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Los 15 días que desertizaron Cataluña: adiós a la banca y a la gran empresa

Fainé lideró con mano de hierro la respuesta empresarial al independentismo al conocer la sangría diaria de depósitos en Caixabank

Más de 1.300 empresas han salido de Cataluña desde el 1-O
15.10.2017 00:00 h.
14 min

El dinero que Caixabank custodiaba de sus clientes superaba los 300.000 millones de euros a finales de 2016. En esa cifra se incluyen aquellos depósitos, saldos en cuentas corrientes o productos de ahorro a la vista que la imponente red de oficinas del banco comercializa en España. Eran 303.895 millones al cierre de diciembre último. La cifra no era menor, por tanto tampoco una cantidad que se pudiera evaporar de manera rápida y desaparecer del balance. Pero sí, sucedió, estaba ocurriendo. En apenas dos semanas, la hemorragia adquirió una dimensión impensable. Lo que pasaba en las cuentas del banco que preside Jordi Gual también sucedía en el Banco Sabadell de Josep Oliu.

¿Fue la cúpula del grupo La Caixa quien actuó de forma activa contra el independentismo al trasladar su sede social y tributaria y ejercer de ejemplo y arrastre o fueron los clientes españoles quienes forzaron a una actuación a los dos grandes bancos catalanes? Ese interrogante pasará a la historia reciente de Cataluña como una de las incógnitas pendientes: ¿fue antes el huevo o la gallina?

Lo cierto es que desde los últimos días de septiembre, ya con el horizonte del ilegal referéndum del 1-O en la retina, muchos clientes catalanes de ambos grupos bancarios empezaron a tener dudas sobre el futuro que aguardaba a sus finanzas ante una eventual independencia de Cataluña. No eran los únicos, otros depositantes de todos los puntos de España se interesaban igual. En unos casos, por temor; en otros, por reacción, a modo de boicot, deshaciendo posiciones en sus relaciones con las entidades bancarias con sede en Barcelona.

Casi 4.000 millones se evaporan al día

Tras el ilegal referéndum del domingo 1 de octubre, el miedo se precipita. Las cuentas de Caixabank registran ya salidas descontroladas de fondos que oscilan entre los 2.000 y los 3.000 millones de euros diarios. En algunas sucursales se producen colas desconocidas desde hacía décadas. Los impositores quieren efectivo, preguntan por las cuentas espejo o piden un cheque bancario con todo el saldo para cerrar la cuenta e irse a una entidad de españolidad indiscutible. En el caso del Sabadell, las salidas de depósitos se aceleran sobre todo el día 2 y se disparan el martes día 3, en coincidencia con el paro que organiza el Govern y sus apoyos políticos y cívicos. En esos momentos, el banco de Oliu registra salidas de depósitos que se mueven entre los 500 y los 1.000 millones de euros en recursos de clientes según el día. La sangría en ambas entidades es clara. Santander, BBVA, Deutsche Bank e ING se ponen las botas y se frotan las manos en la distancia, abriendo cuentas espejo a sus clientes catalanes.

Cola de clientes frente a un banco de Barcelona, la retirada de efectivo no resulta alarmante pero sí que ha incrementado por la incertidumbre ante una posible declaración de independencia / CG

Cola de clientes en un cajero del barrio de El Carmel de Barcelona la semana pasada / CG

Fainé y Oliu conciertan su actuación. Saben que la liquidez de las entidades no está aún afectada, la cotización bursátil a la baja es sostenible, pero muchos más días con ese jirón en las costuras contables resultaría insoportable para cualquiera de las dos instituciones financieras. Hablan entre ellas, hablan con el Gobierno central (que prepara un decreto exprés para facilitar el trámite mercantil), con sus respectivos consejeros y preparan el cambio de sede social. El primero en anunciarlo a través de una filtración a la prensa es el Sabadell, el mismo jueves día 5 de octubre a primera hora. La orden llega directa de la cúpula del grupo que quiere frenar la salida de recursos y el pánico consiguiente. La bolsa acoge con entusiasmo la medida y el anuncio de que el Sabadell se traslada a Alicante. Allí estaba la sede de la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM), que adquirió tiempo atrás. El mero anuncio supone una progresión de más del 6% en la capitalización bursátil del banco en sólo unas horas.

“No, no podemos esperar”, la respuesta al Govern

No ha sido fácil. Josep Oliu, presidente del Sabadell, se desplaza en la mañana del 5 de octubre a la consejería de Economía de la Generalitat para explicarle al vicepresidente, Oriol Junqueras, la decisión que adoptará. Caras largas del líder independentista. Pregunta si no pueden esperar un poco más. Cuando Oliu habla con Junqueras el consejo de administración no se había reunido todavía. Lo hace más tarde, y ya con el acuerdo de salida de Cataluña en la mano, el banquero vuelve a dependencias palaciegas, en este caso para explicarle al presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, lo que acaban de decidir. La reacción del jefe del Gobierno es similar a la de su segundo: “¿No podéis esperar?”. La respuesta, también: un lacónico no.

Tras la decisión de los dos grandes se precipitan los traslados. Pero no sólo los anuncios de empresas como Planeta, Idilia Foods (Cola-Cao), eDreams, Agbar, Bimbo, Inmobiliaria Colonial… hoy Cataluña no tiene ya bancos, ése es el desolado paisaje de lo acontecido en los últimos 15 días. A los dos grandes le siguieron Mediolanum, que capitanea el convergente Carles Tusquets, y Bank Degroof Peterca Spain (el antiguo Privat Bank, refugio de las fortunas de la burguesía catalana), que dirige Guillermo Viladomiu.

Los hombres de La Caixa contrarios al presidente

La nueva estructura del grupo La Caixa obligó en esta ocasión a su mayor patrón, el presidente de la Fundación Bancaria (primera accionista de Caixabank), Isidro Fainé, a emplearse a fondo. Ya no controla el banco de manera directa como hace unos meses, y aunque Jordi Gual, presidente de Caixabank, y Gonzalo Gortázar, consejero delegado, sean ejecutivos designados por el mandamás, cada uno de ellos empieza a cobrar vida propia en sus nuevos cargos. Gual, al igual que algún otro consejero del banco, el economista Xavier Vives, eran partidarios de tomar algo más de distancia temporal. Ambos son próximos al círculo de la antigua CDC y en algún caso hay incluso proximidad personal con Artur Mas.

Gonzalo Gortázar (i), consejero delegado de Caixbank, y Jordi Gual (d), presidente de la entidad, en la junta general de accionistas de 2017 / CG

Gonzalo Gortázar (i) y Jordi Gual (d), consejero delegado y presidente de Caixabank, en la pasada junta de accionistas celebrada en Barcelona / CG

Fainé tiene que emplearse a fondo y recordar a parte de sus subalternos dónde reside el verdadero poder. Se resienten algunas lealtades históricas. Desde el interior del banco se traslada a los medios de comunicación el mensaje de que la decisión no es ideológica. Existe mucho interés en reiterar ese mantra, que todo tiene una explicación, origen y justificación operativa. Que esa, y no otra, es la única razón. Esa, claro, y la posición de Fainé, que no es ajeno a los movimientos políticos del país y que ha decidido liderar la posición del mundo económico esta vez sí con una firmeza inusual. “¡Usted no es más catalán que yo, que me llamo Isidre Fainé Casas!”, le espetó en una ocasión el banquero a Puigdemont, a quien se refiere en privado como “aquest noiet” (este chiquito). Mano de hierro en guante de seda, el principio del banquero humanista.

El manresano ha necesitado emplearse más que de costumbre para que el banco, la fundación bancaria [que controla la obra social y las acciones del banco], Criteria, Gas Natural, Abertis, Agbar, Cellnex, las aseguradoras… todas ellas tomarán rumbo a Valencia, Mallorca o Madrid. La apuesta española del banquero ha sido inequívoca y su estela abrió la espita para que empresas de todas las dimensiones y sectores siguieran el camino de emigrar su situación mercantil. Los registradores hablan de más de 500 salidas de empresas desde el 1 de octubre. Un notario radicado en el centro de Barcelona explicaba a este medio el miércoles pasado que sólo esa mañana había firmado seis cambios de razón social y que todos sus colegas están desbordados con las peticiones.

Sacar los arrestos y gobernar

Fainé hubo de superar no pocas dificultades. Aplicar, incluso, algunas demostraciones de fuerza en el seno de su grupo. Salvador Alemany, presidente de Abertis, y algunos de sus colaboradores más estrechos se resistían la tarde del sábado en un acto en el Liceu de Barcelona a cambiar la sede social en el consejo de administración del lunes. Alemany jugó durante la presidencia de Mas a pilotar un comité de asesores económicos cuya principal función no era otra que justificar desde el plano teórico la reivindicación económica del nacionalismo catalán que derivó en independentismo. “Si no es un independentista, se le parece mucho”, se escucha entre las torres negras de la avenida Diagonal. Las llamadas telefónicas del presidente de la Fundación Bancaria La Caixa hicieron posible que los primeros ejecutivos de todos esos grupos se pusieran en actitud marcial y a las órdenes del jefe, incluso en contra de sus posiciones personales.

Salvador Alemany, presidente de Abertis / EFE

Salvador Alemany, presidente de Abertis / EFE

Los independentistas han intentado minimizar lo ocurrido. “Trasladar la sede social sin mover empleados o centros operativos no tiene consecuencias”, dicen algunos. Pero lo cierto es que quienes saben cómo se organiza y relaciona una empresa tienen claro que las consecuencias serán manifiestas y llevarán a un parón del consumo, la demanda y la inversión como no se ha conocido en tiempo. Y, por supuesto, el camino andado difícilmente se desandará. Ya se encargarán de ello las autonomías en las que han recalado las empresas catalanas emigradas.

Los ‘indepes’ quieren cuentas-espejo

Ni la huelga convocada tras el ilegal referéndum ni el propio mensaje del rey Felipe sobre la situación catalana fueron grandes momentos para el sector bancario en Cataluña. De hecho, sólo los anuncios de cambio de sede social lograron frenar, de golpe, la sangría creciente de depósitos. “Ahora siguen viniendo los clientes pero pidiendo que les hagamos una cuenta-espejo. Lo curioso es que son, sobre todo, los catalanes y, sorpresa, los independentistas aquellos que están más interesados”, asegura un alto ejecutivo de uno de los dos bancos.

Las dos semanas que vivió la banca en Cataluña fueron de un frenesí inusual y puso de manifiesto que, en todos los casos, y con independencia de la ideología de cada cliente hubo una preocupación por el futuro económico que no ha remitido del todo tras la salida de empresas y las decisiones de inversión y localización de centros productivos que pueden sucederle.

Todo es susceptible de empeorar aún, dice un alto cargo de una patronal catalana, pero lo cierto es que algunas operaciones que se han llevado a cabo “tendrán difícil reversibilidad”, según un directivo del Círculo de Economía. Y en ese escenario, Cataluña se ha quedado sin bancos propios y sin grandes empresas que coticen en bolsa. Todas, prácticamente, han huido. Un escenario al que el futuro político, sea cual sea, deberá hacerle frente.

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