Portada del libro 'Así funciona la Justicia', de Natalia Velilla / CG

--¿Qué sistema se debería utilizar en la elección de los miembros del CGPJ?

-- España, junto a Polonia, son los únicos países donde el 100% de los vocales se eligen, teóricamente, por las Cortes generales. Pero no es así. En realidad, son elegidos por Ferraz y por Génova. Eso es algo que la gente tiene que entender. Se oponen a que los jueces elijamos a los miembros del poder judicial, no digo a todos, a 12 de los 20 miembros, que era lo que el legislador constituyente quería en un inicio. Dicen que los vocales los está eligiendo el pueblo. No los está eligiendo el pueblo, los está eligiendo un señor en la sede del PP y otro señor en la sede del PSOE. Las presidentas de las dos Cámaras, Meritxell Batet en el Congreso, y Pilar Llop en el Senado, han incumplido el mandato constitucional. Deberían haber convocado a las Cortes para elegir a los vocales del Consejo. ¿Eso qué demuestra? Que se ha hurtado al pueblo del proceso de elección de los vocales. Yo estoy en contra que las Cortes elijan a los 20 miembros, el legislador quiso que ocho fueran elegidos por las Cámaras, pero 12, por los jueces y magistrados. Esto, que garantizaría la continua renovación, funciona en países como Francia, Alemania o Inglaterra.

--¿Esa situación contribuye a esa imagen de que la justicia es imperfecta o que no es democrática?

--La justicia española es imperfecta. Tampoco podemos decir que nuestra democracia sea perfecta. Existen resoluciones injustas, existen prevaricadores… De hecho tenemos ejemplos de profesionales expulsados de la carrera. Pero en general funciona bien y disponemos de un sistema que detecta cuándo se produce una imperfección. Lo que pasa es que ese reparto de los jueces del poder judicial por parte de los dos principales partidos provoca sospechas de parcialidad. Aunque la mayoría de los elegidos tienen una trayectoria impecable, Por tanto, esa imagen de la politización de la justicia que tiene el ciudadano es comprensible. El espectáculo al que asistimos permanentemente, con el bloqueo de unos y otros. Y, al final, eso revierte en la imagen de miles de profesionales que nos dedicamos a esto. Por eso, el objetivo del libro es explicar cómo funciona la justicia, no todo es el poder judicial, no todo son los grandes asuntos que salen en la prensa. En la mayoría de los asuntos, en nada puede intervenir el poder político. Somos el único país de Europa que tiene al cuñado del jefe del Estado en prisión. O a un ministro de Economía con cargo en Europa condenado.

--¿Llegaremos a ver a los fiscales como instructores? Hace años que se habla de la necesidad de aumentar sus competencias en investigación.

--El PSOE lleva ese compromiso desde hace diez años, que yo sepa. Se busca que nos parezcamos al resto de países de Europa, pero tenemos un escollo importante. Sería imposible abordar esa reforma con la plantilla de fiscales que tenemos ahora, a no ser que se haga una superconvocatoria de oposición. Ello comportaría, además, una importante inversión económica, porque habría que modificar la estructura de las oficinas de la Fiscalía y de los juzgados de Instrucción. Pienso que, hoy por hoy, dejar esa competencia a los fiscales es un error. No porque no sean buenos profesionales, algunos magníficos, y como instructores lo harían igual que bien que un juez. El problema es que el estatuto orgánico de los fiscales es absolutamente jerárquico, depende de la Fiscalía General del Estado. Debería reformarse ese estatuto para garantizar la independencia de los fiscales, porque la Fiscalía General depende del Poder Ejecutivo. La designación del fiscal general siempre va a tener la sombra de parcialidad. Muchos fiscales lo han dicho públicamente, que se debe publicar ese estatuto.

Natalia Velilla durante la entrevista online / CG
Natalia Velilla durante la entrevista 'online' / CG

--Del libro se deduce que una de los asuntos que más le han impactado tienen que ver con la familia. Incluso afirma que cuando llega un caso de familia al juzgado, es un fracaso.

--No es lo mismo dedicarse a lo contencioso-administrativo, donde se examina la legalidad, que dedicarse a la rama del Derecho de Familia, en el que tratas con personas vulnerables. Ves que el derecho no puede llegar a donde no llegan las personas. Tu no puede obligar, como juez, a que un padre vea a su hijo. Te encuentras en ocasiones ante un conflicto de progenitores que ha sido tan duro que ha habido una ruptura total de vínculos entre hijos y padres, provocada por muchos factores. Por mucho que te esfuerces y dictes una sentencia técnicamente maravillosa, esa familia está rota. No puedes hacer nada. Y no puedes ir más allá. Muchas personas llegan al Juzgado de Familia pensando que les vas a solucionar el problema. Y no es así. Los jueces sentimos impotencia en casos de menores desamparados o incapacitados, en los que no sabes qué hacer, porque los servicios sociales no llegan. No hay una red, por ejemplo, que atienda a una persona que no tiene donde vivir.

--En Cataluña hay un gran debate sobre el alto número de ocupaciones y, en paralelo, sobre los desahucios. ¿Qué solución cree que hay que dar?

--Te daré mi visión personal. ¿Cómo en plena pandemia, cuando todos estamos encerrados, surge la alarma sobre las ocupaciones? Hay una gran confusión, y yo digo que interesada. Una cosa es entrar en un domicilio particular, lo cual no es una ocupación, sino un allanamiento de morada, y automáticamente existe el lanzamiento de esa persona, y otra cosa es entrar en contra de la voluntad del propietario en un inmueble no ocupado. En este caso es usurpación. Lo que ocurre es que hay muchas usurpaciones que se deben a desahucios que ejecutan bancos por impago de cuotas, que no es lo mismo que un particular al que le ocupan si domicilio. También nos encontramos con arrendadores que alquilan en B para ahorrar impuestos, en el que no hay contrato ni rastro de esos pagos. Esto no es lo mismo que la usurpación. No es lo mismo lo que pueda hacer el movimiento okupa que los alquileres en B. ¿Quién saca provecho de todo esto? Las empresas que ponen las alarmas. Yo soy muy escéptica con el problema de las ocupaciones.

--En el libro habla de la brecha de género y del techo de cristal. ¿Ser mujer es un obstáculo para ascender en la carrera judicial?

--Somos un 56% de mujeres en la carrera judicial, pero esa igualdad en la base no se traduce en una igualdad en la cúpula. Todos los países europeos tienen más mujeres en la cúpula judicial que España. Hay algo que no funciona. Se dice que son las cargas familiares. ¿Qué pasa, que las francesas o las rumanas no tienen hijos? Se dice que la media de edad de la juez con experiencia es de 47 años, que accede más tarde, pero al Tribunal Supremo han accedido hombres con 40 años. También hay un problema de falta de postulación de la mujer para acceder a esos puestos, que hemos pedido al CGPJ que analice, pero es que aunque se presente, tampoco es elegida. Influyen las relaciones, los lobbies, que no son femeninos.