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El socio fundador y directivo de Mediapro Tatxo Benet / EUROPA PRESS

Los clérigos “mandan” en Cataluña

Los 'conseguidores' y una burguesía 'patriótica' se sirven de la Administración y degradan el autogobierno de la Generalitat y la democracia

12 min

Una imagen se ha proyectado en Cataluña y también se ha construido un terreno de juego. La sociedad más moderna con el inicio de la transición ha reflejado, 40 años después, que sufre un grave problema: los clérigos “mandan” en Cataluña, los intelectuales, políticos, creadores y conseguidores que repiten el mantra de la sociedad distinta. Esa es la reflexión de expertos, desde distintos ámbitos, que han abordado la cuestión con Crónica Global después de conocer las escuchas y los mensajes desvelados por la operación judicial Voloh.

Una de las observaciones realizadas es que Cataluña dispone de una Administración potente, con un cuerpo de funcionarios de 210.000 personas, y un presupuesto de 25.000 millones de euros. Es una gran herramienta, que ha logrado --y su valoración dependerá de la ideología de cada uno-- que sea muy difícil no depender de ella en mayor o menor grado. Por ello, un empresario de la comunicación como Tatxo Benet necesita de TV3 para colocar un producto audiovisual que, además –de hecho, justamente por eso— está cargado de ideología: un documental de ocho capítulos sobre el proceso independentista con una visión netamente soberanista para animar a la parroquia.

Más "españoles" que nadie

Benito Arruñada, catedrático de Organización de Empresas en la Universitat Pompeu Fabra, señala que el catalanismo estaba empeñado en hacer ver que la corrupción era algo del resto de los españoles, o, directamente, “de los españoles”, y que “en sus ínfulas de superioridad” no se ha querido reconocer que “se han evidenciado unas prácticas tan o más españolas que en el resto del país”.

La tertuliana y escritora Pilar Rahola y el expresidente catalán Carles Puigdemont / INSTAGRAM PILAR RAHOLA
La tertuliana y escritora Pilar Rahola y el expresidente catalán Carles Puigdemont / INSTAGRAM PILAR RAHOLA

Si el proceso independentista se había iniciado con una pretensión “supremacista”, con apuestas inspiradas por científicos sociales tan reconocidos como Jordi Galí, o Andreu Mas-Colell --con la idea de que con un estado independiente se podía servir mejor al ciudadano catalán, con servicios sociales de mayor calidad—, ocho años después se demuestra que lo que se buscaba es “servirse” de esa Administración con argumentos claramente basados en el interés personal.

La frase "ilustrativa" de Xavier Vendrell

El economista Jordi Alberich, director del Instituto de Estudios Estratégicos de Foment del Treball, y buen conocedor de la burguesía catalana, interioriza esa cuestión, que es lo que pretendía el nacionalismo catalán desde la recuperación de la institución de la Generalitat, con la democracia española, y reflexiona a partir de una frase que lo ilustra todo por parte de Xavier Vendrell, el exconsejero de Esquerra Republicana cuyas conversaciones con otros dirigentes se han conocido por esas escuchas en el caso Voloh. Señala Alberich que “el nacionalismo acompaña al ejercicio del gobierno de un aura de trascendencia, que se sitúa por encima de quien se halle al frente de la Administración en uno u otro momento. Así, la ascendencia para conseguir favores del gobierno de turno no tiene fecha de caducidad. Es elocuente la expresión lastimera y enojada de Xavier Vendrell ‘Con todo lo que he hecho por este país y ahora me tocan los cojones’ al no conseguir ser atendido por Quim Torra. Ya nadie se acuerda de su carrera política, pero sus derechos adquiridos no vencen. Es uno de ellos”.

Es decir, el nacionalismo ha conseguido que se respete una máxima, la de defender a los supuestos defensores de las esencias, aunque lo que hagan es traficar o hacer negocios para sus propios intereses.

La lección de Benda

Alberich recuerda la obra de Julien Benda, La trahison des clercs, escrita en 1926, con ediciones posteriores, en las que Benda iba clarificando y actualizando lo que pretendía desenmascarar. Lo hizo en la segunda edición, en 1946, para remachar su ideal inicial, en el prefacio del libro: “Los hombres cuya función es defender valores eternos y desinteresados como la justicia y la razón, y a los que denomino intelectuales, han traicionado esa función en pro de intereses prácticos”.

Llevado a Cataluña, esos hombres “en pro de intereses prácticos” han resultado ser los más valerosos defensores del ideal de una Cataluña independiente. Conseguidores como David Madí, siempre presente, dos peldaños por detrás de la Administración aunque la abandonara formalmente tras las elecciones de 2003, en las que Artur Mas no pudo lograr el Govern de la Generalitat, o como Xavier Vendrell, o empresarios como Tatxo Benet –encargado de las imágenes tomadas en la manifestación en pro de Jordi Pujol, contra el Gobierno de Felipe González en TV3, ya en el lejano 1984-- o también productores como Toni Soler o sociólogos que apuntalan el proyecto ideológico, como Salvador Cardús –con su hijo Pere Cardús como asesor de Quim Torra con un suculento salario--. Y la siempre constante y en primera línea Pilar Rahola.

"Catalanizarlo todo"

La palabra tiene su miga. En inglés es Clerecy, y en francés se utiliza el vocablo Clerc. En castellano traducirla por clérigo puede llevar a la confusión, y se utiliza también el término intelectual. Pero es más que eso, por el trascendente religioso-nacionalista. En Cataluña son los que han animado a mantener una tensión con “España” con el objetivo de crear un estado nuevo. Pero, siguiendo a Benda, el objetivo era el de servirse a ellos mismos, utilizando la Administración autonómica.

Los gurús de Puigdemont Salvador Cardús y Agustí Colomines / CG
Los gurús de Puigdemont Salvador Cardús y Agustí Colomines / CG

Arruñada insiste en que la construcción de la Administración autonómica no se aprovechó para ningún cambio significativo respecto a la Administración española, y que los vicios y las prácticas son mayores. ¿Qué ocurre, sin embargo, en el resto de España? La dimensión y la heterogeneidad sí posibilitaron que la meritocracia jugara un papel. En Cataluña, el menor tamaño ha provocado que los círculos sean reducidos y que los que tienen verdadera influencia sean unos pocos, conectados con todos los círculos de poder, administrativos y empresariales. Señala Arruñada que “la movilidad social es cada vez menor”, porque Cataluña ha exportado un modo de hacer, producto del Estado de las autonomías, que “lo catalaniza todo”, creando estructuras de poder reducidas, con clérigos locales que destacan los signos de identidad propios desde Asturias a La Rioja y Andalucía.

Cerca de los países del este

Víctor Lapuente, catedrático en la Universidad de Gotemburgo (Suecia) y profesor visitante en Esade, considera que esas prácticas, en las que todo se consigue con intermediación, con el presupuesto de que todo es en beneficio de la tribu, tiene unas claras consecuencias: “Es una democracia de baja calidad, no es propio de democracias avanzadas ni meritocráticas”. Entre Suecia y los países del este, Lapuente señala que Cataluña está más cerca de estos últimos. Y considera que una burguesía que dependa de contratos de la Administración, que esté pendiente de influir, a través de los clérigos, no puede funcionar en el tiempo. Su idea es que se ha producido una “colonización” de los políticos en la Administración y que eso es, precisamente, lo que marca una sociedad democrática sana de otra con graves dificultades.

Víctor Lapuente, politólogo, coautor de 'Organizando el Leviatán', en la entrevista con 'Crónica Global' /CG
Víctor Lapuente, politólogo, coautor de 'Organizando el Leviatán', en la entrevista con 'Crónica Global' /CG

Pero ¿qué ocurrió? Lapuente observa que en el País Vasco, una sociedad a la que se acusa de estar muy controlada por el PNV, su Administración no tuvo un solo color, y que en los países con gobiernos de coalición los clérigos tienen menos influencia. En el País Vasco ha habido gobiernos del PNV y del PSE, con responsabilidades compartidas durante muchos años. En Cataluña, desde la creación de la Administración, en 1980 y hasta 2003, el único color fue el de CiU, y el de un nacionalismo que creó el relato.

Jordi Alberich busca el deporte como el ámbito que puede explicar el sustrato que se ve ahora tras las escuchas a expolíticos y empresarios, con una conclusión preocupante en la comunidad que se creía la más moderna cuando se recuperó la democracia, y que, verdaderamente, lo era: “Somos un país curioso. De la misma manera que el Barça es 'más que un club', la Generalitat es más que un gobierno. Una manera de entender Cataluña que ha llevado al Barça a diezmar el deporte catalán. Recordaremos como el Joventut en baloncesto, el Granollers en balonmano, o el Reus en hockey, aspiraban a las competiciones españolas y europeas. Hoy son equipos secundarios. De manera similar, la Generalitat ha debilitado esa burguesía que, bien articulada, se sentía libre para, con inteligencia y coraje, influir directamente en los núcleos de poder. Su papel es, hoy, también secundario”.

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