Javier Solana

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Política

Javier Solana: bajo la clepsidra

17 diciembre, 2023 00:00

Cuando Javier Solana habla cariñosamente con Bill Clinton de su candidatura a la Secretaría General de la OTAN, recibe del presidente esta ráfaga cariñosa, entre carcajadas: “Conozco tu ficha de la CIA y me gusta... recuerdo aquellos tiempos...”.

Tres décadas antes, en un interregno de su juventud, el físico Javier Solana viaja a Londres, aprende inglés y entabla relación para siempre con un grupo de colegas del Imperial College. Desea doctorarse en EEUU, recala en Charlottesville (Virginia) y vive de lleno el momento fatal del asesinato de Martin Luther King y de Robert Kennedy, sobre el telón de fondo de la guerra del Vietnam. Allí aprende el acceso fácil a las cosas difíciles. Tras su regreso a España, inicia su carrera académica en la Autónoma de Madrid, bajo el consejo de su maestro Nicolás Cabrera. Entra como joven profesor, en el Campus de Cantoblanco, y se convierte en catedrático.

Javier Solana con Bill Clinton

Javier Solana con Bill Clinton

Su debut en la política en las filas del PSOE de Felipe González adquiere cuajo cuando la URSS se está cayendo a trozos. Solana acompaña al rey Juan Carlos a Polonia y tiene ocasión de conocer al presidente Jaruzelski, uno de aquellos héroes cuya virtud no reside en el triunfo, sino en saber escuchar a los otros. Mijaíl Gorbachov, el hombre decisivo de la glásnost y líder de la URSS, visita Varsovia aquellos mismos días, donde afirma que las reformas democráticas deben ser seguidas por Alemania del Este (DDR) y por el resto de los países de la órbita soviética, si estos valoran su futuro. De inmediato, la DDR abre la posibilidad de reunificar el país junto a la Alemania Federal.

La Crimea de Gorbachov y Raísa

El entonces canciller Helmut Kohl da el golpe de mano: unifica Alemania, destruye el muro de Berlín, y Alemania entra en la OTAN como un país unido. En Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Rumanía y Bulgaria, el damerograma de Moscú sobre la Europa Central se hace añicos. Gorbachov trata de mantener el tipo con un Nuevo Tratado de la Unión, pero recibe a cambio un golpe de Estado con secuestro incluido de la dacha vacacional del presidente, situada en Crimea. Mijaíl y su esposa, Raísa, están dentro de la mansión, recostados en almohadones, finamente bordados; el hombre de frente ancha y rostro surcado por las arrugas y la mujer de pelo gris, ojos miel y dedo meñique adornado con chapón de topacio, al estilo de la Rusia blanca.

En diciembre de 1991, Boris Yeltsin, presidente de la República de Rusia; el ucraniano, Leonid Kravchuk, y el bielorruso Stanislav Shushkévich, las tres grandes repúblicas soviéticas, firman un tratado para la disolución de la URSS, el mismo día en que Gorbachov anuncia su dimisión. Los tres dirigentes rusos que aplican el fin del pasado viven rodeados de lujo comparado con el estilo austero de la mesocracia soviética, obligada a las renuncias. En el momento de estampar su firma, los tres presidentes ocupan una sala amplia del Kremlin con revestimiento de madera clara, paredes forradas de librerías de estilo Regency, con un centro decorativo pintado en trompe-l’oeil.

Javier Solana presidente de ESADEgeo, en la entrevista con 'Letra Global' / LUIS MIGUEL AÑÓN (LETRA)

Javier Solana presidente de ESADEgeo, en la entrevista con 'Letra Global' / LUIS MIGUEL AÑÓN (LETRA)

Ante los ojos de Javier Solana, la descomposición del bloque del Este cambia la piel del planeta entero. La iniciación de Rusia en los mercados manifiesta precisamente un desconcierto de la clase dirigente respecto a la fijación de precios, la regla más elemental. En pasado ha sido más barato adquirir una antigüedad en las tiendas de San Petersburgo que un kilo de patatas en cualquier mercado de barrio de Moscú; la experiencia demuestra muy pronto que el fin del comunismo es el capitalismo de Estado, donde solo prosperan los monopolios de la oferta y los grandes conglomerados empresariales, atentos a los precios regulados.

El tiempo incierto

Cuando el resto de las repúblicas soviéticas declara su independencia, Rusia tiene fronteras con siete nuevos Estados. El sistema bipolar de la Guerra Fría se convierte en la incontestable hegemonía de EEUU y el fin del antiguo régimen, nacido tras la segunda guerra mundial, se certifica en la cumbre Helsinki, de 1992. Javier Solana acude como ministro de Exteriores español y tiene ocasión de saludar a viejos conocidos, como el presidente Bush y el secretario de Estado James Baker.

La agenda del influyente diplomático español es ya un desfile de personalidades descollantes. Él ha seguido incrementando sus contactos, basados en la pulcritud del trato de quien vierte mensajes sin detenerse en los relojes de pulsera de sus contrincantes, sean autómatas, bibelots o artefactos animados. El Solana político mantiene intacta su capacidad de sorprenderse; nunca abandona al físico de vocación académica que lleva dentro, con una troupe de amigos de juventud con los que un día se sentó en pupitres cercanos o hizo montañas de arena en las playas.

Javier Solana y Felipe González en un acto del 2019

Javier Solana y Felipe González en un acto del 2019 EFE

En su caso, la cristalización mental del hombre público acompasa su éxito sin ademanes atolondrados. Es un “socialdemócrata de ciencias”; su punto de partida no es el ético, ni el del politólogo. Lo importante en su oficio no es el contacto, sino el análisis; el punto de vista de un pacifista que influye, por ejemplo, en la reunión de la Organización de Seguridad y Cooperación Europea (OSCE) de Budapest, en 1994.

El memorándum de aquella cumbre desnucleariza Ucrania, que ya es un país independiente, a cambio de acuerdos que ponen punto final aparente a las disputas de territorios comunes con la República de Rusia. Pero la herida no cicatriza; al contrario, se aviva 10 años después con la conquista de la península de Crimea por parte del presidente Putin. Crimea, la península de Gogol y de los balnearios con casas de juego que frecuentó Dostoievski, solo es el comienzo; y afectivamente, hoy el jinete de la guerra está de vuelta, desde hace dos años. Desnuclearizar Ucrania ha resultado ser el fin de una disuasión que impedía la guerra. Sobre una nación que ha sido garantía de seguridad para Europa Central, el autócrata de Moscú ha reabierto el culto a la muerte.

El rey Juan Carlos recibe a Javier Solana en audiencia, en 2009

El rey Juan Carlos recibe a Javier Solana en audiencia, en 2009 CASA REAL

En el libro Reivindicación de la política (Debate), Javier Solana consagra el principio de la política: “Hacer presente el futuro”, una suerte de anticipación, muy destacada en el texto, elaborado junto al periodista Lluís Bassets, que acaba con la hegemonía de la gestión meritocrática y con la ideología pura defendida tradicionalmente por la izquierda. A cambio, expande dos conceptos cuya vinculación puede allanar el mañana: la imaginación y la prudencia. Dos versiones que se hacen compatibles en Testigo de un tiempo incierto, la biografía recién publicada de Solana, el exministro socialista que desempeñó el cargo de primer embajador de la UE.

En el texto se explaya en su etapa militar en la OTAN, un rango de cariz siempre anglosajón, que por una vez designa a un europeo del sur por decisión de Washington. Le comunican su elección en el último suspiro del largo mandato de Felipe González en Madrid. Empieza entonces una etapa frágil de cooperación entre Rusia y Europa, dos columnas capaces de asegurar la paz en el continente, como demostró la entrada de IFOR en Bosnia. Estamos muy lejos de 1959, el año en que los tanques del Pacto de Varsovia entraron en Hungría y también de la Primavera de Praga aplastada por los mismos tanques.

Se abren las puertas de un acuerdo en materia de defensa que quiere abarcar desde Finisterre hasta Samarcanda. Pero, en el último momento, las autoridades rusas declaran que no pueden establecer una alianza con la OTAN; proclaman la doctrina llamada de “profundidad territorial”, que implica la imposibilidad de tener fronteras directas con Occidente y la necesidad imperativa de influir en las repúblicas declaradas independientes, sean o no amigas de la Federación Rusa. Es la vuelta al pasado, con Moscú en el centro de un radio de acción que atraviesa los Cárpatos y parte por el medio el mar Negro.

Javier Solana

Javier Solana SIMÓN SÁNCHEZ

Solana vive poco tiempo las mieles de una paz que se presume duradera, muchas veces imaginada sobre un mantel, junto al subsecretario de Estado norteamericano, Strobe, y al viceministro ruso, Georgy Mamedov, en la cocina de los Talbott, en Washington. Sus papeles desprenden la base científica y metodológica, pero sobre todo es en la distancia corta donde Solana convence.

El buen clima entre los dos bloques se tuerce con el nombramiento de Yevgueni Primakov como ministro ruso de Exteriores: “Rusia tiene derecho por motivos de seguridad nacional a impedir la entrada en la OTAN de países del Estado postsoviético”. Llegado el momento de ampliación de la OTAN, la cumbre de Madrid decide la entrada en la Alianza de Hungría, Polonia y República Checa. De allí sale una carta de relación especial con Ucrania, elaborada por Solana durante un viaje en barco sobre el río Dniéper, desde Kiev a Dnipró, la navegación aguas arriba por el tercer río más grande de Europa, después del Volga y del Danubio.

El presidente de EsadeGeo y exsecretario general de la OTAN, Javier Solana / EUROPA PRESS

El presidente de EsadeGeo y exsecretario general de la OTAN, Javier Solana / EUROPA PRESS

Ucrania se convierte velozmente en la perla deseada por Eurasia y escogida por la UE. Sebastopol es la sede de instalaciones estratégicas dotadas de submarinos nucleares y miles de soldados sobradamente equipados. Pero todo se cae como un castillo de naipes cuando se pone fin a la industria nuclear y la financiación exterior emigra en busca de mercados más rentables. Los salarios impagados en la zona militarizada alcanzan los 3.000 millones de euros.

Gaza

Desde su etapa en la Alianza y también como Alto Representante de la UE, Solana lleva a Gaza en el corazón. Tras los bombardeos ordenados por Tel-Aviv, Israel entra por tierra en la franja, pero no sabe lo que se va a encontrar en un territorio desabastecido y humillado. El diplomático y científico trata a menudo de descoser los mensajes mayoritarios; en el caso de Oriente Medio, se distancia de la solución fácil de los dos estados legítimos, Palestina e Israel, y destaca las palabras de Biden dirigidas al premier israelí, Netanyahu: “No se equivoquen ustedes al responder al terrorismo de Hamás, como se equivocó EEUU, tras el 11S, cuando nuestros dirigentes actuaron con afán de venganza” (entrevista de Sergio Fanjul, en El País).

El libro de Javier Solana 'Testigo de un tiempo incierto'

El libro de Javier Solana 'Testigo de un tiempo incierto'

Los Balcanes

Cuando, en la primera mitad de los años noventa, los nacionalismos balcánicos se levantan, la Europa del Este pierde peso ante la gravedad de la crisis de la antigua Yugoslavia. El presidente de Serbia, Slobodan Milosevic, se convierte en el carnicero de la sociedad civil bosnia; masacra la Herzegovina central, un Campo de Marte de la destrucción y la migración forzosa. En los márgenes del río Neretva se impone la limpieza étnica decretada por el Gobierno de Belgrado. Solana y la diplomacia occidental encuentran un mundo de supervivientes, que resistieron en su día la Serbia ocupada por Hitler, pero que hoy están dispuestos a imponer sus razones por las armas; las cancillerías y los estrategas militares de la OTAN identifican a los descendientes de los chetniks de Mihailovic que ahora son los asesinos de bosnios bajo el mando de Radovan Karadzic. Se impone la muerte masiva de los croatas de origen judío y gitano a manos de los nuevos ustachas o se facilita el exterminio musulmán a manos de los serbios autoproclamados.

Solana llega al frente de los Balcanes después de que el expresidente francés François Mitterrand haya realizado unas célebres y lamentables declaraciones, en el Frankfurter Allgemeine, asegurando que Croacia ha sido en el pasado el país aliado de Hitler y no Serbia. Pero la paz está entonces del lado croata, mientras que la política de Belgrado es expansiva y solo está dispuesta a sentarse a una mesa de negociación computando el peso territorial de sus conquistas en la guerra. Solana aprende a escuchar al otro, sin levantar la voz, a pesar del ruido de cañones y misiles. Su forma de ser un Richelieu emana de la razón, no de la fuerza. Vive con la imaginación envuelta de objetos que le recuerdan su pasado; su espacio verde debe ser una clepsidra a escala reducida, como las que ofrecen los visires de Oriente al caminante desarmado.

La exministra de Defensa Carme Chacón se reúne con Javier Solana, en 2008

La exministra de Defensa Carme Chacón se reúne con Javier Solana, en 2008 EUROPA PRESS

El físico español que lidera la OTAN sabe muy bien que un político puede desconocer la historia, pero jamás debe ser desconsiderado con ella. La antigua Yugoslavia tiene memoria y lo único cierto, si nos remontamos a la etapa del mariscal Tito, es que los territorios soportan campos de concentración, cárcel y ejecuciones sumarísimas para los disidentes. Las naciones nacientes viven bajo la sombra del miedo: temen la vuelta de la Gran Serbia y las matanzas de la URSS, y los temores se hacen realidad en el cerco a Sarajevo y en el de Vukovar. Todos saben que el mundo está dando un giro copernicano; no se puede volver a los pactos entre Molotov-Foster Dulles de 1945; hay avances que impiden retroceder para encarar de nuevo el camino. La OTAN bombardea Belgrado y acaba con la hegemonía de las milicias serbias y albanesas en las trincheras.

Después de los Balcanes, el concierto de un nuevo orden mundial tiene dos caminos: la concertación o la violencia. Solana predica este principio y vuelve a lo mismo cuando ya retirado se hacen realidad sus temores ante un líder autoritario como Putin. La esperanza de paz en la Ucrania invadida es una constante. El español que más alto ha llegado en los organismos internacionales participa ahora en think tanks de política internacional, con el mismo tono pausado de siempre. No interviene en las instituciones gubernamentales, pero aconseja a la primera línea de la geopolítica mundial.