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Quim Torra (d) durante su toma de posesión como presidente del gobierno de la Generalitat es observado por Roger Torrent, presidente del Parlament / EUROPA PRESS

El fracaso de Torra reabre la guerra independentista

Los duros de Puigdemont buscan culpables en ERC tras el revolcón parlamentario, y los gurús mediáticos y la CUP dan la espalda al 'president', cuyo partido se envaina iniciativas por falta de mayoría

05.04.2019 00:00 h.
6 min

Quim Torra no se da por aludido tras el revolcón sufrido en el Parlament, donde ayer se aprobó una moción del PSC en la que se insta al presidente catalán a convocar elecciones o someterse a una cuestión de confianza, tal es el grado de inoperancia del Gobierno catalán. Sin embargo, esa reprobación tiene consecuencias.

Mientras los duros de Carles Puigdemont buscan culpables en ERC, los gurús mediáticos del independentismo dan la espalda al president, cuyo partido, Junts per Catalunya, se ha envainado otras iniciativas parlamentarias debido a la constatada pérdida de mayorías.

costa pujol

Josep Costa, de pie, interviene en el Pleno del Parlament junto a Eduard Pujol, ambos diputados de Junts per Catalunya / CG

En efecto, la moción de los socialistas fue apoyada por Ciudadanos, Catalunya en Comú-Podem y PP, mientras que la CUP adoptó una solución salomónica, consistente en no votar para evitar alinearse con los “partidos del 155”. De esta forma, los antisistema allanaron el terreno de la reprobación de Torra, oficializando así su divorcio con Junts per Catalunya y ERC, que en el pasado contaron con su apoyo.

Hasta que comprobaron que el Gobierno de Torra nunca implementaría la república. Por eso también exigen elecciones cuanto antes.

Apuntan a Torrent

Esa fractura secesionista no se acaba aquí. En un intento de buscar enemigos fuera, tan habitual en el mundo independentista, el entorno de Torra los ha encontrado dentro de su propios socios, esto es, en ERC. Josep Costa, vicepresidente del Parlament y diputado de JxCat, apuntó ayer al presidente de la Cámara, Roger Torrent, por negarse a contabilizar los votos de los diputados neoconvergentes procesados –Puigdemont, Josep Rull, Jordi Turull y Jordi Sànchez--, lo que decantó la votación hacia el bloque constitucionalista –62 votos a favor y 61 en contra--. Este asunto, el del voto delegado de los diputados procesados por el juez Pablo Llarena, provocó una de las crisis más fuertes entre los socios de gobierno, quienes in extremis firmaron una tregua a la espera del desarrollo del juicio del 1-O. A diferencia de ERC, y así se lo recordó la portavoz del PSC, Eva Granados, que sí que aceptó delegar el voto de Oriol Junqueras y Raül Romeva, Puigdemont impuso la insumisión a Llarena.

El entorno irredento de Puigdemont fue más allá e hizo extensivo el reproche a Torrent al veto de la investidura del fugado en Waterloo, esto es, al “presidente legítimo”.

Las puyas de Josep Costa

Previamente a esas pullas de Costa, quien en este pleno ha adquirido gran protagonismo por su duelo verbal con Inés Arrimadas, líder de Cs en Cataluña, y por haber defendido el voto contrario de su partido a la moción de los socialistas. De hecho, JxCat y ERC pretendían que prosperara una enmienda alternativa en la que denunciaban la judicialización de la política catalana y la inoperancia del Gobierno español.

Se la tuvo que envainar, al igual que una moción de los neoconvergentes sobre el voto electrónico en las elecciones sindicales en la Administración de la Generalitat. En este caso, JxCat la retiró y no llegó a debatirse, consciente de que, tal como había sucedido con la moción contra Torra, no tenía mayoría para sacarla adelante. Así lo subrayó el diputado de Ciudadanos Dimas Gragera en Twitter.

Del hundimiento de Torra dan fe también las críticas que, otrora defensores del Govern, le hayan dado la espalda. Este es el caso del productor Toni Soler, quien ayer utilizó las redes sociales para referirse a una “legislatura lanzada a la basura” de la que habrían desertado Laura Borràs y Elsa Artadi para garantizar “su futuro político”. Son candidatas a las elecciones generales y municipales, respectivamente. La respuesta del activismo independentista abundó en crucificar a Torrent. Otros callaron.