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El economista Fabià Estapé, durante una entrevista en TVE

Fabià Estapé Rodríguez y su leyenda

Fue un atípico personaje catalán situado en el corazón económico de la política franquista que se supo reinventar con la llegada de la democracia

24.06.2018 00:00 h.
6 min

Fabià Estapé fue el economista catalán cuyo nombre irá siempre vinculado al desarrollismo económico español del segundo franquismo. Nació en Portbou en 1923 y moriría en el año 2012 en León, localidad en la que residía su hija. A Estapé se le ha considerado una fuerza de la naturaleza por su vitalismo y por su capacidad de compatibilizar escenarios políticos diferentes. Nombrado por López Rodó, hombre del Opus Dei, la cabeza más significada de los tecnócratas franquistas para ayudarle a pilotar los tres Planes de Desarrollo, Estapé fue siempre un extraño populista en tiempos de severo y austero control ideológico emocional. Afiliado a CCOO, conversador extraordinario, gran bebedor, fumador de Montecristo, apasionado por el rock, era desbordante en sus amistades y en sus enemistades. Un atípico personaje catalán situado en el corazón económico de la política franquista. Su punto más débil en el ámbito afectivo fue el amor que le unió a su esposa María Antonia Tous con la que tuvo cinco hijos y cuya muerte, en el año 1982, los traumatizó a todos. Llevó mal la soledad, tal como reflejó en sus memorias De tots colors, publicadas en 1999.

Catedrático de Política Económica en la Universidad de Barcelona, de la que sería rector dos veces (1969-1971 y 1974-1976) participó en la elaboración del Plan de Estabilización de 1959 y después sería comisario adjunto del plan de desarrollo a las órdenes de López Rodó. Siempre me ha llamado la atención la curiosa vinculación de dos personalidades tan diferentes y por otra parte tan simbióticas. López Rodó fue el académico conservador más ortodoxo. Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad de Santiago a los 25 años, fue la inteligencia de Carrero en el ámbito administrativo y económico. Unido al Opus Dei desde los 21 años, fue la representación de la eficacia desarrollista en los años sesenta, siempre desde su aspecto frío, triste y autodisciplinado. Estapé fue la antítesis. Comunicador genial, maestro de grandes economistas y políticos, desde Pasqual Maragall a Narcís Serra, pasando por Ernest Lluch, que lo adoraban, pero también maestro del periodismo económico. Fue el primer periodista económico de La Vanguardia, donde inició su colaboración en 1955. Le gustó siempre cultivar la ironía y el sarcasmo en las anécdotas que le gustaba contar respecto a Franco y a Pujol. Incluso ironizó respecto a su esquela en La Vanguardia: “Estoy muy contento de tener la Creu de Sant Jordi, porque el día que muera la Generalitat me esquelatizará por todo el país sin que mi familia pague un duro. Son esquelas en las que no se escatiman palabras, así que no me pasará lo que a aquél señor que cuando fue a poner una esquela y le dijeron que el precio variaba según el número de palabras, escribió: 'Marta muerta'. Y cuando le explicaron que hasta cinco palabras costaban lo mismo añadió: 'Vendo Opel Corsa'".

Estapé fue uno de tantos catalanes en Madrid que colaboraron sin ninguna mala conciencia con el franquismo para relanzar y modernizar la política económica y acabar con la autarquía de la terrible postguerra. López Rodó, su jefe, fue el catalán que más influyó políticamente en el viraje económico del franquismo y desde luego en la reforma modernizadora de la administración. La peripecia de López Rodó posterior a la muerte de Carrero y del propio Franco le llevó a colaborar en la transición política promoviendo la monarquía de Juan Carlos y siendo diputado en las Cortes Constituyentes, de lo que dio buena cuenta en sus memorias, publicadas en 1990, diez años antes de su muerte. López Rodó nunca se quitó el estigma de franquista ni de hombre de confianza de Carrero. Estapé, en cambio, con una vida un poco más larga, sí supo desmarcarse del franquismo que él mismo había protagonizado y hablar de su propia experiencia política como si no fuera con él. La capacidad de empatía personal para generar el olvido o para reinventarse ideológicamente.

El hombre que introdujo a Schumpeter y Galbraith tuvo siempre bien presente las directrices de Vicens Vives respecto a la universidad: "Si quieres ser algo en la vida, tienes que ser catedrático primero". La trayectoria académica le llevó a la política, y, de esta, desembarcó después de la muerte de Franco, lanzándose feliz por el camino de la construcción de su propia leyenda. El Estapé que se ríe de todo, hasta de sí mismo. La ironía como blindaje defensivo.

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