Edith Wharton (1889) / E. F. COOPER.

Edith Wharton (1889) / E. F. COOPER.

Letras

Edith Wharton, dramaturga

La novelista norteamericana, autora de 'La edad de la inocencia', cultivó el teatro, como demuestra 'La sombra de la duda', hasta ahora inédita en español

17 octubre, 2019 00:00

El descubrimiento de un texto inédito siempre es noticia. Cuanto mayor es la fama de su autor más difusión tiene el hallazgo, cuya relevancia muchas veces trasciende el ámbito meramente académico. Y es que, más allá del interés crítico, la aparición de un texto desconocido se convierte en muchos casos en un negocio editorial, incluyendo el litigio por los derechos y las pujas económicas. Sin embargo, desde el punto de vista estrictamente literario la condición inédita de un texto no es un valor intrínseco. Este no es el caso de La sombra de la duda, (Huso Editorial) una de las pocas piezas teatrales escrita por la escritora Edith Wharton, descubierta hace dos años por las profesoras Mary Chinery y Laura Rattray. 

Son varios los motivos que hacen que esta pieza dramática tenga interés: en primer lugar, no se trata de una obra juvenil, si bien es cierto que cuando la escribió, a la edad de 39 años, Wharton solamente había publicado relatos breves y estaba aún lejos de convertirse en la gran novelista que finalmente logró ser. En segundo lugar, es una obra que la autora omite mencionar en su autobiografía. Pareciera que Wharton quisiera borrarla de su trayectoria literaria. La escritora escondió literalmente esta obra de teatro, aunque su manuscrito estuviera al alcance de cualquier investigador en el Harry Ransom Center de la Universidad de Texas. Y, en cuarto lugar, La sombra de la duda trata sobre eutanasia, un tema que Wharton ya había abordado en 1907 en The fruit of the tree

Vista de Nueva York (1873) / George Schlegel

Vista de Nueva York (1873) / George Schlegel

La sombra de la duda cuenta la historia de Kate Tredennis, casada con John Derwent, nombre importante en la esfera política y diplomática norteamericana y viudo de Agnes. Ésta fallece entre fuertes dolores, siendo atentamente cuidada por Kate, su mejor amiga, que entonces trabajaba como enfermera. A pesar de que el padre de Agnes no termine de aceptar que su yerno rehaga su vida con otra mujer, la hija de John acepta de buen grado a la nueva mujer de su padre. Kate se esfuerza por integrarse a su nueva vida entre la hipócrita alta sociedad norteamericana. Nada parece ir mal hasta que el doctor Carruthers acusa a Kate de haber suministrado una dosis letal de cloroformo a Agnes. Lejos de desmentirlo, la enfermera asume la culpa: lo hizo por el bien de su amiga, a quien quiso evitar, por petición de esta, los insoportables dolores previos a una muerte segura. 

“Cuando publiqué en 2015 mi biografía sobre Wharton nada sabía acerca de esta obra. Por eso sugerí que la meditación sobre la eutanasia contenida en The fruit of the tree, de 1907, podía inspirarse en dos hechos: el accidente de carruaje de su amiga Ethel Cram en julio de 1905, que la dejó en coma, y la penosa enfermedad de su vecina Hartmann Kuhn, que en torno a 1906 quedó inválida y que, un par de años después, acabó poniendo término a su vida”, comenta Jorge Freire, responsable del prólogo. La aparición de La sombra de la duda desmiente la tesis de Freire, pues, como él mismo reconoce, “demuestra que en 1901 ya escribía sobre el tema enarbolando argumentos similares. Ni siquiera un hecho anterior a los dos citados, el uso de cuidados paliativos con la madre de Wharton en verano de 1901 sirve de precedente, pues entonces el manuscrito ya estaba redactado”. 

La sombra de la duda, Edith Wharton En este sentido, no se puede considerar ni a La sombra de la duda ni a The fruit of tree como obras que nacen de la necesidad de dar respuesta al padecimiento físico del que Wharton fue testigo; más bien, son el testimonio de una reflexión profunda que no nace de la visceralidad o del dolor, cuanto de la razón, del deseo de indagar sobre las contradicciones inherentes a la práctica de la eutanasia. Tema controvertido todavía hoy, para Freire el motivo de la desaparición de esta obra no radica en el escándalo suscitado entre el público –si así fuera, ¿por qué escribió posteriormente una novela abordando el mismo tema?– sino en la inseguridad que la autora sentía hacia su trabajo como dramaturga: “Wharton puso un gran empeño en construirse una carrera teatral que nunca llegó a arrancar. De 1897 a 1902 realizó trabajos que le confirieron un cierto nombre: adaptó Manon Lescaut, del Abate Prévost, tradujo Es Lebe das Leben, de Sudermann, y escribió un par de piezas propias. A finales de 1902 The New York Times la definía como dramaturga. Sin embargo, la cosa nunca fue a más. De manera que, en cuanto se produjo el inesperado éxito de sus novelas, Wharton abandonó definitivamente el teatro. La fallida adaptación de La casa de la alegría fue la puntilla”. 

En este sentido, no se puede considerar ni a

Edición en inglés de 'La edad de la inocencia', Edith WhartonLa fama y el reconocimiento le llegaron con la narrativa, género con el que Wharton se sentía más cómoda. Pero en sus piezas de teatro, en concreto en La sombra de la duda, “ya avanza los temas que serán constantes en su obra (la hipocresía de la alta sociedad, el elitismo, el matrimonio y el divorcio, entre otros)”, comenta la traductora Nadia Khalil Tolosa, quien destaca “el estilo limpio y claro” y “la verosimilitud de los diálogos, la naturalidad de los personajes y el gran sentido de la oralidad que se aprecia en cada frase”. Más allá de los temas, el personaje de Kate evoca a las grandes figuras femeninas de Wharton, mujeres como la condesa Olenska (La edad de la inocencia), que hace frente a las habladurías y al hipócrita puritanismo de la alta sociedad de Nueva York, que le reprocha el haberse divorciado de su marido y observa con escándalo cómo, segura de sí misma, participa de la vida social, indiferente a las críticas. Kate y la condesa Olenska no son las únicas mujeres que se enfrentan a la condena social; como recuerda Freire. También están Justine Brent (The fruit of the tree), Charity Royall (Estío) y Undine Spragg (Las costumbres nacionales). Todas ellas “hacen frente al filisteísmo y la misoginia y han de sortear reproches y chantajes”. 

La fama y el reconocimiento le llegaron con la narrativa, género con el que Wharton se sentía más cómoda. Pero en sus piezas de teatro, en concreto en

Afirmar hoy la grandeza literaria de Edith Wharton es o debería ser innecesario. Sus obras lo demuestran. “Me resistía a creer que una chica como yo pudiese escribir algo que mereciese la pena leer, y mis amigos habrían ciertamente coincidido conmigo”, afirmó la escritora en los últimos años de vida. Ella fue de las pocas que pudo disfrutar del reconocimiento del público y la crítica, siendo además premiada con el Premio Pulitzer por La edad de la inocencia, su novela más conocida. Siempre reconoció el magisterio que Henry James ejerció sobre ella, sobre todo, señala Khalil Tolosa, “en su primera época con las primeras novelas, como La casa de la alegría y sus primeros cuentos”, pero  también con The fruit of the tree

La publicación de La sombra de la duda no solo nos permite disfrutar de la prosa de Wharton, sino ahondar en su universo y deleitarnos con su mirada crítica y su estilo mordaz. Todavía quedan obras de Wharton pendientes de publicar, en concreto The fruit of the tree, algo que sorprende a su biógrafo: “que nadie se haya atrevido a publicarla en España me resulta incomprensible”. Solo cabe esperar que la traducción y publicación de La sombra de la duda sea el primer paso para recuperar el resto de la obra de una de las escritoras norteamericanas más relevantes de principios del XX.