Detalle de la portada de 'Un caso de matricidio'

Detalle de la portada de 'Un caso de matricidio'

Letras

El final del inspector Gorski

Quien quiera leer thrillers trepidantes más le valdrá mantenerse a una prudente distancia de la trilogía francesa del señor Burnett. Aquí el crimen es solo un elemento que dispara la melancolía del inspector Gorski y su desolación ante la miseria moral de sus conciudadanos

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El inspector Georges Gorski está al frente de la policía de Saint Louis, pequeña localidad alsaciana en la que no abundan los delitos, aunque cuando se dan, se las traen. Gorski es un hombre tímido, effacé, que dicen los franceses, alguien que nunca ha acabado de sentirse bien en su piel, como también dicen los franceses. Se casó con Céline, la hija del rico del pueblo (y futuro alcalde), tan hermosa como frívola, que se pasó unos años tratando de que su marido cambiara de oficio, que dejara la policía y trabajara en algo con más glamour (que tal vez le podría conseguir su señor padre) No lo logró y se produjo el divorcio, tras el que ambos tuvieron que repartirse a su hija única, Clemence.

Tras la separación, Georges volvió a casa de sus padres para cuidar de su madre viuda y bastante demenciada. En la planta baja, donde el progenitor de Georges había tenido su casa de empeños, la señora Beck, una mujer casada, pero no muy felizmente, alimenta los sueños de armonía conyugal de Georges, jamás realizados.

Saint Louis, pequeña ciudad de unos 25.000 habitantes y fronteriza con Suiza y Alemania, existe, pero no es ese el caso del inspector Gorski, un personaje de ficción creado por Raymond Brunet, sujeto atormentado que, a trancas y barrancas depresivas, consiguió escribir tres novelas protagonizadas por Georges Gorski: La desaparición de Adèle Bedeau (llevada al cine por Claude Chabrol), El accidente en la A 35 y Un caso de matricidio.

Portada de 'Un caso de matricidio'

Portada de 'Un caso de matricidio'

No se le ha vuelto a ver desde que asistió en París al estreno de la película de Chabrol. Brunet fue redescubierto a principios de este siglo por el escritor escocés Graeme Macrae Burnett (Kilmarnock, 1967), quien tradujo sus tres novelas y logró hacerlas llegar a una audiencia más amplia. Le hubiese gustado conocer a Brunet, o saber de su paradero, pero no se puede tener todo en esta vida…

Bueno, vamos a dejarnos de engaños literarios. Raymond Brunet es un personaje tan ficticio como Georges Gorski. A ambos se los inventó el señor Burnett (mismas letras que Brunet, con una t de regalo) para ampliar el halo de misterio de esas tres novelas situadas en la provincia francesa que tanto recuerdan el estilo y modo de hacer del gran Georges Simenon (que comparte nombre de pila con Gorski) y que ha editado primorosamente en España Impedimenta: la tercera salió no hace mucho y cierra brillantemente la trilogía que se inició con La desaparición de Adèle Bedeau (que, evidentemente, nunca fue adaptada al cine por el difunto Claude Chabrol).

Una pesadilla

Un caso de matricidio nos muestra a un inspector Gorski especialmente cansado de sí mismo y de los demás y seriamente deprimido por la condición humana. Su ex mujer sigue tratándole con la displicencia habitual, y a su hija la ve de uvas a peras. Su madre, cada día peor de la cabeza, se está convirtiendo en su pesadilla. Y al mismo tiempo, un ricachón del pueblo, dueño de una cementera y gran amigo del padre de Céline, aparece muerto violentamente en su despacho.

Portada de 'Un plan sangriento'

Portada de 'Un plan sangriento'

En paralelo, otra yaya del lugar, que tampoco está muy fina, cree que su hijo (un escritor cuya única novela consiste en poner de vuelta y media a todos los habitantes de Saint Louis) pretende asesinarla, lo cual obliga a Gorski a efectuar periódicas visitas a su hogar, donde el presunto matricida le demuestra desde el principio que no le cae bien (el muchacho está escribiendo, precisamente, su segunda novela, que lleva por título Un caso de matricidio). Y, mientras tanto, la señora Beck sigue esperando a que Georges colabore en su anhelado adulterio…

Como pueden ver, el ambiente es muy Chabrol. Pero es que los escenarios de Chabrol también eran muy Simenon, que es el autor cuya sombra planea sobre la excelente trilogía del señor Burnett. Evidentemente, no hacía falta inventarse a Raymond Brunet, pero a mí me divierten mucho estas engañifas literarias, que llevan perpetrándose desde tiempo inmemorial: no son pocos los autores que se han escudado en presuntos textos ajenos descubiertos o recibidos para dar rienda suelta a su imaginación (¿mi favorito?: El manuscrito encontrado en Zaragoza, del polaco Jan Potocki).

Desesperación vital

Quien quiera leer thrillers trepidantes, eso sí, más le valdrá mantenerse a una prudente distancia de la trilogía francesa del señor Burnett. Aquí el crimen es solo un elemento que dispara la melancolía del inspector Gorski y su desolación ante la miseria moral de sus conciudadanos. No se sabe muy bien si Saint Louis tiene un ambiente tóxico o si es la toxicidad de Gorski la que lo convierte todo en un discreto infierno rural.

En cualquier caso, a pesar de que no se use la primera persona, lo vemos todo a través de los ojos de ese policía sumido en una también discreta desesperación vital. En ese sentido, el Saint Louis de Gorski es un sitio ideal para visitar (desde el sillón de orejas y al amor de la lumbre), pero en el que nadie en su sano juicio querría quedarse a vivir.

Impedimenta ha publicado otras dos novelas de Graeme Macrae Burnett no protagonizadas por el deprimente (pero proactivo a su manera) inspector Gorski: Un plan sangriento, inspirada en un caso real del siglo XIX, y Caso clínico, ambientada en el Swinging London de los años 60 y centrada en los problemas psicológicos de la protagonista, a la que no cuesta nada imaginar con los rasgos de la actriz Julie Christie o la modelo Jean Shrimpton.

Se trata de dos buenas novelas que, inevitablemente, palidecen en comparación con la trilogía de Saint Louis, especialmente bien recibida por todos aquellos lectores que, como yo, saben que nunca habrá una nueva novela de Simenon protagonizada por el comisario Maigret.

El escritor belga dividía su obra entre los misterios de Maigret y lo que él consideraba sus novelas psicológicas (las primeras las escribía en una semana, las segundas en dos). El señor Burnett ha conseguido mezclar ambas tendencias en sus tres novelas del inspector Gorski. Un reto difícil, pero el hombre ha aprobado el examen con nota.