El incendio de Irán desatado por Donald Trump, el gran depredador

El incendio de Irán desatado por Donald Trump, el gran depredador

Ideas

Occidente, un juguete roto: el incendio en Irán

Jeanette Winterson en 'Un Aladino y dos lámparas' ejemplifica la dramática situación de Occidente, empezando por las dudas de Charles Darwin en 'El origen de las especies', hasta casi confirmar la supervivencia del más apto de Oswald Spengler, que hoy es sinónimo del más poderoso militarmente

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Persia tiene los pies de barro. La guerra lanzada por el bloque EEUU-Israel contra Irán ha dado su paso definitivo en la zona más compleja del planeta. Washington y Tel Aviv incendian la República Islámica, saltándose el derecho internacional, como hicieron en Gaza, y exigen que se les conceda el lado correcto de la historia. La Torá se impone a la Sharia en Oriente Próximo, el corazón mismo del mundo musulmán. Irán deja de ser el gendarme de la región, ante el silencio inicial de Rusia, su poderoso socio, que finalmente, desde Moscú, rompe una lanza por la autocracia chiita de los ayatolás, mientras China, por su parte, desautoriza a Washington.

Es posible abrir lo que está cerrado; eludir lo que parece inevitable; contestar un relato con otro. O simplemente encontrar la lámpara mágica y la alfombra voladora, como han hecho Donald Trump y Bibi Netanyahu en pocas horas: cambiar la historia porque la historia es de su propiedad y ellos son los señores del nuevo orden.

El poder militar

El poder militar se impone como un destino ineludible. Su arbitrariedad es parecida a la del mago que, desde el fondo de su lámpara, le confiere a un mercader la riqueza y felicidad que le pide, a cambio de su vida. El mago desaparece en “una nube de polvo ufano” y el mercader sabe que no hay escapatoria. ¿Quién escapa a su destino?

La última guerra telemática de Trump, coordinada durante el fin de semana desde su residencia privada de Mar-a-Lago con el presidente rodeado de decenas de invitados, confirma que Occidente está ante una encrucijada existencial dramática; subyugado por los caprichos de un déspota, Occidente ya es un juguete roto.

Jeanette Winterson en Un Aladino y dos lámparas (Lumen) ejemplifica esta constatación, sin hablar de la guerra -no existía cuando la escribió- y empezando por las dudas de Charles Darwin en El origen de las especies, hasta casi confirmar la supervivencia del más apto de Oswald Spengler, que hoy es el más poderoso militarmente.

Los poderes aplican una eugenesia modelo posverdad para crear ciudadanos vigorosos y productivos que cortan de raíz el viejo Discurso de Jean-Jacques Rousseau, origen de la democracia, atacada desde el día que Aldous Huxley proclamó la victoria de la ingeniería genética, en Un mundo feliz.

Autómatas biológicos

Las bombas de Netanyahu y Trump transportan este programa: nacionalismo, fronteras duras, fe, familia y bandera; enfrente, tienen a un régimen teocrático basado en el ajusticiamiento del disidente, el dogma coránico y el odio a la mujer. El primero de estos dos males lleva la iniciativa; bombardea al segundo dejando centenares de muertos y provoca el bloqueo del estrecho de Ormuz, la ruta del petróleo y del gas natural. Washington controla ya el oligopolio del crudo mundial, la última ratio de esta guerra.

Las dos lámparas de Aladino, Washington y Jerusalén, contemplan la guerra como una realidad virtual que elige un avatar ¿Y si no les gusta? Eligen otro. Jeanette Winterson nos recuerda que se puede elegir cuerpo y bando. Lo ilustra con esta cita de Las metamorfosis de Ovidio: “Mi ánimo me dispone a contaros como los cuerpos se mudan en cuerpos distintos”.

Muy pronto, los nano robots nos inundarán. No hace falta que te conectes; tú mismo serás (ya eres) el dispositivo. La IA es inteligente, pero no consciente como le pasaba al matemático René Descartes. Dijo “Pienso luego existo” para no decir “te quiero y sé que tú me quieres”. Se atrincheró en el concepto del ser humano como mente y acabó afirmando que los animales no sufren, son “autómatas biológicos”. Su reduccionismo vital le condujo a lo “execrable”, a criterio de Winterson.

Falta poco para que interactuemos con sistemas inteligentes integrados en robots. “El mundo no binario es el futuro”. La IA, en su forma pura, no tiene ni color de piel, ni sexo biológico, ni género”. Una reflexión en la que, por pura consecuencia, debería caer el presidente y examigo de Epstein.

Portada de 'Un Aladino y dos lámparas' , de Jeanette Winterson

Portada de 'Un Aladino y dos lámparas' , de Jeanette Winterson

Donald Trump cambia el contenido de las historias a base de imponer una política exterior colonial como antídoto del fracaso nacional (inflación y pérdida de confianza del votante). En apenas cuatro días de bombardeos, la guerra se extiende a Líbano y resuena en todo Oriente Próximo. Ya no estamos ante una operación militar rápida; los ataques durarán “lo que sea necesario, pero aún no ha llegado la gran ola”.

El genio ha salido de la lámpara y no quiere volver a ella porque el mago se ha convertido en el genio. Y su última bufonada va en la línea de banalizar las instituciones internacionales, colocando a su esposa, Melania, en la presidencia de una sesión del Consejo de Seguridad de la ONU o creando un nuevo consejo para los países que paguen en dólares su derecho de pertenencia. A lo mejor es su forma de decirle te quiero a Melania, pero no creo.

En la narrativa de Winterson, el equilibrio se manifiesta entre otras dos lámparas mágicas: el castigo y la clemencia. El castigo son las bombas -EEUU ha bombardeado ocho países en un año y medio- y la clemencia surgida de la compasión, que responde a una comprensión humana superior, pero casi siempre mal aplicada. La autora toma el ejemplo de la esposa adúltera en La letra escarlata de Nathaniel Hawthorne, la historia de una mujer rechazada por su comunidad, a pesar de ser la amante de un reputado reverendo.

En la conocida colección de cuentos de Las mil y una noches, nuestro cuerpo nunca tiene la última palabra. “Somos más de lo que parecemos”. Y de este principio nace la noche interminable, cuando Shahrazad engaña al sultán con promesas de futuro para que no la mate antes del alba: “Rey del mundo, lo que está por venir es aún más maravilloso”.

La fuerza del amor

Los genes son historias ya escritas, pero la expresión genética sigue escribiéndose, como los cuentos interminables. En la original narración de Jeanette Winterson, la princesa, disfrazada de Aladino, va alargando sus historias para no morir al final de cada noche, como lo hace Shahrazad. Ella tiene ritmo mental; enlaza sus cuentos, cada uno con el siguiente y mantiene a raya las voces que reclaman atención; “así la historia se fortalece”, dice Winterson. Y la misma historia, contada por capítulos, noche tras noche, va alterando su propio algoritmo.

“La vida es una red”, como lo es ahora Oriente Próximo, con las respuestas de los misiles iraníes en Emiratos Árabes Unidos, Catar o Arabia Saudí, hasta llegar a Chipre, base militar de Reino Unido, y territorio de la UE. Irak fue un capricho, pero Irán va en serio; cien millones de habitantes y desiertos basálticos inmensos en los que el Gran Alejandro, con los pies hundidos en el barro, perdió muchas plumas ante la infantería persa.

Ahora, en medio de las bombas, el lenguaje diplomático de la Casa Blanca ha perdido la serenidad de otros tiempos al caer en manos del secretario de Estado, Marco Rubio, quien justifica la ofensiva como un ataque “preventivo”: “no nos íbamos a quedar sentados”. El título de su operación, Fuerza Épica, desacredita al militarismo sobrio del Pentágono.

La perversión del combate es innata en los ejércitos. Las cúpulas hoy enfrentadas harían bien en escuchar la versión final del cuento del viejo, que tiene a dos perros como amigos. Un sultán le pregunta “¿Por qué ayudas a esos animales despreciables?” El anciano contesta: “Por amor. La fuerza transformadora más poderosa que existe. El amor que te cambia, el amor que encuentra el perdón donde no lo hay”. Al oírlo, el sultán baja el alfanje afilado que esgrime siempre como amenaza.

Portada de 'El guardian entre el centeno'

Portada de 'El guardian entre el centeno'

En otra narración de Las Noches, comentada y aumentada por Winterson, se demuestra que las historias son detectores de mentiras, pero el mentiroso solo está al servicio de la cohesión de su argumento. “La historia de Jesucristo no la contará igual un cristiano que un ateo. Tratar de sustraer el yo del relato no nos lleva a ninguna parte”. La escritora vive en el vicio permanente de cruzar conocimientos: “Los edificios se alzan y desmoronan, los imperios desaparecen. Y aun así, nos reunimos al hilo de una historia”.

Winterson atrapa su argumento en la novela de iniciación El guardián ante el centeno (J.D. Salinger), en la que se emplean narradores poco fiables cuyas peripecias nos exigen conocer nuestros recuerdos; así sabremos cómo reaccionamos ante sucesos sobre los que no tenemos ningún control, como ocurre ahora en Oriente Próximo. Los autores de los bombardeos saben que el desconocimiento de lo inmediato es el campo abonado para dañar el equilibrio internacional de las naciones.

El relato es solo un refugio de sensaciones vividas. Con la lectura aprendemos a moldearnos y la misma historia nos señala cómo prosperamos o naufragamos en el intento. Lo confirma el estilo biográfico-moral de Dickens en Grandes esperanzas, donde se nos muestra un mundo mutilado por el abandono y salvado por los encuentros casuales con otros que también fueron olvidados.

El juego de la Winterson es enormemente divertido, al fusionarse con Las Noches y con un montón de ficciones en las que ella descubre el “tiempo interno” desarrollado por otros que también comparten historias. Uno lee su libro con ganas de añadir experiencias personales después de que la autora le haya abierto puertas y ventanas al lector. Un Aladino y dos lámparas mezcla fantasía y reflexión. Destruye convenciones. Es un alegato del poder de nuestros cuentos vividos o narrados, un salto en el vacío para imaginar un mundo nuevo. Inventar antes de que nos inventen los grandes depredadores de mercados, naciones y recursos naturales.