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Roger Torrent (d), y el presidente de la Generalitat, Quim Torra (c), durante la declaración institucional conjunta sobre la situación de los políticos presos / EFE

La guerra entre ‘indepes’ paraliza las instituciones catalanas

La pérdida de confianza entre Junts per Catalunya y ERC es total, y afecta al Parlament, con la figura de Puigdemont, dispuesto a romperlo todo

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Acusaciones cruzadas. -"Tú mientes". -"No, eres tú quien ha mentido". Ese es el clima que se vive entre Junts per Catalunya y Esquerra Republicana, con una pérdida de confianza total, una guerra entre el mundo independentista que paraliza las instituciones catalanas, y que no augura que el Govern que preside Quim Torra pueda aguantar muchos meses, como mínimo hasta las elecciones municipales. La votación en la Mesa del Parlament sobre la suspensión de los diputados presos, para respetar la resolución del juez Pablo Llarena, fue la excusa para que apareciera el verdadero problema de la política catalana: la figura de Carles Puigdemont, con la protección de todos sus fieles en Junts per Catalunya, que se negaron a que pudiera ser suspendido como el resto de diputados.

Las palabras de los portavoces de Esquerra eran elocuentes. Tras votaciones contradictorias entre los dos representantes de Junts per Catalunya en la Mesa del Parlament, Josep Costa y Eusebi Campdepadrós, en contra del propio acuerdo que se había alcanzado, el republicano Sergi Sabrià respondió con contundencia: “Lo que acaba de pasar en este atril hace unos minutos –antes se había pronunciado Eduard Pujol— es gravísimo porque se ha salido a mentir de manera descarada, porque Junts per Catalunya sabe perfectamente que no había ningún acuerdo, y las fisuras no se han producido en ERC”.

Bronca interna

Ese supuesto acuerdo, según Junts per Catalunya, pasaba por suspender temporalmente a los diputados presos, pero no a Puigdemont, al entender que, sin estar en la cárcel, no está sujeto a la interpretación de la resolución de Llarena que han establecido los servicios jurídicos del Parlament.

Pero, ¿cuál es el problema real? La bronca interna, la desconfianza mostrada de forma pública, ante la perplejidad del resto de portavoces parlamentarios, llevó al presidente del Parlament a suspender el pleno de la Cámara parlamentaria. Es decir, las instituciones se están sacrificando en aras de la protección de Puigdemont, con unos diputados afines, incluido el presidente Torra, que ni reflexionan sobre las órdenes que llegan desde Alemania. Simplemente las acatan. Y todo ello en el marco de una semana decisiva para la suerte del instrumento político que deberá defender la causa de Puigdemont: o un PDeCAT totalmente domesticado, o el artefacto peronista que supone Crida Nacional per la República.

Los 'prepolíticos'

Si Esquerra comienza a considerar que no se podrá hacer nada con ese clima político, y en manos de los prepolíticos, los colaboradores de Puigdemont, las cosas se veían completamente diferentes desde Junts per Catalunya. Uno de esos prepolíticos es el portavoz, Eduard Pujol, quien no dudó en atacar al propio presidente del Parlament, Roger Torrent, la segunda autoridad después del presidente de la Generalitat. “Lamentamos que el president Torrent se haya saltado un acuerdo con ERC y haya priorizado un acuerdo con el PSC. Pedimos a ERC que nos aclare cuál es la posición del president Torrent: o defienden la dignidad de los diputados del Parlament y del país o se blanquea al PSC del 155, o una cosa u otra”.

Para rematar la faena se brindó uno de los ideólogos de Puigdemont, el historiador Agustí Colomines, a través de su cuenta de Twitter: “Está pasando en el Parlament, Esquerra quiere bajar la cabeza y suspender como diputado de Junts per Catalunya al presidente Puigdemont. Ni un paso atrás. Hacedle saber a Torrent que este 18 de julio no se puede parecer a otro”, sobre el 18 de julio de 1936.

Qué hacer con Puigdemont

Un clima, por tanto, bélico, característico de Colomines, que plantea la situación en términos binarios, con Puigdemont o contra él, y con toda la artillería en contra de los republicanos, a los que se quiere hacer pasar como los que impiden “la restitución real” del Govern legítimo de Puigdemont.

El problema ahora es recomponer esas relaciones para mantener el Govern, en una situación que ha cambiado por completo en los dos últimos meses, tras la moción de censura de Pedro Sánchez. Con un gobierno socialista, con un poder judicial tocado, por las decisiones de la justicia alemana respecto a la euroorden sobre Puigdemont, pero con capacidad para actuar con plena autonomía, con los diputados presos en cárceles catalanas, con medidas como la ampliación de los objetivos de déficit que otorgan más capacidad financiera para las autonomías, el Govern de Torra se enfrenta a todas sus contradicciones internas, y la primera y más importante es decidir qué se hace con Puigdemont y qué papel se asigna al expresidente.