La génesis del PNV es racista

Roberto Giménez
4 min

Hace 20 años ETA asesinó a Ernest Lluch. Aquella tarde, el director de El Vallès tenía que dar una conferencia a los políticos, empresarios, hombres de la cultura. Y luego, asistir a una cena de gala en el Hotel Ciutat de Granollers, que era el acto social más importante de la comarca. No hablé de otra cosa que del asesinato. Lluch era una víctima y un hombre de paz.

Hace 50 años se celebró el denominado Proceso de Burgos. Yo era un adolescente de 13 años cuando condenaron a la cúpula de ETA por haber asesinado a dos miembros de la policía armada. Ese proceso mitificó en el País Vasco a la banda terrorista, y en toda España sedujo a la mayoría de las izquierdas --no a todas-- porque esos gudaris combatían la dictadura. El tribunal militar sentenció pena de muerte, pero el Jefe del Estado lo conmutó a cárcel por la mediación del Pablo VI. Estuvieron presos siete años, hasta la amnistía política de 1977 de Adolfo Suárez, que hizo tabla rasa a todo lo anterior. España camisa blanca de mi esperanza, como cantaba Ana Belén en la canción escrita por Víctor Manuel.

En 1975, cuando empecé periodismo en la UAB, ya me había inoculado el virus de la política, como le pasó a toda mi generación comprometida, y quise conocer el origen de ETA, que había nacido a finales de los años 50. Eran jóvenes del PNV hastiados por la inoperancia de sus mayores, que temían que el franquismo acabaría con el sueño de independencia vasco, y leí el pensamiento del padre político del fundador del PNV, Sabino Arana.

Arana había estudiado Derecho en la Universidad de Barcelona y se relacionó con los estudiantes nacionalistas catalanes. Los catalanistas a finales del siglo XIX eran hijos de burgueses, como Sabino.

En aquella Barcelona de la CNT, ese nombre fue bautizado por los anarquistas estadounidenses. No había comunistas, y pocos socialistas. La CNT mandaba en la Barcelona de los años 20, y por eso el capitán general de Cataluña, el general Primo de Rivera, dio el golpe de Estado de 1923, que toda la burguesía local aplaudió. Aquella Barcelona era violenta: los anarquistas mataban a los empresarios, y éstos mataban a los lideres de los trabajadores a través del llamado sindicato libre, como le pasó al célebre Noi del Sucre.

Descubrí que el fundador de PNV era racista, porque para ser militante nacionalista vasco había que tener cuatro apellidos vascos: de ahí la irónica película de los ocho apellidos. Según Sabino, con dos no se podía ser militante, sino sólo simpatizante. Eso ya se cambió, pero está en la génesis de su partido. Es el pecado original del PNV.

 

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¿Quién es... Roberto Giménez Gracia?
Roberto Giménez

Durante treinta años ha sido director del Vallés, era el segundo semanario más antiguo de Cataluña, y fue director de Honor de El Vallès del siglo XXI. Ha escrito diez volúmenes de la serie 'Casi treinta años y un día' -en Sant Jordi de 2017 se publicó el último: 'Mis Enemigos Íntimos'-. Son las memorias del director del semanario comarcal más leído en Cataluña, que desapareció seis meses después de que lo dejara. Cada Sant Jordi publica una edición de 100 ejemplares que se agotan el mismo día. ¿Por qué no hace más? "Son para mis amigos", responde. Retirado antes de tiempo, con 55 años, por culpa de una bala traidora en la médula... También se le puede seguir en Facebook -cada día laborable publica 'La libreta azul'- y en Twitter. No es el capitán Araña. Sus amigos dicen que es honesto y leal, pero eso se lo dicen porque son sus amigos. Para entrar en su cofradía exige Derecho de Admisión. Vale quien sirve, pero no sirve cualquiera.