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Francesc Rubiralta, presidente del Grupo Celsa / CG

La nueva Celsa, tras la ruptura entre Francisco y José Maria Rubiralta, ante un futuro incierto

El jovern Rubiralta Rubió ha asumido el reto de relanzar Celsa, con refinanciaciones y planes de expansión con el convencimiento de que la siderurgia puede plantar cara

8 min

No a la Bolsa y no al incremento de los plazos en el mercado de capitales, dominado por los bancos. Esta doble negación fructifica ahora, una década después de que un jovencísimo Francesc Rubiralta Rubió tomara el mando de la nave, tras la desaparición del su padre Francisco (Paco) Rubiralta Vilaseca, el pionero de Celsa, la gran metalúrgica catalana del siglo XX.

Las sucesiones empresariales suelen ir de la manufactura a las finanzas. Es el camino que han recorrido muchas de las sociedades catalanas de raíz familiar y Celsa no podía ser una excepción. Pero en este caso, la singularidad del cambio de manos, logrado a través de una refinanciación del grupo aquejado por altos pasivos, trata de situar nuevamente el horizonte de la empresa en lo puramente industrial. La nueva Celsa es hija de una refundación industrial, iniciada por Rubiralta Jr, que costó la ruptura entre Paco Rubiralta y su hermano José Maria, el actual patrón de Werfen, una compañía de material clínico, muy activa en los mercados exteriores.

Instalaciones de Grupo Celsa en Reino Unido / CELSA
Instalaciones de Grupo Celsa en Reino Unido / CELSA

Los dos hermanos Rubiralta descubrieron los secretos de la reconversión siderúrgica en los primeros tiempos del Gobierno de Felipe González, cuando el entonces ministro de Industria, Carlos Solchaga, desmanteló Altos Hornos de Sagunto y convirtió las antiguas fundiciones en modernas acerías. Los Rubiralta compraron a precios de saldo factorías del hierro en manos de capital vasco --los Echevarria, Delclaux, Churruca, etc-- y las convirtieron en chatarrerías, el negocio del futuro en un sector que saltaba del fuego al frío.

Un sector en permanente reconversión

Así se relanzó Celsa; la compañía tocó el cielo de los ebitdas --entonces llamados márgenes brutos de explotación-- pero tuvo que enfrentarse a los nuevos retos de mercado. Fueron los mejores lustros de Paco, el carbonilla, y José María, el jeringuilla,  conocidos por estos motes en su empresa, porque el primero era un siderúrgico confeso y el segundo había iniciado una diversificación del negocio en el campo del material médico. Pasaron los años hasta que, el actual presidente del grupo, Francesc Rubiralta Rubió, cuando solo era el fill del amo, decidió ampliar capacidades en los países nórdicos. Las adquisiciones propuestas por el presidenciable y primogénito de Paco provocaron el enfrentamiento entre este último y su hermano, José María. Su separación ha marcado a la cabecera y al conjunto del sector del acero.

Ha transcurrido algo más de un siglo desde el momento en que la fundición pudo más que el mundo textil del algodón, la lana y las indianas. La siderurgia tomó el mando de la Revolución Industrial retardada pero exitosa, con la trayectoria descollante de firmas como Nueva Vulcano, Altos Hornos de Cataluña, Ferrería de la Mare de Deu del Carme, Alexander y Compañía, Eugene Karr, Font o Torras i Guardiola, antecedente, esta última, de la Torras Herrería, adquirida por Celsa cuando finalizaba el novecientos. Celsa lideró el sector en permanente reconversión. La capacidad industrial de los hermanos Rubiralta mostró el camino que han seguido después las supervivientes del llamado feu catalán, según la nomenclatura usada por los historiadores económicos de referencia, desde Pierre Vilar o Vicens Vives, hasta Jordi Nadal o Jordi Maluquer de Motes.

La segunda generación Rubiralta defiende a capa y espada el modelo de empresa familiar ya que “permite tener una visión más a largo plazo que a corto” y está liberada de la “presión absoluta de los resultados trimestrales, que sufren las empresas cotizadas”, dijo Rubiralta Rubió en su puesta de largo ante un público minoritario y entendido. Fue el día que Rubiralta Rubió recibió la alternativa en el Círculo de Economía, presidido por Javier Faus, junto a otros brillantes gestores con futuro, como Ignasi Biosca, Ceo del grupo Reig Jofre, e Inka Guixà, directora general de La Farga, con una presentación impecable a cargo de Teresa Garcia-Milà, la conocida catedrática de la UPF.

Refinanciación a tipos bajos

La Celsa de hoy produce acero en hornos eléctricos a partir de la chatarra con acerías en España, Francia, Polonia, Gran Bretaña y Noruega. En la actualidad, es el segundo grupo europeo en la fabricación de productos largos de acero. La empresa familiar catalana anida siempre en el impulso de las soluciones que todos buscamos. Pero digámoslo claro: Celsa se mantiene frente a las adversidades de un mar proceloso, marcado por la crisis financiera de 2008 y la pandemia de este año. Ser multinacional ayuda a la hora de entender la fijación de precios en un sector hoy complejísimo y dominado por gigantes, como Arcelor Mittal, China Baowu, Posco, SSAB, Ansted Group, Tata Steel, Mananshan Steel,  la italiana ILVA Spa, Marcegaglia  y otras acerías menores de alto valor añadido, según el ranking del sector facilitado por la asociación sectorial Worldsteel.

El presidente de Celsa, Francesc Rubiralta, y la sede del grupo industrial situada en Castellbisbal (Barcelona)
El presidente de Celsa, Francesc Rubiralta, y la sede del grupo industrial situada en Castellbisbal (Barcelona)

Los Rubiralta han refinanciado 2.600 millones a tipos más bajos y vencimientos más lejanos en el tiempo, pero los bancos pueden ejecutar los créditos y convertirlos en acciones, si Celsa no cumple con los calendarios de pago. La compañía entregó a sus acreedores un plan de negocio aprobado por KPMG --encargado por las propias entidades-- en el que se comprometía a reducir la deuda en 840 millones de euros hasta 2021, gracias a una reconversión del negocio y a la apertura de una nueva planta en Francia. El plan no incluyó entonces desinversiones ni el cierre de plantas, pero tuvo que crear un consejo de administración, con dos independientes: Xavier Pujol (Ficosa) y Jorge Sendagorta (Sener).

Las espadas siguen en alto a causa del estrangulamiento de la demanda, pero no es la primera vez que la siderurgia en pleno sale de una ratonera. En la negociación de Celsa con la banca, el Santander abandonó el timón del pool dejándolo en manos de Banco Sabadell y BBVA. Ana Botín no es precisamente un dechado de valentía frente al riesgo industrial. El banco español, que mejor se mueve en las plazas financieras --la City y Wall Street--, es el más rácano cuando se trata de la apuesta empresarial. Pero la siderurgia, que superó la gran reconversión de los ochentas no ha dicho su última palabra; y menos, con un Rubiralta en el mascarón de proa.