El centro derecha soy yo

Ramón de España
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El titular de esta columna es el subtexto que se desprende de la actividad política de Mariano Rajoy y Albert Rivera, que están a un paso de llegar a las manos por un quítame allá esos votos. Parece que al PP ha dejado de preocuparle la izquierda española, tal vez por su inutilidad y su falta de ideas, convertidas en eso que Rajoy suele tildar de forma despectiva como "ocurrencias". Entre un Pedro Sánchez que no sabe muy bien a dónde va y un Pablo Iglesias que empieza a parecer un dictadorzuelo sudamericano, Rajoy encuentra motivos de sobra para practicar su deporte preferido, la inacción, el allá se las compongan, el que los zurzan (de hecho, se zurcen solos). Ahora, lo que le preocupa es el fuego (supuestamente) amigo a cargo de Rivera, quien, por otra parte, lo mantiene en el poder. A Mariano le ha salido la criada respondona y Albert se ha venido arriba desde su (relativo) triunfo en Cataluña: ¿para qué conformarse con ejercer de partido bisagra cuando se puede aspirar al Gobierno de la nación?

Viendo que el joven Rivera amenaza con comérseles la merienda, los del PP se dedican a chincharle sin tasa. Aunque sea por persona interpuesta, exigiéndole a Inés Arrimadas que intente formar gobierno (a sabiendas de que es imposible, pero el caso es incordiar). O acusando a Ciudadanos de un tema en el que son maestros: la corrupción y el uso de fondos ilícitos. Ya ni se molestan en decir nada malo del PSOE y de Podemos, lo cual nos da una idea de lo importante que es la izquierda española. Ahora las personas de orden se matan entre ellas e ignoran a la plebe. ¿Quién ganará esta pugna por el voto de la España biempensante? Pues yo diría que los de Rivera, a cuyas filas se están pasando en masa los electores y hasta los militantes del PP.

Viendo que el joven Rivera amenaza con comérseles la merienda, los del PP se dedican a chincharle sin tasa

El PP ha tardado demasiado tiempo en hacer como que limpiaba la casa, y esa limpieza --si es que se ha llevado a cabo, cosa que dudo-- se ha quedado a medias: hasta que no sustituyan a Rajoy por alguien del todo limpio de corruptelas, no podrán aspirar a recuperar su papel tradicional de representantes de la derecha. Cuando tus votantes ven basura por todos los rincones del partido y observan que no te estás matando a la hora de pasar la escoba, puede ser que acaben votando a otro que esté más limpio que tú, aunque solo sea porque no ha pillado cacho hasta ahora. El PP acumula demasiada miseria moral como para ser perdonada, sobre todo si la cabeza visible de la organización (presuntamente) criminal se empecina en seguir en su sitio sin que nadie entienda muy bien por qué, ya que Rajoy carece del entusiasmo que le sobra a Rivera y siempre pone cara de que no ve la hora de jubilarse en su Pontevedra natal y poder dedicar la jornada a leer el Marca con tranquilidad.

Visto el talante de los secundarios del PP, es posible que no tengan nada mejor que Mariano para proponerlo a la presidencia de la nación, pero tampoco en Ciudadanos se aprecia la existencia de un dream team. Ni en la izquierda, evidentemente. Vivimos una época de líderes o caudillos: Rajoy, Rivera, Iglesias, Sánchez. Y ninguno de ellos es como para tirar cohetes. No seguiré por ahí para no deprimirles más de lo que ya están y porque yo solo pretendía reflexionar en voz alta sobre la lucha por el poder en el centro derecha, que ahora ocupa el centro de la actualidad política. ¿Se acuerdan de aquellos tiempos en que la lucha era entre la derecha y la izquierda? Sí, yo también los echo de menos.

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

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