Entrevista a Ignacio Martín Blanco en Crónica Global

Entrevista a Ignacio Martín Blanco en Crónica Global Simón Sánchez Barcelona

Política

Martín Blanco (PP): “Feijóo quiere menos guerracivilismo, por eso me fichó”

El exdirigente de Ciudadanos y ahora cabeza de lista de los populares por Barcelona para el 23J ve "un éxito" que su partido haya evitado que la capital catalana "caiga en manos del separatismo y que Colau siga gobernando la ciudad"

20 junio, 2023 23:30

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Ignacio Martín Blanco (Barcelona, 1982) ha dejado Ciudadanos para ser cabeza de lista del PP catalán por Barcelona en las elecciones generales del 23 de julio. Considera que a la política le falta más amabilidad y cortesía, y le sobra agresividad y violencia verbal.

"A mí me gusta un discurso de lealtad española hecho en catalán", asegura en una entrevista con Crónica Global, tras reivindicar el compromiso del PP "firme y contundente" contra "la exclusión del español" en Cataluña.

Su salto de Ciudadanos al PP ha sido algo meditado o fruto de las circunstancias?

De una meditación, sin duda. En la rueda de prensa que di para explicar que dejaba el Parlamento de Cataluña y que dejaba a mis cargos orgánicos en Ciudadanos, cité la frase de Ortega y Gasset de “yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella, no me salvo yo”. Pues, efectivamente, esto es una cuestión que tiene que ver conmigo, con mi trayectoria política, mi ideología, mi manera de entender la sociedad catalana y española, y tiene también que ver con mis circunstancias, con las circunstancias que me rodean, que son cosas que obviamente no controlo. En la ejecutiva posterior a las elecciones del 28 de mayo, expresé mi reserva sobre la viabilidad del proyecto de Ciudadanos. Es posible que me equivoque, pero yo creo que Ciudadanos tiene difícil su continuidad en el mapa político español y realmente a mí me parece lo más razonable del mundo que un constitucionalista catalán de centro decida aceptar una propuesta de Alberto Núñez Feijóo para encabezar la lista por Barcelona en las elecciones generales. Me parece una cosa de lo más coherente, de lo más razonable y de lo más compatible con mi trayectoria política.

¿Discrepar sobre la continuidad de Ciudadanos fue, entonces, determinante?

La verdad es que Ciudadanos ya había encadenado una serie de malos resultados que hacían que mucha gente te preguntara “oye, ¿realmente vale la pena?”. Al final, yo creo que un partido político es un instrumento al servicio de la ciudadanía. Un partido político no es ni una secta, ni una agrupación de amigos. Esencialmente, un partido político es un instrumento para llevar a cabo políticas en el seno de una sociedad, para llevar a la práctica programas políticos, ideas, visiones del mundo. Yo tengo siempre muy presente lo que me ha dicho uno de mis grandes maestros en la vida, el compromiso político no es con un partido, sino con la ciudadanía. Yo concibo los partidos políticos, insisto, como instrumentos, como medios, y no como fines en sí mismos. Yo creo que eso es lo que explica completamente mi decisión y ciertamente a mí me parece que el PP de Feijóo representa hoy las políticas moderadas, de progreso económico. Las políticas que van a llevar a España a salir de una situación institucional, social, política y económica ciertamente preocupante. Apostar por el Partido Popular de Feijóo sería lo mejor que podrían hacer los españoles. Y por eso yo, como ciudadano español, como ciudadano catalán, constitucionalista, me sumo a este proyecto.

Entrevista a Ignacio Martín Blanco para Crónica Global

Entrevista a Ignacio Martín Blanco para Crónica Global Simón Sánchez Barcelona

Ha comentado que había recorrido para un centroderecha, ¿esa será su aportación al PP, ocupar ese centroderecha que sin Cs parece huérfano?

Ahora mismo, el votante del centro derecha no tiene otra alternativa razonable que votar al PP. Esa es mi impresión, esa es mi opinión, y obviamente respeto cualquier otra posición. Hace tiempo que vengo pensando que el votante liberal de centroderecha tiene como referente, como voto refugio, el PP, y creo sinceramente que eso es lo que presidirá el comportamiento electoral de los españoles el 23 de julio. Efectivamente, yo creo que esas ideas de igualdad entre españoles, esas ideas de progreso económico, de bajada de impuestos, las ideas en definitiva que son mollares en el discurso liberal ahora mismo las encarna mejor que nadie Feijóo. Yo puedo aportar o abundar en esa línea, y creo que eso es lo que percibe una mayoría de españoles.

Estamos en plena negociación de pactos entre PP y Vox. ¿Se siente cómodo con esas alianzas? En el Parlament, usted siempre ha demostrado un perfil de persona moderada

Bien, yo en este sentido creo que uno ha de ser coherente con lo que viene defendiendo en los últimos años, y yo siempre he defendido la exigencia democrática y ética de entenderse con los adversarios políticos, de saber aceptar la diferencia, de reconocer que una democracia se basa entre otras cosas en el respeto al pluralismo. El problema viene precisamente de que, a partir de un determinado momento, el otro gran partido de Estado que tiene nuestro país, el PSOE, normaliza los acuerdos con Bildu y ERC, y permite la entrada de Podemos en el Gobierno. Quien normaliza los acuerdos con Podemos, con Bildu, con Esquerra Republicana, a lo largo y a ancho de toda España, no está en disposición de dar lecciones morales a los demás sobre con quiénes pueden pactar o no. Es ciertamente contradictorio pactar con Bildu y luego decirle a otro partido, en este caso el PP, si puede pactar o no puede pactar con otros partidos. Yo soy muy partidario de arrumbar el lenguaje guerracivilista, de arrumbar la confrontación cainita entre españoles, pero me parece que es imprescindible que en el otro lado haya alguien que recoja ese guante y diga “bien, vamos a hacer pactos por la centralidad, vamos a hacer pactos de Estado, vamos a hacer política de altura pensando en el bienestar general de los españoles”, y no pensando en los intereses partidistas y, en este caso, los intereses partidistas regionales. A mí me parece que eso es un principio que debería presidir la política española. Y si eso fuera así, yo creo que otro gallo cantaría en nuestro país.

Reformulo un poco la pregunta. ¿Un gobierno de PP y Vox significa deconstruir todo lo que se ha hecho en este mandato? ¿La ley de protección de las mujeres, la ley de eutanasia…?

Vamos a defender la igualdad y un Estado que nos lleve a alcanzar los objetivos históricos del feminismo a lo largo de todo el siglo XIX y, por supuesto, a lo largo del siglo XX. Las luchas feministas por alcanzar la igualdad real entre ciudadanos, entre personas, no creo que sean un mérito privativo de la izquierda ni muchísimo menos. Podríamos recordar a Clara Campoamor, por ejemplo, como gran referente liberal en la defensa de esa igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. Yo creo que eso no es privativo de la izquierda. Yo creo que el sanchismo representa fundamentalmente degradación institucional, degradación de la gramática pública, del discurso público, degradación de la economía y, sobre todo, un revisionismo histórico que ha lastrado profundamente la convivencia entre españoles. Es fundamental que pasemos página de ese periodo ominoso de cinco años de sanchismo, pero no tanto por las cuestiones que tienen que ver con la igualdad, más bien al contrario, yo creo que lo fundamental es que durante los gobiernos socialistas y del Partido Popular, cada uno en sus momentos históricos diferentes, ha habido un avance en la defensa de la igualdad, en la defensa de las mujeres, en la defensa en definitiva de esa idea universal de que todos somos libres e iguales, como concepto moderno de democracia liberal. Insisto en que no puede ser considerado un valor exclusivo de la izquierda. El PP y otros partidos de centroderecha a lo largo de la historia de España, la UCD y por supuesto Ciudadanos, han defendido eso y no creo que de las declaraciones que ha hecho el señor Feijóo se puede inferir para nada lo contrario. Más bien le veo muy firme en la defensa precisamente de políticas de igualdad, en la defensa de políticas de protección de la mujer frente a la violencia machista y yo creo que eso es o debe ser innegociable en lo sucesivo.

El independentismo calificó el apoyo de comunes y PP al candidato socialista Jaume Collboni como alcalde de Barcelona como una "operación de Estado" o como "una aplicación del 155". ¿Qué opina?

Bueno, esos son los disparates habituales de los partidos nacionalistas, que cualquier cosa la atribuyen a la supuesta perversidad del Estado español, y a cualquier cosa le llaman 155. Pero más allá de ese tipo de ocurrencias, que ya resultan sencillamente ridículas, lo que pasó el sábado en el Ayuntamiento de Barcelona es un hecho histórico, es un momento de compromiso histórico con la estabilidad, con el constitucionalismo. Un compromiso histórico del PP al servicio del conjunto de los españoles y también al servicio de los barceloneses, que no querían un gobierno separatista. En el momento en que Trias ofrece a Maragall ese acuerdo de gobierno es evidente que la situación cobra un cariz preocupante. A partir de ahí, al PP se le exige asumir su sentido de la responsabilidad, su sentido del deber. Asumiendo esas premisas, Daniel Sirera acaba tomando la decisión correcta, que es darle sus votos al candidato del PSC como mal menor. ¿Quiere eso decir que nos entusiasme el gobierno de Collboni? No, pero es verdad que haber conseguido evitar que Barcelona caiga en manos del separatismo y a su vez evitar que la señora Colau siga gobernando la ciudad de Barcelona me parece un éxito, y por tanto creo que la decisión es adecuada y correcta.

Pues sigue cuajando la idea de que cuestionar las políticas independentistas es catalanofobia

Este tipo de pactos puede contribuir a eso, a no estar ya en una situación de bloques ni de confrontación. Sin duda, todo nacionalismo se basa en el miedo, se basa en el infundir miedo a la sociedad, a la que supuestamente dicen querer liberar, y lo que hacen es someter a la sociedad a un régimen de miedo, de victimismo, de desconfianza hacia los adversarios políticos, de desconfianza hacia el resto de tus conciudadanos. Todo eso es el nacionalismo en cualquier latitud del mundo, pero también en Cataluña. Se basa en decirles a los ciudadanos de Cataluña que cualquier gobierno que no sea suyo es un gobierno catalonófobo, un gobierno contra Cataluña. Eso no es así, no ha sido nunca así y es más bien al contrario, el nacionalismo es profundamente perjudicial, si se quiere hasta contraproducente para los intereses de Cataluña, y yo creo que eso se ha ido viendo estos años. El proceso ha sido una auténtica calamidad para Cataluña, ha sido un auténtico desastre y creo que muchos catalanes de diversa ideología lo han acabado asumiendo. Incluso catalanes con veleidades catalanistas han acabado asumiendo que el procés, esa pretensión de separar a Cataluña y el resto de España, ha tenido resultados nefastos para Cataluña. Y eso electoralmente se ha acabado traduciendo en el gobierno de la ciudad de Barcelona, que el PP, por responsabilidad, acabó poniendo en manos del señor Collboni. Y se ha acabado viendo también en los resultados de los sucesivos comicios. Todavía no es lo suficientemente importante ese cambio que se opera en la sociedad catalana, pero yo espero que las próximas elecciones generales sean un momento en el que se vea claramente que muchos catalanes han pasado página del procés, que tienen ganas básicamente de hablar de bienestar, de la ciudadanía, del estado del bienestar, de la economía y de los problemas que tiene la ciudadanía que son comunes a nacionalistas y no nacionalistas. Esa ha de ser nuestra premisa que hará las próximas elecciones generales, por lo menos en lo que a mí respecta como candidato por Barcelona al Congreso de los Diputados.

Tras ese apoyo a Collboni, ¿el PP pide paso para decidir la presidencia de la Diputación de Barcelona?

Sin duda sería bueno, por lo menos sería bueno para Barcelona. El PP ha demostrado sentido de la responsabilidad, ha demostrado ser capaz de arrumbar las diferencias ideológicas para ponerse al servicio de los intereses generales o del interés general, y si eso ha sido así, en Barcelona será exactamente igual de cara a la Diputación. Un nuevo acuerdo sociovergente en la Diputación sería perjudicial para Barcelona. No olvidemos que la Diputación tiene un presupuesto inmenso, que decide sobre aspectos fundamentales de la vida cotidiana de los ciudadanos. Por eso para nosotros es tan importante que el PP sea también decisivo en la Diputación y sin duda esa es nuestra aspiración.

Entrevista a Ignacio Martín Blanco para Crónica Global

Entrevista a Ignacio Martín Blanco para Crónica Global Simón Sánchez Barcelona

El empresariado catalán fue poco proactivo en rechazar el procés. Ahora aplauden el discurso de Feijóo en las jornadas del Círculo de Economía.

Siempre he sido muy escéptico con esa pretensión de señalar al empresariado como factor que ha alimentado el procés. Al empresariado lo que hay que hacer es no ponerle trabas, no ponerle palos en las ruedas para que pueda generar riqueza. Los gobiernos lo que tienen que hacer es gestionar esa riqueza y no perjudicarla. Evidentemente, en Cataluña hemos tenido gobiernos que han perjudicado profundamente la capacidad de generación de riqueza de los empresarios catalanes, que no sólo es fundamental en el conjunto de España, sino que también han tenido la capacidad para exportar al resto del mundo, ese binomio tan exitoso que es la marca Barcelona junto con la marca España. Y yo creo que eso, los empresarios catalanes lo han tenido siempre meridianamente claro. Yo creo que toda la sociedad catalana debe exigirse la responsabilidad de poner freno a los excesos del nacionalismo, de decir “hasta aquí hemos llegado, esto no puede seguir así”. Pero a mí, responsabilizar al empresariado del avance del nacionalismo me parece que forma parte de ese discurso antiempresarial que por desgracia tanto gusta en buena parte de España. Al final los empresarios parecen tener la culpa de todo cuando los empresarios fundamentalmente son un factor de crecimiento económico, y yo creo que es muy importante poder decir estas cosas tanto en público como en privado. Por eso el discurso de Feijóo encaja muy bien o cae muy bien entre el empresariado catalán, porque es un discurso pragmático, es un discurso de querer ir a las cosas, de querer dejarse de grandes abstracciones esencialistas y de debates ideológicos o terminológicos que no conducen a ningún lado y dedicarse a las cosas del día a día. A la economía, al pragmatismo con firmeza, pero con amabilidad. ¿Qué problema hay en ser cortés? ¿Qué problema hay en ser amable, qué problema hay en ser constructivo?. Yo creo que ninguno, y que estamos en un momento en que la sociedad catalana y el conjunto de España demandan precisamente más cordialidad, demandan más amabilidad, menos ruido, más cortesía, menos agresividad, menos violencia verbal, menos guerracivilismo, en definitiva. Y eso Alberto Núñez Feijóo lo encarna perfectamente y, sinceramente, creo desde la modestia que ese es uno de los motivos que llevan también a mi fichaje por el PP. Es lógico que eso guste a quienes quieren estabilidad política y económica.

Feijóo habló de la necesidad de hacer frente a la deuda pública, de moderación fiscal ¿La reforma laboral también está en el foco del PP?

Lo fundamental es recuperar la capacidad económica de nuestro país, dejar de exprimir la economía de las familias, dejar de señalar, como decía antes, a los empresarios como si fueran agentes del mal. Todo lo contrario, hay que reconocerle su importancia para el desarrollo de nuestro país. Y facilitar que las familias tengan capacidad para llegar al fin de mes. Cataluña somos los ciudadanos de España que pagamos impuestos más altos en las rentas inferiores a 30.000 euros. Ese tipo de cosas hay que cambiarlas necesariamente, y todo aquello que se pueda hacer desde el Gobierno de España para evitar que haya comunidades autónomas a las que se asfixie literalmente con impuestos que van destinados a delirios identitarios. Hay que hacerlo con firmeza y con contundencia. Por eso creo que es tan importante tener un compromiso para el conjunto de España. Barcelona y Cataluña deben volver a ser el motor y vanguardia de España desde la legalidad y desde la cooperación con, por ejemplo, la Comunidad de Madrid. Cada semana cojo el AVE, veo a centenares de miles de catalanes yendo a Madrid a trabajar, volviendo de Madrid, hablando catalán, hablando castellano… Una convivencia absolutamente armónica y normal, que creo que es la normalidad de las familias, de las terrazas, de las calles en Cataluña. Debemos hacer normal en las instituciones lo que ya es normal en la calle. Eso es lo que pretende el PP de Alberto Núñez Feijóo y en lo que yo estoy comprometido. Sinceramente, cometería un gran error el próximo presidente del gobierno de España si no atendiese esos nuevos vientos de querer pasar página del guerracivilismo, de la confrontación que ha presidido el debate público en España en estos últimos años.

En Ciudadanos siempre se criticó que tanto PP como PSOE no fueron proactivos en la defensa del castellano y del cumplimiento de las sentencias judiciales

Me gustaría dejar claro algo que, quienes me conocen, saben qué he dicho en privado y en público. No hay equidistancia posible en ese aspecto entre PP y PSOE. Lo que ha hecho el Partido Popular no tiene absolutamente nada que ver con la condescendencia y la claudicación del PSOE en relación a la inmersión lingüística, a la exclusión del español en las escuelas de Cataluña. Dicho lo cual, es evidente que es imprescindible que en Cataluña se respeten las sentencias, como se hace en el conjunto de España. Que los niños catalanes tengan la oportunidad de educarse en sus dos lenguas propias, porque son propias en Cataluña. La exclusión del español tiene que acabar de forma definitiva y en eso debemos comprometernos de forma firme y contundente. Estoy convencido de que así será. Yo muchas veces he comparado Cataluña y otras comunidades autónomas, por ejemplo, Galicia. Y siempre digo una cosa: a mí un discurso de lealtad a España, un discurso de amor a nuestro país hecho en las diferentes lenguas españolas, diferentes del español o del castellano, me parece una cosa maravillosa. A mí me gusta un discurso de lealtad española hecho en catalán, con referentes de lengua y cultura catalana. Me parece una cosa ciertamente prodigiosa que debemos fomentar, que debemos alimentar, y no creo que eso perjudique al conjunto España, sino más bien lo contrario. España, como Estado democrático surgido de la Transición que culminó esa obra maravillosa de la Constitución del 78, tiene uno de sus pilares fundamentales en la protección y la defensa de las lenguas españolas diferentes del español. El problema es que ese principio, noble y que debemos seguir aplicando, ha sido pervertido por los nacionalistas que han pretendido inferir ahí la exigencia de excluir el español de la vida pública de Cataluña. Si el todo es plural, España es plural, y tanto más lo es Cataluña. Y por tanto, oiga, reconozcamos por un lado la pluralidad de España, que ya se hace, pero también la pluralidad de Cataluña. Y en ese aspecto el español es una parte esencial de la cultura catalana, como el catalán es una parte esencial de la cultura española.

¿Una ley de lenguas española para reconocer esa pluralidad?

España es un país que reconoce su pluralidad como nadie de nuestro entorno. Solo hay que ver cuál es la situación de algunas de las lenguas españolas diferentes del castellano en otros países. Por ejemplo, la situación del catalán en la llamada Catalunya Nord. Solo hay que ver cómo tratan las lenguas diferentes de la lengua nacional en otros países como Italia o Alemania. Creo que España es un país modélico en ese aspecto. Y lo que me preocupa es que ha dejado de serlo precisamente por la pretensión de excluir el español de las comunidades autónomas con dos lenguas oficiales. Todo lo que sea reivindicación de autores en lengua catalana que han sido tan leales al conjunto de España como autores castellanos, gallegos, extremeños y otras partes de España. Todo lo que sea reivindicar la grandeza de la cultura española en sus diferentes manifestaciones lingüísticas y culturales me parece maravilloso. Me gusta la idea de poner en valor, como se dice ahora, la importancia de Cataluña y de la cultura catalana en el progreso de España, no al servicio de los nacionalismos. Hay que poner definitivamente freno a esos excesos del nacionalismo y a su influencia en la vida política española.

En una ocasión, hace años, decidió que nunca volvería a TV3. ¿Han cambiado las cosas en la televisión catalana?

Es verdad que la situación es diferente de hace unos años, no es la de 2017. Por suerte, la sociedad catalana se ha reencontrado, pero ha faltado una cosa fundamental, que es la confianza entre ciudadanos catalanes de obediencia o de ideología nacionalista y los ciudadanos catalanes no nacionalistas o constitucionalistas. Ganaríamos mucho como sociedad si recuperásemos la confianza, si pudiésemos hacer proyectos empresariales y culturales, proyectos educativos conjuntos. Eso es lo ideal, tenemos que recuperar la confianza entre catalanes. Yo tengo siempre muy presente el caso de Quebec, donde se quebró esa confianza entre quebequeses, nacionalistas y no nacionalistas, y prácticamente no se ha recuperado. Sobre TV3, la sociedad catalana está mejor que hace un tiempo, pero no creo que eso sea una cosa, digamos, pretendida o anhelada por el nacionalismo. Al contrario, yo creo que el nacionalismo se ha llevado un baño de realidad en los últimos años, ha visto que su proyecto era un proyecto fallido, perjudicial, disolvente para la sociedad catalana. Lo que hacen es replegarse a los cuarteles de invierno para preparar su próximo embate. Me parece una evidencia, la cabra tira el monte y el nacionalismo volverá a intentar liquidar la convivencia, nuestro Estado de derecho, y habrá que estar preparados para ello. Por eso, algunas de las cosas que está diciendo Feijóo van en esa línea de recuperar la autoridad del Poder Judicial, que en un Estado democrático de Derecho es fundamental. Recuperar, por ejemplo, las penas por delito de sedición y una serie de medidas que refuercen al Poder Judicial frente a aquellos que quieren liquidar precisamente nuestro Estado democrático de derecho.

¿Cómo será su campaña de cara a las generales?

Va a ser una campaña necesariamente de estar mucho en la calle para explicar ese mensaje que comentaba de que es posible recuperar Cataluña para el proyecto colectivo español, de que sea motor y vanguardia del conjunto de España. A España le ha ido bien cuando Cataluña ha sido líder de su proyecto y a Cataluña le ha ido magníficamente bien cuando ha liderado el proyecto colectivo español. Creo en la cooperación con otras comunidades y muy principalmente con la Comunidad de Madrid, que hoy día se ha convertido en un referente en términos de libertad económica, eficiencia empresarial, desarrollo político, humano y social. La degeneración institucional que ha provocado el sanchismo tiene efectos perversos sobre la vida de los ciudadanos, sobre la vida de la sociedad catalana y del conjunto de España y por eso yo creo que es muy importante ser propositivos en la medida en que tenemos mucho que ofrecer desde el punto de vista de la estabilidad institucional, de la estabilidad económica, del progreso y del desarrollo de nuestro país. Eso es lo que hay que explicar y se puede hacer en catalán, se puede hacer en castellano. Es imprescindible que el ciudadano constitucionalista de Cataluña se siga sintiendo respaldado por las instituciones del Estado, siga sintiendo que hay un Estado democrático de derecho detrás que va a impedir los excesos del gobierno nacionalista en Cataluña.

Acaba de llegar al PP catalán, que en otoño celebra su congreso. ¿Tiene aspiraciones de liderar el partido o, cuando menos, ocupar un puesto destacado en la ejecutiva?

No, no tengo aspiraciones. Mis aspiraciones se limitan ahora a hacer una magnífica campaña de cara a las generales. Creo que es fundamental para el conjunto de España que consigamos pasar página a este periodo ominoso de la historia de España que ha sido el sanchismo. Es es mi horizonte, no va más allá.