Ciencia

Grandes economistas. Suman y restan

3 noviembre, 2019 00:00

Recientemente he escuchado --de nuevo-- aquella consideración propia de determinada tipología de economistas cuando se debate acerca de la desigualdad: tras numerosos cálculos aritméticos, llegan a la conclusión de que la desigualdad no aumenta. Incluso, en determinados ámbitos y bajo ciertas circunstancias, consideran que puede estar disminuyendo muy ligeramente. Seguidamente, la conclusión habitual: denunciar la desigualdad en nombre de la ciencia económica es populismo y una irresponsable contribución al malestar social.

Discrepo radicalmente, pues la cuestión radica en los cálculos aritméticos, pero, especialmente, en la manera en que la economía debe aproximarse a la desigualdad. Y le corresponde hacerlo desde una doble perspectiva. De una parte, acudiendo a las ciencias exactas para, según parámetros matemáticos, determinar los datos y analizar su evolución. Y, de otra, considerando el contexto y las dinámicas sociales, resulten éstas más o menos evidentes.

Solo de la combinación de ambas aproximaciones se podrá contribuir a un debate público informado sobre una cuestión tan trascendental. Y ésta es la esencia de la economía, aquel saber que nace de las humanidades y que sabe incorporar, en su medida, prácticas propias de las ciencias.

En este sentido, resulta fundamental entender que, hoy, nuestra sociedad muestra una menor tolerancia a la desigualdad. Entre otras razones, porque la información fluye y evidencia las diferencias; por la mayor preparación de la ciudadanía y por el deterioro generalizado de las expectativas de futuro.  

Y debe entenderse, también, que las demandas y sensibilidades sociales evolucionan en todos los ámbitos. Por ejemplo, en el de la igualdad de género, en el que --pese a los grandes avances que se han dado en las últimas décadas-- se exige, afortunadamente, una plena equiparación de derechos laborales entre hombre y mujer. Y a nadie se le ocurre rechazar dicha demanda argumentando que la evolución reciente ha sido positiva. De la misma manera y con mayor motivo, pues la evolución en el ámbito de la desigualdad es negativa, no se entiende el rechazo a la aspiración social por unas diferencias más sostenibles.

La evolución del papel del economista es un excelente paradigma de una deriva de nuestros tiempos: el renunciar a la abstracción y el largo plazo, para entregarse a la inmediatez. Y, también, el olvidar el interés general para poner la academia al servicio de determinados grupos de interés. Así generamos la gran crisis que aún padecemos. De seguir igual, lógicamente vendrán otras.