Por respeto, dejen de llamar gallina a Puigdemont

Guillem Bota
10.12.2018
5 min

Se acabó el llamarle "jamona" a su vecina cuando se cruce con ella por la escalera. Los animalistas han iniciado una cruzada para abolir frases hechas y expresiones que denigran a los animales o trivializan su sufrimiento. Y un jamón no es más que la pata de un cerdo que murió para que usted, encima, lo use con su vecina con procaces intenciones. Si hasta ahora ha conseguido usted vivir sin que le perturbe demasiado, eso que se ha dado en llamar micromachismo, no va a poder resistirse a los cantos de sirena del animalismo, y espero que no se me tenga en cuenta la mención a las sirenas, que son peces solamente al 50%.

¿Se ha detenido a pensar en cómo ofende a todos los asnos del mundo cuando llama "burro" a alguien con pocas luces? Los asnos tienen sentimientos y lo que usted toma por rebuznos no es más que su forma de llorar ante tanto insulto. Por no mencionar cuando llama "zorra" a una mujer, acusándola con ello de lucrarse comerciando con su cuerpo, actividad comercial inédita en el reino animal.

Ejemplos hay muchos, pero los animalistas, prestos a ayudarnos a ser mejores personas --o mejores animales--, hacen hincapié en algunas, a la par que aportan soluciones. Un ejemplo: no use la frase "matar dos pájaros de un tiro", pobres gorriones, asesinados por parejas para ahorrar munición. Según la neolengua animalista, debe usar "alimentar dos pájaros con un mismo panecillo", que es más fino. Si los animalistas me permiten tomar vela en este entierro --un entierro humano, sería una falta de respeto referirme a un entierro animal-- la frase puede mejorarse: "Alimentar a dos pájaros con un mismo panecillo, sin gluten en el caso que uno de los pájaros fuese celíaco". Es imperdonable no tener en cuenta que un pobre gorrioncillo puede también padecer alguna intolerancia alimentaria.

Se avecinan problemas a montones. A una de las meretrices más conocidas de mi barrio, se la conoce como "la gata", no por lo que ronronea sino porque cuando entra en faena parece dicho animal en celo. Habrá que cambiarle el apelativo, por más que ella lleve años aceptándolo de buen grado. Se puede intentar hallar un símil del reino vegetal, claro que se puede --mientras no esté prohibido, que todo se andará--, pero si pasa a ser conocida como "la lechuga" o "la coliflor" perderá parte de su cartera de clientes.

Proponen asimismo cambiar el "coger el toro por los cuernos" por "coger la rosa por las espinas", ya que también los morlacos tienen sentimientos y, además, no les gusta que les manoseen las astas. Claro está que coger el toro por los cuernos significa enfrentarse con decisión y sin miedo a un problema, y no parece que coger una rosa --aun por las espinas-- requiera similar valor. Ya se verá. Pero ya que entramos en terrenos de cornamenta, deberían los animalistas coger la rosa por las espinas y poner freno a la ancestral costumbre de llamar "cornudo" al marido burlado. No sólo los toros, también los ciervos, alces, cabritos, bisontes, rinocerontes e incluso el modesto caracol, se sienten gravemente ofendidos cada vez que se le llama cornudo a un cornudo. Lo que es peor, con ello ponemos en duda la virtud de las hembras de todas estas especies. Es urgente buscar una alternativa al cornudo.

Propongo también dejar de llamar "gallina" a Puigdemont, por haber huido --iba a escribir "como una rata", ustedes disimulen-- sin mirar atrás. No se conoce el caso de gallina alguna que haya corrido hasta Bélgica, mucho menos escondida en el asiento trasero de un coche. Las gallinas no son cobardes sino pacíficas, va siendo hora que dejen de ser difamadas. De hecho, pueden considerarse las grandes damnificadas del procés, puesto que no fueron pocos los plumillas que se refirieron a la República catalana como "de vuelo gallináceo", y es bien sabido que el vuelo de estas aves es mucho más duradero que aquello que un día dijo proclamar Puigdemont. Un respeto.

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¿Quién es... Guillem Bota?
Guillem Bota

Guillem Bota quiso ser siempre torero, pero haber nacido en un pueblecito de la provincia de Gerona (Fornells de la Selva, 1970) sin plaza de toros, le dificultó la vocación. No se rindió el maletilla, y embarcó en un carguero rumbo a América, con un hatillo y un viejo jersey de su madre que hacía las veces de capote, como único equipaje. Quiso la mala fortuna que el carguero atracara en Buenos Aires, ciudad en la que abundan las porteñas mas no los morlacos, con lo que desvió su atención de éstos a aquéllas, con desigual fortuna y algunas cogidas. A orillas del río de la Plata empezó a colaborar con distintos periódicos e incluso se atrevió con dos libros de relatos -le marcó conocer en persona a Roberto Fontanarrosa-­, siempre bajo seudónimo que ocultara a sus allegados el fracaso en la lidia. Regresó a su tierra más viejo pero más sabio y con cinco hijos allende los mares. Se instaló en el Ampurdán con la vana esperanza de que se le pegara algo de Josep Pla y de que no lo localizaran las madres de sus retoños.

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