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Laura Borràs, saluda con la mano a su llegada al Tribunal Supremo / EUROPA PRESS

Borràs usa ahora su causa judicial por corrupción para presionar a ERC

El retraso del congreso de JxCat y los avances judiciales contra la presidenta del Parlament, una tormenta perfecta para los duros del partido y un pésimo escenario para Aragonès

5 min

Laura Borràs quiere hacer coincidir la resolución de su causa judicial con la recta final de la negociación con ERC. El objetivo no es otro que redoblar la presión sobre Esquerra y desmontar su estrategia en Madrid. La presidenta del Parlament, identificada con el sector duro de Junts per Catalunya (JxCat) al que no le importaría una repetición electoral, quema así sus últimos cartuchos ante el congreso extraordinario del partido, donde se debe elegir al presidente del Consell Nacional --órgano donde está representada la militancia, siempre más beligerante que la cúpula-- y definir la estrategia de JxCat.

Enfrentada con Carles Puigdemont por su ascendente cada vez mayor en la formación, Borràs se encomienda al activismo que, en otras épocas, arropó la causa secesionista en las calles. La política es consciente de que su hipotética inhabilitación como presidenta del Parlament --la causa por fragmentar contratos para favorecer a un amigo acaba de ser transferida al Tribunal Superior de Justicia de Cataluña-- obligaría a ERC a tomar decisiones comprometidas. Entre ellas, la de aceptar ese mandato judicial.

En ese sentido, forma equipo con el diputado Francesc de Dalmases, que también afronta la fase final de la investigación del supuesto desvío de subvenciones de la Diputación de Barcelona a CDC cuando este ente supramunicipal estaba presidido por el convergente Salvador Esteve.

'War room'

Las causas de Borràs y Dalmases, que junto a Quim Torra y Josep Costa forman parte del war room, una alianza que comenzó como una broma, pero que hoy apunta maneras de contrapoder, podrían acelerarse el próximo mes. Como se sabe, el plazo para llegar a un acuerdo que evite nuevas elecciones acaba el 26 de mayo. Tres semanas antes, concretamente los días 7 y 8 de mayo, se celebrará el congreso de JxCat que, inicialmente, estaba previsto para el 24 de abril. Fuentes soberanistas interpretan el aplazamiento como un síntoma de las pugnas internas en el partido y la necesidad que tiene Jordi Sànchez, secretario general de la formación, de ganar más tiempo para evitar un cisma.

El secretario general de Junts, Jordi Sànchez / EUROPA PRESS
El secretario general de Junts, Jordi Sànchez / EUROPA PRESS

Tal como informó Crónica Global, hay discrepancias de criterio entre la nueva y la vieja Convergència. Fuentes soberanistas aseguran que Elsa Artadi, Damià Calvet y Jordi Puigneró son partidarios de formar gobierno cuanto antes. Por el contrario, dirigentes como Borràs, el empresario Joan Canadell y otros diputados prefieren que todo reviente y convocar nuevos comicios.

Puigdemont oye los cantos de sirena de Sànchez

Y mientras Puigdemont oye los cantos de sirena que le llegan de Sànchez, éste, en los últimos días, ha abundando en la fórmula de permitir que Aragonès gobierne solitario y JxCat se quede en la oposición. Sabe que los duros del partido tienen más posibilidades de hacerse con el liderazgo ante la militancia. “Sànchez quiere quitarse de encima a unos cuantos convergentes clásicos, pero si Junts pasa a la oposición, ERC se queda con el trabajo sucio, elimina el sottogoverno convergente y, en dos años, el partido ya tendría a punto su catarsis final”, afirman las mismas fuentes, en referencia a ese plazo que Aragonès se ha dado para someterse a una cuestión de confianza si no se cumplen con las expectativas pactadas con la CUP”.

ERC rechaza esa fórmula, pero de momento no hay avances en las negociaciones. El vicepresidente en funciones aseguró ayer que está en contacto con Puigdemont y Sànchez para desencallar la investidura y que ha entregado un documento a JxCat con una propuesta para garantizar una mejor coordinación en el Govern que evite bloqueos.

Pero la estrategia que el futuro gobierno debe llevar a cabo en Madrid --¿qué hacemos si la Mesa de Diálogo falla?, es la pregunta que los neoconvergentes lanzan contra Esquerra-- y el papel que debe tener el Consejo para la República que lidera Puigdemont en el nuevo mandato son escollos que, a día de hoy, no parecen superados.