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CDR y Corredor del Mediterráneo

Valentí Puig
24.11.2019
4 min

La irresponsabilidad civil ha logrado en Cataluña una capilaridad muy completa. La gama de variantes va desde "el nostre mal no vol soroll” al efecto de la espiral del silencio o a la pasividad que calla y otorga. Así se llega a una situación en la que grupos radicales pueden alterar severamente el tráfico fronterizo.

¿Dónde están los líderes del mundo empresarial catalán que exigían del Estado el trazado efectivo del Corredor del Mediterráneo? Los CDR o el Tsunami democràtic encienden sus hogueras en La Jonquera pero las élites económicas de Cataluña, tan alejadas ya de las tesis del capitán de industria según Vicens, metabolizan sin reparos el asedio y ocupación batasunera de la Cámara de Comercio, un descuido imperdonable, el peor mensaje para la actividad inversora.

No podrá iniciarse la concreción del Corredor del Mediterráneo sin los requisitos mínimos de estabilidad política y económica. En realidad, ¿quién se acuerda de aquel Corredor que cifraba las claves de una dinámica infraestructural con gran sentido de futuro? De nuevo, sin seguridad jurídica, sin imperio de la ley, a nadie va a ocurrírsele formalizar la botadura del Corredor, aunque el consenso en todo el Levante sea un hecho incontestable. Pero al independentismo --radical o no-- esas futilidades no importan: hoy estamos a merced de los enfrentamientos cruentos entre sus distintas tribus y facciones. Entre el fugado Puigdemont y el preso Junqueras han secuestrado la vida política catalana, su dinámica civil y su iniciativa empresarial.

Un gran eje ferroviario que --gracias a la tecnología de alta velocidad-- llegue de Estocolmo a Algeciras representa una logística comercial capaz de ir compitiendo con la nueva Ruta de la Seda --one belt, one road-- que China está urdiendo con un sentido geoeconómico muy potente. Ese panorama es del conocimiento de las élites económicas de Cataluña y eso hace más llamativo de hasta qué punto no se dé claridad efectiva a la hora de condenar la kale borroka y la ilegalidad sistémica. Se diría que los comerciantes de la plaza Universitat se han quedado solos. Se toma en consideración la sugerencia municipal de trasladar la Jefatura Superior de Policía de Via Laietana a quien sabe dónde. Aunque sea por otros motivos, alguien puede pedir que Santa María del Mar sea desubicada y repuesta en lo alto de un pico pirenaico. Pongamos el monumento a Colón cabeza abajo.

Los núcleos dirigentes que han de expresar las inquietudes y aspiraciones de la economía catalana callan cuando se queman contenedores y cajeros automáticos. Tampoco dicen nada cuando el Tsunami democràtic pretende colapsar el aeropuerto de El Prat. Esas desidias y acomodamientos cualquier día se pagan.

Directivos empresariales con gran ángulo de visión se resisten a referirse a las cosas por su nombre y los más acomodaticios pagan el peaje a Waterloo o se preocupan más por el estado de la nieve en las pistas de Baqueira-Beret. Contundencia irrebatible contra los CDR o desaceleración específica de la economía de Cataluña. Léase Seat o Nissan: comienzas sustituyendo la bandera cuatribarrada por la estelada y acabas dejando el Corredor del Mediterráneo en vía muerta.

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¿Quién es... Valentí Puig?
Valentí Puig

Nació en 1949 en Palma de Mallorca. Escritor en catalán y castellano con más de cuarenta obras publicadas, su trayectoria periodística --básicamente como articulista pero también como corresponsal en Londres-- va desde 'ABC' a 'El Pais' y tantos otros medios. Se considera autonomista y conservador de centro. Su último libro es la novela 'Barcelona 2101'.