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Josep Antoni Duran Lleida, exdirigente de Unió Democràtica, en la redacción de 'Crónica Global' / LENA PRIETO

Duran Lleida: "Puigdemont es un 'cupero' que ha estado en Convergència"

El exdirigente de CiU publica 'El risc de la veritat' y señala que "el error del catalanismo ha sido no implicarse en la gobernabilidad de España desde la sala de máquinas"

María Jesús Cañizares / Manel Manchón
16.03.2019 00:00 h.
18 min

Josep Antoni Duran Lleida (Alcampell, Huesca, 1952) habla de forma franca. Con sus característicos giros, sus frases subordinadas y sus explicaciones tangenciales sobre aspectos que surgen al calor de la conversación. Se siente liberado y admite errores en su larga trayectoria política. Esas experiencias las ha plasmado en El risc de la veritat (Proa), unas memorias que constatan su alejamiento del proyecto independentista que, tal vez, y esa es su duda, él mismo contribuyó a dibujar desde el seno de CiU. En esta entrevista con Crónica Global expone y matiza su posición. Y tiene claro, pese a querer entender a todos los protagonistas, que Artur Mas cometió “un grave error, un error histórico” en 2015. “El error histórico de Mas y fue dejar el país en manos de la CUP”. Sigue en activo. Dice que no volverá a la política, pero tiene mil proyectos, como abogado, y recientemente como consejero independiente de Aena.

--Pregunta: ¿Hay unos responsables concretos que aconsejaron a Artur Mas hacia la senda independentista?

--Respuesta: No lo sé, porque han aparecido diversas informaciones sobre ello y se confunden a veces las cosas. Lo que sí sé es que hay dos dirigentes importantes: Francesc Homs, como autor intelectual y que Dios me perdone, y David Madí, como estratega. Homs es el autor de un artículo en el diario Avui, en 2007, en el que se apunta por primera vez el llamado derecho a decidir, con la idea de que España ya no interesa, de que es necesario un proyecto propio. Hay otros nombres que han surgido, como Pilar Rahola o José Antich. Pero no sé cómo han podido influir.

--Ese artículo de Homs es de 2007, por tanto es anterior a la sentencia del Estatut, del Tribunal Constitucional, de 2010. Sin embargo, el independentismo considera que esa sentencia fue esencial para justificar el proyecto independentista. ¿Lo comparte?

--Hay diversos factores. La sentencia es uno de ellos. Puede ser exhibida por un ciudadano medio que justifique pasar del catalanismo al independentismo. Puede ser utilizada por Esquerra, que, de hecho, ya era independentista. Pero no puede justificarse por parte de nadie de CiU, porque después de esa sentencia se gobernó con el PP. Lo que se debe tener en cuenta es, no tanto el contenido de la propia sentencia, como el ruido que se generó de forma previa, con magistrados recusados, con informaciones confusas de todo tipo.

--Usted asegura en el libro que mantuvo una conversación con Jordi Pujol en la que le decía, pese a que Pujol lo rechazaba, que el expresidente siempre había sido independentista.

--Sí, yo creo que siempre ha sido independentista. No se volvió, como él me dijo. Pero Pujol ha sido un líder consistente. Pensó y sigue pensando que la independencia es inviable, aunque ahora no tenga responsabilidades. Nunca lo planteó como una posibilidad real. Pero lo que yo me pregunto, ahora que he repasado mi vida política, es si pudimos contribuir a sembrar que en un día determinado ese proyecto se pudiera plantear. Y ese es mi cargo de conciencia, cuando he visto ese llamado Proyecto 2000 de Jordi Pujol, que debo decir que nadie en Unió Democràtica tuvo nunca entre sus manos. Si yo digo que la transición fue un éxito colectivo, también debo decir que el procés soberanista ha sido un fracaso colectivo. Un fracaso para todos, para el mundo empresarial, que se ha inhibido; para los políticos españoles, que no han sabido acercarse al problema desde el punto de vista político, y para los políticos catalanistas, que no supimos gestionarlo. La política ha fracasado y espero que la justicia no fracase también, para que, luego, el problema se pueda reconducir a través de la política.

--¿En qué momento, si es que hay uno concreto, usted comprueba que no puede seguir con Artur Mas?

--Hay muchas conversaciones y muchas declaraciones públicas. Nunca las he escondido. Lo dije públicamente siempre que fue necesario. Luego ha habido otras, de carácter privado. Y recuerdo una comisión interna, con reuniones en la Casa dels Canonges con Josep Rull y Lluís Corominas, y por parte nuestra con Ramon Espadaler y Josep Maria Pelegrí. Nuestra posición era clara: la autodeterminación no es aplicable en el caso de Cataluña. Todo se precipitó con la consulta del 9N en 2014. En Convergència nos reclamaban ya una definición clara y se pidió que fuera tras las elecciones municipales de mayo de 2015. Con las elecciones autonómicas de 2015 ya no fuimos juntos. Ya vimos que no tenía remedio.

Josep Antoni Duran i Lleida en la redacción de Crónica Global / LENA PRIETO

Josep Antoni Duran Lleida en la redacción de 'Crónica Global' / LENA PRIETO

--¿Hay una justificación clara que permita explicar el paso de Artur Mas? ¿Es la voluntad de tapar los casos de corrupción y el 3%?

--Yo he descartado que la decisión estuviera ligada a tapar el 3%, o la corrupción, o los casos de la familia Pujol. De hecho, creo que fue al revés. El Estado ha sido más duro con la familia Pujol tras ese planteamiento independentista. Lo que fue más determinante es la política de recortes. Sin la crisis económica, sin los recortes sociales, sin las manifestaciones contra el Gobierno de Mas, que aparecía como un alumno aventajado en esas políticas de austeridad, no se habría tomado ese camino. Alguien le dice a Mas que tome esa carta, después de la Diada de 2012, que se había convocado para el pacto fiscal. La gente pedía independencia y se apuesta por adelantar las elecciones.

--¿Y qué pasa?

--A mí me dicen que se trata de ganar tiempo. Quedaban dos años de legislatura, que, por fuerza, iban a ser una continuidad en esa política de recortes. Si se convocaban elecciones, se hubiera tenido una parte final, de algo más de un año --ese era el cálculo-- para rehacer esas políticas y esperar un mejor trato electoral. Después he visto que era otra cosa. Justo la noche antes de la reunión entre Mariano Rajoy y Artur Mas en Madrid, que los dos sabían que no iba a fructificar en nada, se produce una reunión en el Hotel Ritz en Madrid en la que se tiene claro que Mas se pondrá al frente de la manifestación para iniciar ese proyecto independentista.

--Pero, al margen de ese momento, ¿hay otro que usted no le perdona a Artur Mas?

--Yo creo que a Mas le falta consistencia política. Se deja aconsejar por personas de poco nivel, que le proponen un camino equivocado. No le critico ese paso al independentismo, que también, pero que puedo entender, sino lo que hace a partir de 2015. Se puede cambiar de chaqueta, de partido. Lo hizo Pere Esteve, que en paz descanse, al pasar de Convergència a Esquerra. Me decían que yo me iría al PP, y nunca lo hice. Pero lo que no acepto y me parece muy grave es la deriva que se toma en ese momento. Ya no fuimos juntos a esas elecciones. Y creo que alguien que dice que es business friendly, como Mas, en el sentido de que quiere fomentar la cultura emprendedora, al lado del mundo de las empresas, no puede poner el país en manos de la CUP. Antes de hacerlo podías explicar que no tenías mayoría, que se podía buscar otro socio, como el PSC, o convocar elecciones. Pero se hace lo imposible por gustar a la CUP, con la aprobación de una resolución en el Parlament que es el inicio de la desconexión, en la que se dice que no se hará caso del Tribunal Constitucional, ni de nada que provenga del Estado. Mas se deja aconsejar, no sé si por Antich, o por quién, de que debe aceptar la propuesta de la CUP. Y, además, se prescinde de él, dando pie a Carles Puigdemont. Es un grave error. El grave error histórico de Mas es entregar el país en manos de la CUP.

Josep Antoni Duran i Lleida entrevistado en Crónica Global / LENA PRIETO

Josep Antoni Duran Lleida entrevistado en 'Crónica Global' / LENA PRIETO

--¿Quién es Puigdemont?

--Puigdemont es más un cupero que convergente. Es un cupero que ha estado en Convergència. Es una razón más para remarcar la gravedad de la decisión de Mas. Si yo lo sabía, y era vecino de Convergència, como dirigente de Unió, en su partido lo sabían todavía mejor. Puigdemont, en todo caso, es coherente. Él nace con la estelada, de muy joven es independentista. No ha tenido que comprar una estelada en los chinos, como muchos otros sí lo han hecho. Por eso es tan grave lo sucedido.

--¿Lo sucedido obliga a un nuevo pacto interno en Cataluña, porque una parte de la sociedad catalana ya no abrazará el catalanismo como se ha entendido hasta ahora?

--La aventura independentista ha trastocado la cohesión interna de nuestra sociedad. Al margen de polémicas como los lazos amarillos, hay cuestiones profundas. No sé si se ha sido consciente de que mucha gente estaba dispuesta a renunciar a su lengua, el castellano, en sus relaciones personales, porque tenía voluntad de integrarse y se sentía acogida en el proyecto de ese catalanismo, que representó, entre otros, CiU. Todo eso ha cambiado y deberá ser revisable. El catalanismo, con todas sus variantes, deberá aglutinarse, y tener paciencia, porque será un proceso que tardará. Pero lo que salga, para recuperar un espacio que es pequeño, que existe, pero que ahora es muy pequeño, deberá tener en cuenta que se exigirá que todos se pronuncien claramente sobre la independencia. La oferta a los electores deberá ser clara.

--¿Quién podría liderar ese espacio? ¿Usted? ¿Santi Vila?

--No, no, yo estoy fuera de la política. No es eso lo importante. Lo importante es el espacio, lo que se defiende. En el caso de Vila no lo sé, ya lo veremos, pero ahora lo que se pide es claridad, no vale decir una cosa y la contraria. Se es o no independentista, se hace esto o aquello. En España hay gente muy cabreada, que no entienden que se pueda pedir más autonomía, si se ha sido desleal, o se entiende que se ha sido desleal. El catalanismo deberá tener todo eso muy en cuenta.

--¿Tiene una frustración por no haber sido ministro?

--No, eso se ha hablado mucho y surge en el libro. No he querido serlo, y he podido en diferentes ocasiones. Sirve para descalificarme. Yo podía haber hecho como hizo Pere Esteve, que de dirigente de Convergència se fue a Esquerra Republicana. Con mayoría absoluta del PP de José María Aznar podía haber sido ministro. A Aznar le hubiera ido como anillo al dedo, y yo le podía haber dicho a Pujol que me iba. Nuestros votos no eran necesarios. Pero no lo hice, por muchas razones, familiares, de salud, y de respeto al propio cargo.

Josep Antoni Duran i Lleida en un momento de la entrevista / LENA PRIETO

Josep Antoni Duran i Lleida en un momento de la entrevista / LENA PRIETO

--Pero, al margen de esa decisión personal, ¿no es ese el error del catalanismo, el no haber cogobernado España, una idea que Aznar ofreció de forma muy clara, y que, al no obtener la respuesta que deseaba, optó por acelerar su propio proyecto?

--Cuando Aznar propone esa entrada en el Gobierno, con mayoría absoluta, provoca una reacción contundente en Jordi Pujol, con aquel discurso del ‘tites, tites’, que anuló el acto de puesta de largo de Artur Mas como nuevo líder de CiU. Pujol sabía que esa oferta afectaba a los electores de CiU. Y Aznar también, y por eso los dos exageraron mucho sus distintas opciones. Pero creo que sí, que fue determinante, que el error del catalanismo ha sido no implicarse en la gobernabilidad de España. Siempre parecía que sólo queríamos poner la mano y desaprovechamos la oportunidad de estar en la sala de máquinas.

--¿Cree que la aplicación del 155 era necesaria?

--Era inevitable tener que aplicarlo. El origen es la actuación en los días 6 y 7 de septiembre, el 1 de octubre. Es una respuesta a todo aquello. Se provoca la aplicación del 155. No me gusta, pero está en la Constitución.

--¿Cómo ve que los dirigentes independentistas sigan en prisión?

--Hay varias consideraciones sobre todo ello. La política ha fracasadoo, y el problema no debería estar en manos de los jueces. Es una responsabilidad de las dos partes, en Barcelona y en Madrid. Yo creo que España es un Estado de derecho, con separación de poderes. Y no considero que sean presos políticos. Digo que son políticos presos. No comparto que se les pueda acusar de rebelión y sedición. Pero tampoco creo que la sentencia esté escrita. La última consideración es que no comparto la prisión preventiva, pero no por los políticos independentistas, porque también afecta a otros dirigentes, del PP por ejemplo, como Ignacio González, Francisco Granados o Eduardo Zaplana, o el caso de Sandro Rosell.

--¿Cree que está incidiendo en la comunidad internacional la campaña del independentismo en contra de la democracia española?

--En los gobiernos, para nada. No influyen. En las opiniones públicas sí hay algo más de receptividad. Pero comparar España con Turquía es ridículo. La Unión Europea tiene problemas con otros países, con Hungría, por ejemplo. Y no se ha abierto ningún expediente sobre España. Lo que sí es verdad es que las imágenes del 1 de octubre afectaron. Fueron muy negativas. Y si no fuera por la mala gestión del independentismo, justo después, esa carta hubiera sido buena para todo el movimiento independentista.

--¿Qué papel han tenido los empresarios en todo esto?

--Ha habido de todo. Pero se produjo una cierta inhibición. Y una parte, es indudable, ha participado en la financiación del independentismo.

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