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Prófugos no cualificados

El apresamiento de Puigdemont abre la vía a otras elecciones

La movilización callejera, ansiada hace tiempo por el independentismo, vuelve a colocar al expresidente como único e imposible “candidato legítimo”, lo que aboca a nuevos comicios

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Es el final de la escapada. Y posiblemente también del bloqueo catalán. La detención y posterior encarcelamiento de Carles Puigdemont en Alemania obliga a los independentistas a cerrar filas, esto es, a investir al único “presidente legítimo”, como siempre ha mantenido la CUP. Sobre todo ahora que su apresamiento ha logrado lo que desde hace tiempo se quería o temía: la movilización en las calles y la amenaza de una huelga general. Sin embargo, ni el Gobierno ni la Justicia permitirán que un encarcelado sea investido.

El Estado, a quien los separatistas pretendían humillar con sus supuestas “astucias”, ha quedado reforzado con el arresto de Puigdemont, llevado a cabo justo en el país que los servicios de inteligencia españoles pretendían, en una Alemania donde la secesión se castiga muy duramente. No se prevé, por tanto, que vaya a bajar la guardia. Todo ello aboca irremisiblemente a nuevos comicios.

Un trágala para Torrent

Ungir presidente a Puigdemont una vez encarcelado no es tan descabellado. Ya se intentó con Jordi Sànchez, aunque el juez Pablo Llarena no le concedió la puesta en libertad para acudir al Parlament. De ahí que, ahora, la trágala esté en las filas de ERC, es decir, de Roger Torrent, pues en calidad de presidente del Parlament, es el responsable de dar luz verde a la aprobación exprés de la reforma de la ley de Presidencia y del Govern que permitiría a Puigdemont ser investido a distancia.

De nuevo, la maquinaria gubernamental y judicial se activará para evitar esa nueva trampa legal. Por ello, el previsible empecinamiento de Puigdemont como candidato abre la vía de otras elecciones. Es importante recordar que el expresidente no ha renunciado todavía a su escaño. Y habrá que esperar a ver cómo evoluciona la tramitación de su extradición a España. El panorama no pinta bien, pero tal como explicamos en Crónica Global, la puesta de Puigdemont a disposición de Justicia española puede tardar entre 10 y 60 días. En paralelo, su suspensión para ejercer cargo público como procesado y encarcelado tiene que ser firme.

El tiempo juega en contra

Se trata de un escenario muy enrevesado donde el tiempo juega en contra de los independentistas, que tienen hasta el hasta el 22 de mayo para evitar nuevas elecciones, que previsiblemente serían el 15 de julio.

Tras las fallidas investiduras de Puigdemont, Sànchez y Jordi Turull, comenzaron a sonar nuevos nombres, y también tambores de guerra entre PDeCAT y Junts per Catalunya, siempre a la greña respecto a las legitimidades respectivas para proponer candidato. En paralelo, ERC y los comunes exploraban, al menos verbalmente, nuevas mayorías parlamentarias. Ninguna de las formaciones independentistas han querido romper la baraja, esto es, poner fin a la espiral de confusión secesionista. La Justicia les ha hecho el trabajo sucio hasta ahora. Y lo seguirá haciendo.

La detención de Puigdemont está muy cargada de simbolismo y los incidentes ocurridos en las calles ayer domingo son solo un aviso de lo que podría estar por llegar. Todo ello dificulta que otros candidatos independentista den un paso adelante para sustituirle. Turull ya lo hizo el pasado jueves visiblemente sin fuerza, casi obligado, consciente de los procesamientos que estaban por llegar. Ahora, la CUP clama más que nunca investir a quien siempre ha sido su candidato, Carles Puigdemont. Ahora en manos de la Justicia alemana.