Aly Herscovitz

Aly Herscovitz

Letras

La casi resurrección de Aly Herscovitz

Un grupo de intelectuales españoles publican un libro para recuperar la memoria de una chica judía de origen rumano, la que conoció Josep Pla en Berlín 

25 noviembre, 2023 17:00

En uno de los dietarios de Josep Pla, todos ellos extraordinarios como es notorio, y que para los lectores que no se manejen en la lengua catalana están traducidos por Xavier Pericay y publicados en un solo volumen de la editorial Destino, hay una nota breve --folio y medio--, titulada La señorita Aly Herscowitz. Cuenta ahí Pla su lejana relación con una chica judía, de origen rumano (de Iasi, la ciudad universitaria) y familia de comerciantes en Leipzig, a la que conoció en un famoso café del Berlín de entreguerras, en aquellos años marcados por la derrota de la Primera Guerra Mundial y por la pavorosa inflación.

Es un retrato sugestivo aunque un poco borroso el que hace Pla en Notas dispersas. Cuando la conoció él tenía 26 años y ella 18 y era una chica bohemia, alegre, despabilada, hedonista, que trabajaba en cualquier cosa que surgiera, que sabía idiomas, que le gustaba la vida de restaurantes y cafés y probablemente se dedicaba también de forma más o menos esporádica al sexo venal. Cuando se acabó la inflación que le permitía a Pla vivir como un Creso, con un punto de mala conciencia, gracias al modesto sueldo en pesetas que cobraba como corresponsal de la prensa española, empezó a pasar hambre y se trasladó a París. Allí al cabo de un tiempo le visitaría Aly, para someterse, sin que su familia se enterase, a tratamiento clínico contra la sífilis que había contraído. (Por cierto que la sífilis era uno de los mayores miedos de Pla).

Portada del libro de Pericay

Portada del libro de Pericay

Bien, ella se curó, Pla volvió a España, se perdieron la pista, y al cabo de los años éste supo confirmados sus temores de que Aly H. hubiera sido asesinada en el exterminio de los judíos europeos decretado por el régimen nazi. La nota concluye con unas frases curiosas: “¡Pobre criatura! Cuanto más incierto es el recuerdo, más dolorosa y trágica es la catástrofe final”.

Aly H. no era nadie, o casi nadie, muertos en la segunda guerra mundial hubo muchos, millones, y muchas son también las páginas que escribió Pla y las historias que contó y las personas de las que habló. Pero algunos lectores no tuvieron suficiente con esos cuatro datos sobre Aly H. Les parecían un poco raras y elusivas esas líneas a ella dedicadas, llenas de sobreentendidos, y decidieron investigar quién fue y qué clase de relación tuvo con el escritor y, en fin, cuanto se pudiera averiguar sobre su vida y si efectivamente pereció víctima de la Solución Final, en qué campo de exterminio, y cuándo.

Arcadi Espada, que había escrito un libro sobre las mujeres en la vida de Pla, se puso de acuerdo con Sergio Campos, entonces bibliotecario en el centro Cervantes de Berlín; con Xavier Pericay, hombre de letras en Palma de Mallorca; con Eugenia Codina, profesora en Roterdam; y con Marcel Gascón, entonces estudiante en Bucarest, y buscaron debajo de las piedras pistas de Aly H., juntos abrieron un blog al que fueron incorporando sus hallazgos en archivos y bases de datos y lo que les dijo algún pariente superviviente de la Solución Final al que localizaron no sin dificultad y que les proporcionó fotografías del álbum familiar con las que pudieron poner cara y ojos a la joven. Contextualizaron su caso en el marco de la persecución de los judíos en tiempos de Hitler.

Josep Pla

Josep Pla

El blog, que se titulaba Aly Herscovitz. Cenizas en la vida europea de Josep Pla, era una lectura absorbente, yo lo llamaría un deleite terrible, y con su formato elegante, con imágenes e hipervínculos que remitían a otras imágenes y otros documentos, un ejemplo de las posibilidades para la narrativa y para la investigación que ofrecía internet, y también para el trabajo en equipo y a distancia…

Voluntad de restitución

Fui uno de los pocos y entusiastas lectores de aquel blog que fue una tarea –me atrevería a decir— de amor desinteresado con el que si no se llegó a desenterrar a Aly Herscovitz no fue por falta de tenacidad ni de pericia de los investigadores, que además de dar cuenta de sus hallazgos explicaban cómo habían llegado a ellos, sino porque la pobre muchacha fue reducida a humo y cenizas en un horno crematorio de Auschwitz.

Catorce años después Xavier Pericay publica un libro bajo el mismo título de aquel blog fascinante, en ediciones Athenaica, donde recoge toda la información que entonces pudieron reunir y otras que él ha podido agregar gracias a nuevas lecturas y reflexiones. Este libro es un monumento a la voluntad de restitución. Sí, ciertamente fueron asesinados seis millones de judíos, en la masificación y el anonimato, y es tan irreversible la muerte como el anonimato de tantos seres reducidos a soporte de un número tatuado en el brazo, pero no en este caso concreto, no en este caso porque a cuatro intelectuales españoles no les ha dado la gana de dejarlo pasar. En vez de ocuparse de otras cosas se dedicaron a buscarla. El libro de Pericay me ha tenido varias noches sin dormir, mirando a Aly, pensando en ella, en la época y los lugares de su breve peregrinaje en este mundo, en los pasos de su Via Crucis y también en los movimientos orquestales de los cuatro mosqueteros para rescatar los harapos de la memoria de una desconocida.

Llega a las librerías el día 29, y al día siguiente lo presentan en Pasajes, la estupenda librería de la calle Génova (¡la fundó Arroyo-Stephens! ¡Toñín trabajó allí!), donde no faltaré, desde luego, si no es por causa de fuerza mayor; y como me ha impresionado tanto, iré a Barcelona, a presentarlo allí también, el día 14 de diciembre, aún no sé dónde, donde me diga el señor Garmendia, el editor. Hablaremos de Aly Herscovitz.