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El presidente Pedro Sánchez con Joan Tardà (ERC) y Carles Campuzano (PDeCAT) ante un calendario / FOTOMONTAJE DE CG

Sánchez convocará elecciones a finales de abril ante el 'no' independentista a los presupuestos

El PNV buscará un gesto de última hora del PDeCAT y de ERC para tramitar las cuentas de 2019 pero el Gobierno ya piensa en elecciones y valora la fecha del 28 de abril

13.02.2019 00:00 h.
9 min

Elecciones. El actual escenario político no da más de sí. Los asesores de Pedro Sánchez en la Moncloa comenzaron a valorar, desde este martes, la fecha del 28 de abril para convocar las elecciones generales, después de haber difundido inicialmente el 14 de abril. La negativa de los partidos independentistas, aunque con enormes dudas, a tramitar los presupuestos del Estado --la votación final se producirá este miércoles-- no deja otra salida al Ejecutivo español. Lo que ahora pretende Sánchez es rentabilizar al máximo esa ruptura con el independentismo y la manifestación del pasado domingo de los partidos del centro-derecha-extrema derecha, Ciudadanos, PP y Vox.

Tanto el PDeCAT como ERC no han podido solventar sus contradicciones internas. Con el inicio del juicio a los políticos independentistas presos --este martes-- y la competencia por la hegemonía en el campo nacionalista entre los dos, pensando en las elecciones municipales del 26 de mayo, la aprobación de los presupuestos resultaba una montaña insalvable. Aunque tenía sus partidarios: desde sectores de ERC, conectados con el vicepresidente de la Generalitat y consejero de Economía, Pere Aragonès, a buena parte del grupo parlamentario del PDeCAT, que pensaba en tramitar las cuentas, ganar (al menos) dos meses con debates en comisión en el Congreso y esperar el avance del juicio y del diálogo con el Gobierno.

Las directrices de Puigdemont

A lo largo de todo el martes, los diputados del PNV intentaron ejercer un papel central en esas negociaciones con la intención de convencer a los independentistas catalanes. Pero prevaleció la "máxima coherencia" en partidos como Esquerra, según una fuente republicana, con la idea de que no se ha querido arriesgar ni tomar una iniciativa política que, de haberse realizado, hubiera sorprendido tanto al propio Gobierno como a los partidos de la oposición.

En el caso del PDeCAT las directrices de Carles Puigdemont han sido cruciales y el grupo parlamentario en Madrid, roto en dos mitades, no ha podido impedirlas. Sin embargo, en las últimas horas de la noche del martes se confiaba en algún gesto, en alguna maniobra que pueda provocar la retirada de la enmienda a la totalidad.

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, durante una comparecencia en el Congreso de Diputados / EFE

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez

Sánchez, en busca de más apoyo 

Las situaciones, curiosamente, se repiten en la historia reciente. Desde la aprobación de la Constitución, en 1978, solo se ha obligado a un Gobierno a retirar las cuentas, tras una derrota en el Congreso, en una ocasión. Fue, precisamente, a un Gobierno socialista en 1995; quien retiró el apoyo, tanto entonces como hoy, fue CiU, liderada por Jordi Pujol. La decisión provocó el adelanto de las elecciones generales, en marzo de 1996, que dieron la primera victoria al líder del PP, José María Aznar.

Ahora las cosas no son exactamente iguales porque el Gobierno de Pedro Sánchez, que accedió al poder gracias a una moción de censura, ha llegado a la conclusión de que no puede esperar más. Aunque lo ideal sería llegar hasta el final de la legislatura --2020--, Sánchez es consciente, según fuentes socialistas, de que necesita un mayor apoyo parlamentario y que sólo con una victoria clara en las urnas podrá liderar una agenda reformista e intentar una vía de diálogo factible con el independentismo catalán.

La petición de los barones

En ese lapso se desarrollará el juicio a los políticos presos en el Tribunal Supremo. Lo que pretende ahora Sánchez, menospreciado una y otra vez por el PP, Ciudadanos y parte de la vieja guardia del PSOE, es aprovechar la coyuntura y convocar elecciones antes de los comicios autonómicos, locales y europeos del 26 de mayo. Es lo que le piden los dirigentes territoriales del PSOE, que querrían que esas elecciones donde se juegan gobiernos, como en Aragón, Castilla-La Mancha o Extremadura, no acabarán convirtiéndose en una batalla contra Sánchez, con acuerdos posteriores entre los partidos de la derecha.

El líder de Cs, Albert Rivera, este miércoles en el Congreso /EFE

El líder de Ciudadanos, Albert Rivera

La fecha del 28 de abril es la escogida, una semana después de los días festivos de la Semana Santa, un momento más idóneo que el 14 de abril, que inicialmente se había difundido y que podía suponer un aumento de la abstención.

Ciudadanos y el factor Vox

Sánchez está acostumbrado a arriesgar. Ganó unas primarias en el PSOE contra todo pronóstico y lanzó una moción de censura contra Mariano Rajoy en el único instante en el que podía tener éxito, tras la sentencia por el caso Gürtel. Podría intentar seguir, con el independentismo en contra --que le seguía pidiendo este martes el derecho de autodeterminación-- y con el PP, Ciudadanos y Vox movilizando a sus militantes, simpatizantes y electores en las calles. Pero, ¿a qué precio, y sin presupuestos?

Convocar a finales de abril comportará, en cambio, algunas ventajas para Sánchez, aunque supone un gran riesgo. La primera es que esas elecciones llegarían en el transcurso del juicio a los políticos independentistas, sin la sentencia todavía, con lo que podría gestionar desde el poder los efectos de una posible dura condena. Y también supone coger a contrapié al PP de Pablo Casado, desgastado por Vox, que, según las encuestas, no le deja de robar votos. En paralelo, el análisis de los asesores de Sánchez se basa en la posible pérdida de apoyos de Ciudadanos, tras esa imagen de Albert Rivera junto al líder de Vox, Santiago Abascal, en la concentración de Colón en Madrid.

Cuatro años por delante

Las fuentes consultadas de los partidos independentistas también asumen ese reto. Necesitarán al PSOE en el poder y la previsión de cuatro años de legislatura para iniciar un diálogo real, basado en posibles salidas políticas, al margen de lo que ocurra con la sentencia del Supremo. Y asumen el riesgo de que Sánchez pierda el poder y una coalición de partidos de derecha llegue a la Moncloa, con una posición más dura respecto al nacionalismo catalán.

El factor que nadie sabe valorar con exactitud es que el PSOE, con Unidos Podemos en horas muy bajas, podría tener otro socio. Los socialistas nunca han dejado de lado un posible gobierno con Ciudadanos, ni el partido de Rivera con los socialistas, aunque ahora parezca una quimera. El PDeCAT y ERC son conscientes de esa posibilidad. Pero, ¿qué otra alternativa existe? Votar los presupuestos y ganar tiempo, por lo menos hasta 2020, precisaba de un arrojo que ahora mismo la dirección de los dos partidos no ha podido exhibir.

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