Mosén Fenosa

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Política

Mosén Fenosa: el ‘conciliari’ Pujol-Ferrusola

24 diciembre, 2023 00:00

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En una instantánea de los 80, el sacerdote Lluís Fenosa desayuna a los ocho de la mañana en compañía de Lluís Prenafeta. Ambos pasan revista a los temas de la jornada, antes del primer contacto matutino con el jefe, Jordi Pujol, en el Palau de la Generalitat.

Transcurre la primera década de Convergència en el poder tras un pacto con la ERC de Joan Hortalà, que simultanea la presidencia de la Bolsa de Barcelona con la titularidad de la Consejería de Industria. Son los años de oro. La última ascensión predemocrática de los poderes fácticos; el tiempo del rumor de sables, de las conjuras en las salas de bandera, de la gangrena interior de los concejales de Urbanismo de pequeñas ciudades, de los antipapas arrianos o del joven Rouco Varela, un alférez provisional aspirante a la púrpura moteada de brillantes.

Heribert Barrera (ERC) y Jordi Pujol (CiU) se saludan en el acto de constitución del Parlament en 1980

Heribert Barrera (ERC) y Jordi Pujol (CiU) se saludan en el acto de constitución del Parlament en 1980 EFE Barcelona

Los días de mosén Fenosa, el cura de la vespa, transcurren entonces entre despachos de miembros del Govern, antesalas de empresas semipúblicas catalanas -el caso de Petrolis de Catalunya- los encargos de sacristía y las encomiendas por el bien del país.

Es profesor de Religión en el Instituto Maragall de Barcelona, desempeña un cargo borroso en el Departamento de Enseñanza y dispone de despacho, una ventaja que envidian los cuadros de CDC, reunidos en la política como espiral de cambio, frente a una sociedad sometida. Además de asesorar al Govern, cubrir moralmente los despidos y consagrar los nombramientos, es el conciliari de la familia Pujol-Ferrusola.

Modula la vertiente montserratina del núcleo ante los abades Escarré y Cassià Maria, concede indulgencias, pero no toca el campo de los albaceas que han dominado la Compilación del Derecho Civil catalán. No entra en quién hereda el qué -terreno ferrusólico por antonomasia-, pero interviene en la dimensión fáustica y conyugal del matrimonio. Conoce el pecado original, tal vez la famosa deixa del abuelo Florenci, pero practica un silencio franciscano.

Florenci Pujol, el padre de Jordi Pujol Soley

Florenci Pujol, el padre de Jordi Pujol Soley EFE

Fenosa se refleja en el espejo del canónigo Claramunt, el personaje de Vida privada, la novela de Josep Maria de Sagarra que recrea el rastro del arte sagrado en manos de consejeros espirituales dispuestos a recuperar a buen precio los bienes desamortizados por Godoy.

No desprende la huella oscurantista de Verdaguer, en la etapa en que el poeta fue el almoiner del marqués de Comillas. Antes de su paso por la política, Fenosa trata de aproximarse al ejemplo del salesiano que asesoró a Dorotea de Chopitea viuda del industrial Josep María Serra creador de la Maquinista Terrestre y Marítima y mano derecha de Manuel Girona en la fundación del Banco de Barcelona.

Conocida como la madre de los pobres en la Barcelona triste de ochocientos, Dorotea financia el hospital de Sant Joan de Déu y el templo del Sagrado Corazón, en el Tibidabo. Su consultor salesiano es un ejemplo, desfigurado por el tiempo, del gran conciliari catalán, el arcipreste a la sombra de los patrimonios; el canónigo germinado en la privatización del Derecho, como lo hacen modernamente los Protocolos de las empresas familiares catalanas, con la ayuda de las cátedras del IESE.

Construcción en la ubicación en Esplugues de Llobregat del nuevo hospital

Construcción en la ubicación en Esplugues de Llobregat del nuevo hospital SJD

Roma y la iglesia de los protocolos son concomitantes, no iguales; el sacerdote y el conciliari -bajo la sombra de San Josemaría- tampoco son lo mismo. Ambas tendencias definen la presencia espiritual en las donaciones y herencias; y tienen el empeño común de proteger del Fisco a los grandes patrimonios.

Fenosa busca en su día la vía salesiana, pero no entra en el intríngulis económico de los Pujol-Ferrusola, del que muchos años después hemos conocido la herencia andorrana del president, el punto que condensa una causa penal discutible contra su familia. En los años 60, la creación de Banca Catalana, con Pujol al frente, es una mala copia, medio siglo después, de aquel soberbio Banco de Barcelona.

Fenosa no pisa la moqueta reinventada, huye de las maderas nobles de los despachos para refugiar su poder en el mundo mesocrático del movimiento nacionalista. Se consagra como el fontanero de Palacio, a medio camino entre el motorista de los ceses ministeriales y el estilo de los notables de la Transición, pero sin acceso a los resortes reales del poder político y financiero.

Fachada del Palau de la Generalitat, situado en la plaza Sant Jaume de Barcelona

Fachada del Palau de la Generalitat, situado en la plaza Sant Jaume de Barcelona EFE

La base social de aquel entrismo menor, la hoy mal llamada burguesía catalana, fue un empuje de artes y oficios, no de empresas con proyección internacional. La clase dirigente del XIX ha desaparecido con la extinción de los trasatlánticos, los consejeros del gran grupo de navegación creado alrededor de los Comillas, los cementeros nuevos ricos y los emergentes siderúrgicos del fin de siglo.  

Fenosa es ordenado sacerdote en 1940, estudia en el Seminario con el cardenal Jubany, nunca esconde su afinidad de juventud con el mundo falangista y oficia de cura castrense en el viejo cuartel de Sant Andreu, hoy demolido. Lo más jugoso de su biografía es el periplo centroamericano junto a sus hermanos, Prudencio y Venancio. Antes de ser consultor, el cura Lluís Fenosa bautiza a un hijo de Batista, el dictador cubano expulsado de la isla caribeña por la revolución de Castro y Che Guevara.

Venancio, por su parte, también hombre de iglesia, bendice la boda de Omar Torrijos, aquel insólito presidente de Panamá ascendido a coronel y pronto a General en la Escuela de las Américas. El político que firma los acuerdos Carter-Torrijos, que rigen todavía ahora en el Canal centroamericano, sede del Comando Sur, guillotina del istmo y salvaguardia del tráfico de materias primas.

Omar Torrijos (derecha), acompañando a campesinos panameño

Omar Torrijos (derecha), acompañando a campesinos panameño Wikipedia

Quienes cuentan las andanzas americanas de los Fenosa aseguran que Lluís entra en Cuba de la mano de los Güell, dueños de ingenios frutícolas y azucareros en ultramar. Su relación con Batista está a punto de costarle la vida, cuando es detenido por los milicianos castristas y acusado, junto a otros sacerdotes, de favorecer el desembarco de un contingente contrarrevolucionario apoyado por los marines norteamericanos, en Bahía Cochinos.

Sale de Cuba y recala en Madrid, donde es detenido de nuevo. Esta vez por la policía española y como portador de dólares en un país que prohíbe el tráfico de divisas y que incauta libras esterlinas, florines, francos o marcos a quien los declaraba en la frontera.

Son los años de la autarquía. España vive dentro de una concha, desconoce la templanza de los mercados abiertos, portadora de buenas maneras y mejores negocios. Fenosa es trasladado al penal de Zaragoza por pocos días y allí conoce al joven Jordi Pujol, sentenciado a prisión por un tribunal militar después del Fets del Palau. Nace una amistad entre ambos, cuyos lazos reforzará más adelante la política.

Jordi Pujol, en la Feria de Abril en Cataluña

Jordi Pujol, en la Feria de Abril en Cataluña FECAC

Lo más curioso es que unos cuantos billetes de dólar puedan ser considerados delito, cuando los arbitrajistas de moneda son reconocidos visitantes fiduciarios de la ciudad marroquí de Tánger, el paraíso fiscal de la época. A Fenosa le salvan sus relaciones centroamericanas. Es concretamente el ministro Sánchez Bella exembajador en República Dominicana y colaborador de Castiella en Asuntos Exteriores, quien le saca de la celda argumentando ante las autoridades de Gobernación que el capellán es un hombre viajado y relacionado con gobiernos latinoamericanos.

El conciliari vocacional se ha llevado en su mochila de recuerdos los años americanos con las gentes hacinadas como plagas de langostas, en ciudades pobres. Ha sorbido el néctar colonial en dosis menores y ha conocido plenamente la supervivencia en economías no industrializadas, dependientes de las cosechas, desprovistas de civismo, solidaridad y ayuda mutua. Sociedades marcadas por la esperanza de revoluciones y cambios radicales que, en poco tiempo, acaban sometiendo a los países bajo regímenes autocráticos. Digamos que el cura de la vespa aprende a escapar de los engaños, a reconocer las briznas que anuncian la dirección del viento.

Cuando Fenosa vuelve a Barcelona, en España está todo por hacer. Así lo entiende el profesor de instituto, resuelto a escalar por el escalafón social a través de la política. Desde el momento de entrar como militante en CDC, Fenosa despacha con las altas instancias del partido sin carpetas ni papeles. Lo tiene todo en la cabeza y, sobre todo, cuenta con la confianza ciega del número uno.

Cuando la estructura del franquismo se resquebraja entabla relación con el ministro de Educación, Cruz Martínez Esteruela, el reformista que entrega las universidades a sus rectores. Mucho antes de la normalización lingüística sus clases son en catalán y, cuando la noche del 23F está a punto de convertirse en trágica, Fenosa reúne a profesores y directores para asegurarles que el golpe ha sido derrotado, muchas horas antes de que Juan Carlos I lo anuncie por TV.

El mosén es también un enganche clave en el desembarco de Centristes de Catalunya en Convergència, una de las operaciones diseñadas durante las visitas de Fenosa a los líderes del otro partido que desmonta la estrategia de Adolfo Suárez en Cataluña.

El expresidente de la Generalitat de Cataluña, Jordi Pujol y su esposa, Marta Ferrusola, en una imagen de archivo

El expresidente de la Generalitat de Cataluña, Jordi Pujol y su esposa, Marta Ferrusola, en una imagen de archivo Europa Press

Fenosa tiene influencia en el ala más conservadora del Pujolismo, se ha convertido en un arnat en el entorno de Marta Ferrusola, por quien siente un respeto reverencial o, si se prefiere, un temor divino, marcado por la influencia de la primera dama. En el Parlament, la presencia silente del cura en los pasillos es el anuncio premonitorio de un giro inesperado de los acontecimientos.

Es un Richelieu de la política catalana; manda desde la reserva y el silencio que desatan sus comentarios inocentes, pero tenebrosos, como se demuestra en la crisis de la Dirección General de Seguridad Catalana en la etapa de Miquel Sellarès, que acaba cesado. Fenosa es reconocido telefónicamente por el sobrenombre de Juárez; llega un momento en que todos le temen.

Alarga su sombra hasta cubrir a su objetivo, como lo hace Juan Mayol, el capellán de la casa Bearn, en la enorme ficción del mallorquín Llorenç Villalonga, el Gatopardo balear. Nacido en el lugar, de origen incierto y biografía sinuosa, acogido por los señores y dedicado a la carrera eclesiástica. Un currículo de Mayol va que ni pintado para un sacerdote que, como Fenosa quién en sus ratos libres, pasea sin ser advertido por las avenidas con atriles de césped agostado sobre las aceras. Sus gafas de montura negra le cubren el rostro. Su eternidad en un día es la intriga inteligente, aparentemente dócil, la más letal.