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Noelia Bail, secretaria general de Podem / CG

Bail: “La vía unilateral es una tomadura de pelo”

La nueva secretaria general de Podem apuesta por un referéndum pactado, pero que incluya también el tema de los derechos sociales. “No soy independentista”, afirma en ‘Crónica Global'

14.10.2018 00:00 h.
19 min

“Las banderas y la lengua se utilizan como arma arrojadiza y siempre perdemos los mismos, los que somos de barrio, los que se tienen que levantar a las 5 de la mañana”. Así opina Noelia Bail, elegida hace dos semanas nueva secretaria general de Podem tras vencer a la candidatura continuista. Formó parte del equipo de Albano Dante Fachín y sustituye a Xavier Domènech, a quien solo critica su acumulación de cargos.

Bail, nacida en Viladecans y residente en Castelldefels (Barcelona) es licenciada en Ciencias Políticas y en Derecho por la UPF y máster en políticas de igualdad de géneros. Es la coordinadora del Círculo de Feminismos y Sexualidad de Podem. “No soy independentista”, afirma.

-En tres años, Podem ha tenido tres secretarios generales (Ubasart, Fachin y Domènech). ¿Eso te genera presión?

-Es cierto que cuando hay una dimisión en un partido se produce un contratiempo y Xavi era un valor muy importante. En Podem hicimos unas primarias porque tenemos muy claro nuestra forma de elegir, fueron unas primarias exprés y es cierto que hubo algo de estrés, también por el momento político en el que estábamos. Se presentaron cinco candidatos, aún así tuvimos la participación más alta, más de 7.000 personas. En esta ocasión ha habido pocas figura mediáticas, pero eso no ha impedido que la gente se haya movilizado. Han elegido a la persona que no era la línea oficialista o continuista, creyendo y sabiendo que la persona que saliera tendría que cumplir con el documento organizativo de Xavi.

Noelia Bail junto a Albano Dante Fachín y Pablo Iglesias / EFE

Noelia Bail junto a Albano Dante Fachín y Pablo Iglesias

-¿Cuáles son tus objetivos?

-Las municipales. Hay muchas sensibilidades y muchas voces en Podem que no se sientan desplazados en la construcción que hacemos. Xavi tenía una lista con diferentes sensibilidades, yo era más de territorio, pero eso no quita que todos tengamos espacio en esta etapa y que lo más importes en remar juntos, sin luchas internas. Xavi siempre decía que quería teñir de morado Cataluña. Y yo estoy de acuerdo. Y que podemos tiene que ser fuerte, territorial y tener voz propia.

-¿En qué no estabas de acuerdo?

-Xavi ha estado pocos meses, sería injusto decir que no ha hecho una expansión en tan poco tiempo. Lo que se ponía en cuestión es que Podem, que está en construcción; Catalunya en Comú, que también lo está, y un grupo parlamentario, que está en minoría y tiene que hacer un esfuerzo enorme, estuviera liderado por una misma persona. Había una sobrecarga. Es necesario delegar.

-No acumular cargos.

-Yo solo tenía una crítica a la figura de Xavi, que no sabía cuándo estaba hablando como el líder de Podem o de Catalunya en Comú. Somos nuevos, estamos en construcción, está el territorio, las municipales.

-Te has referido a las luchas internas, hay tantas siglas que se hace difícil ver cómo se gobierna eso.

-Una cosa son los pactos que vamos a hacer con otras organizaciones hermanas y luego está el tema de la organización interna. Creo que a veces hemos pecado de titulares y de solventar cosas a través de los medios de comunicación en lugar de hacerlo en nuestro propio espacio político.

-¿Por ejemplo?

-Por ejemplo Vistalegre 2. La gente pedía unidad, no una guerra dialéctica. Hemos venido a hacer un partido para la gente. No es que tengamos más luchas internas que otros partidos, pero no nos las podemos permitir.

-¿Y sobre la negociación con otros partidos?

-Hicimos en marzo una consulta a la Asamblea Ciudadana a nivel estatal donde se preguntó bajo qué forma jurídica se quería la confluencia. Es un concepto político, es decir, todos estamos de acuerdo que queremos una unidad para tener una buena representación institucional. Por mayoría se decidió que Podemos iría en coalición, que es la forma jurídica. Confluyentes somos todos, lo que no queríamos era un solo partido, sino ir en coalición. Podem interpela a un votante y a lo mejor Catalunya en Comú a otro, y eso no es contraproducente que nos sepamos diferencias.

-Hay gente de esa confluencia que asegura que la convivencia con Colau es muy difícil.

-Nadie niega a Colau su valor político y el liderazgo que tiene en Barcelona, y desde Podem le daremos todo el apoyo posible. Pero no es incompatible reivindicar la representación de una gente que quizá no se siente representada por otro partido. Si no, no hubiéramos tenido a casi 8.000 personas votando al líder de Podem. Eso indica que ese partido está muy vivo. Y que más de 15.000 votaron en la Asamblea Ciudadana para decidir que quieren ir en coalición significa que les interesa la vida interna.

-¿Cuál es el siguiente paso, confirmar esa coalición?

-Siempre he defendido la autonomía territorial. De cara a las elecciones municipales, quién mejor que el territorio para decidir qué tipo de confluencias se deben hacer.  Hay que combinar el mandato de la asamblea con la autonomía territorial. Y si hay elecciones catalanas, habrá otro tipo de relación, en este caso bilateral entre Catalunya en Comú y Podem. Y luego están las europeas. Le he pedido a Ada Colau una reunión y estamos pendientes de fecha. Se trata de ir normalizando las relaciones, que deben ser fluidas.

-¿Qué discurso debe tener Podemos en un momento de máxima polarización? Se ha acusado en varias ocasiones a vuestra confluencia de coquetear con el independentismo.

-Yo me dejaría de banderas. A mi me produce desazón que se utilice una bandera para tapar cosas, como los recortes. A Domènech yo le decía que no hace falta tener una Cataluña independiente, ni siquiera aprobar unos presupuestos, para que mejoren las condiciones de vida de los catalanes. Yo vengo de la periferia. Estoy harta de que a los castellanohablantes se nos encasillen o se nos arrinconen entre banderas, cuando lo que nos importa es tener una vida digna, trabajo y una inmersión. Yo recuerdo en los años 80 cuando en el Baix Llobregat pedíamos a las AMPAS más horas de catalán. Y no venían. El tema de las banderas y de la lengua se utiliza como arma arrojadiza y siempre perdemos los mismos, los que somos de barrio, los que se tienen que levantar a las 5 de la mañana. Yo tengo un sueldo normalito y me cuesta llegar a final de mes. Ahora tengo la gran suerte de trabajar al lado de casa y con levantarme a las 7 tengo suficiente. Pero normalmente la hora de levantarse es a las 5 o depende cada semana de lo que te diga la empresa. Yo soy afortunada, son horas razonables. Pero que la señora Arrimadas venga con una bandera, pues qué quieres que te diga. Háblame de temas sociales, de los barracones, de los problemas educativos o de ordenadores escolares que no se han cambiado desde hace diez años.

-Pero la clase trabajadora, en lugar de votar a la izquierda que representaba sus intereses, vota a Ciudadanos.

-Quizá no nos hemos sabido explicar. Nosotros tuvimos un mal resultado electoral, pasamos de 11 diputados a 8. Y hay que aceptarlo. Si son malos, no es que no nos hayan entendido, es que no nos hemos sabido explicar. Quizá hemos caído en el juego o no hemos sabido defender una tercera vía. Yo no quiero banderas y me parece perverso usar la inmersión para echarse piedras unos contra otros. Porque, al final, hablar más de un idioma siempre es enriquecedor. El relato nos lo hicieron por un lado y otro porque ya les iba bien. No hay que olvidar que el 21D fueron unas elecciones otra vez plebiscitarias. La gente no votaba porque creyera en el programa electoral de Ciudadanos, por ejemplo. Votaba no al independentismo y quienes defendían el relato del presidente exiliado, votó a Puigdemont. Los partidos que ofrecíamos una alternativa no nos supimos explicar, también es verdad que no tuvimos tiempo tras la aplicación del 155, fue una locura.

-¿En esos malos resultados ha tenido que ver lo que comentábamos, el coqueteo con el independentismo?

-Creo que no. En Podem, y lo ampliaría a la confluencia, hay gente independentista, pero nuestro eje no es ese. Nuestro eje es el social. Pero eso da idea de la pluralidad que hay en ese espacio, donde hay federalistas e  independentistas, pero al final lo importante es lo social. El problema fue la polarización del momento y el 155. Yo no soy independentista, pero no me gusta que me impongan un 155 y me digan cómo deben ir las cosas. Tampoco me gusta el callejón sin salida en el que nos metió el Gobierno de Puigdemont, porque sabían perfectamente que lo que proponían era imposible, era una quimera. Me parece muy perverso llevar hasta las últimas consecuencias algo que sabes que no puedes cumplir. Aunque me parece mucho más heavy la actuación de Rajoy, que le costó que le echasen. Por tanto, no es una cuestión de independencia, es una cuestión de democracia.

-¿Por qué no prospera entonces esa tercera vía?

-También es verdad que el 1 de octubre del año pasado no es el mismo que el de este año. Hoy, gente de ERC como Tardà o Junqueras reconocen que la vía unilateral es inviable. El historiador Josep Fontana decía que si quieres la independencia hay dos caminos, el consenso y el acuerdo o la sangre. Yo no quiero la sangre. Vayamos al acuerdo y a un espacio en el que nos entendamos independentistas y no independentistas. De lo que se trata es mejorar las condiciones de vida, no solo en Cataluña, sino en el resto del Estado español. Ahí nos van a encontrar, si es para mejorar las condiciones de la sociedad catalana, murciana, andaluza o madrileña, ahí estaremos.

-Pero ahora vais a tener una presión muy grande en el Parlament, tras la pérdida de la mayoría independentista. Y os colocarán a un lado o a otro.

-La tenemos. No me preocupan las etiquetas, sino los cambios de rumbo, los bandazos. Si tienes claro a donde vas, se trata de aguantar y resistir.

-Por tanto, vuestra apuesta es un referéndum pactado…

-Y con garantías, eso siempre lo hemos defendido. Nosotros defendimos el 1 de octubre como una movilización ciudadana, no para defender la independencia. Yo con mi voto iba a ejercer un derecho a decidir que es un derecho básico en democracia. No era una votación con garantías, pero sí una expresión de madurez. Estuvimos por eso, no porque le diéramos validez.

-¿Crees que Pedro Sánchez puede acceder a ese referéndum?

-Hay que se un poco valiente. Estamos hablando de una mayoría muy amplia que apoya un referéndum. Se pueden pactar las preguntas, no tienen que ser binarias. Se puede hablar de independencia, pero ¿por qué no vamos a hablar de derechos sociales? A lo mejor nuestro objetivo final no es la independencia, es una manifestación de indignación. Con una mayoría del 80%, no hagas un referéndum, va a ser una complicación. No sé si Pedro Sánchez va a estar por la labor. Sí sé que con Rajoy era imposible, con todos los errores del Gobierno catalán, que confundió ser un gobierno con ser un Estado. A mi la vía unilateral me parece una tomadura de pelo y una falta de respeto a la gente que, aunque yo no comparto su posición, estuvieron dando la cara. Si tu gente es la que está en la calle, o eres honesto o la vas a perder.

-Leí tu articulo “Nación charnega” en el que reivindicas una condición social de una forma muy emocionante y diferente a cómo lo hace Gabriel Rufián, diputado de ERC, que hace espectáculo. ¿Qué te parece?

-Lo que pretende el artículo es reivindicar que quienes vivimos aquí, tengamos orígenes de fuera o no, lo que queremos es tener una vida mejor. Es poder tener un buen ambulatorio y buenos colegios. Y denunciar cómo nos han definido como colectivo, cuando nosotros también reclamábamos clases de catalán, inclusión y reconocimiento mutuo. Rufián o yo somos personas que venimos del barrio y denunciamos por ejemplo que haya casi un 30% de pobreza infantil. Eso es lo que tenemos que reivindicar, primero por una cuestión de solidaridad. Y también porque lo vives. Lo ves en la calle. Supongo que Rufián lo verá y entenderá que es una cuestión de lucha social.

-¿La única fórmula para cambiar mayorías sería un tripartito entre ERC, comunes y PSC?

-Lo que está claro que, tanto en Cataluña, como a nivel estatal, ya no va a haber bipartidismo. Vamos de lleno a la cultura del consenso, algo que en otros países ya existe desde hace tiempo. Nos vamos a tener que entender. Cada uno viene con su programa, pero habrá que hacer otras confluencias postelectorales. Creo que una de las cosas en la que Podem no va a ceder es en tener una presupuestos que sean sociales. Nada de recortes, feminismo, sanidad, lucha contra la violencia machismo…

-Y la cuestión catalana...

-Otra de las cuestiones es la catalana y ahí tendremos que ver cómo nos posicionamos. A nadie se le escapa que el PSC sería un actor, por lo que debería alejarse del 155 y negociar como se haría un referéndum o cómo recuperar el Estatut, que sigue estando en el Tribunal Constitucional. Necesitamos unos consensos porque vamos a tener que convivir, yo no me quiero ir de España, pero tampoco quiero que no haya un reconocimiento mutuo. Hay que dar un paso adelante. En el 78 se hizo un pacto social y ahora viene otro. Hay que ser valientes y responsables. Y atender a las necesidades territoriales, preservando la solidaridad y la equidad social. España se compone de muchos colores.

-¿Le gustaría ocupar un cargo público? Por ejemplo, encabezar una lista municipal?

-De momento no me lo he planteado. Estoy en mi círculo de Castelldefels y en el círculo feminista. Yo estaré donde el partido crea que soy útil.

-¿Pero te gustaría?

-Si soy útil, si. Cambiar cosas en mi pueblo, sí. Si hay otra persona que lo pueda hacer mejor y es de consenso, no me importa. No se trata de nombres, sino de proyectos y que se pueda ganar.