Fabio Beccaria, fundador de Litexco España
Las empresas pueden terminal mal, no tener éxito. Los negocios pueden descarrilar al no triunfar la idea que los impulsa. Ello es respetable.
Pero si por el camino dejan un goteo de víctimas que denuncian fraude, algo peor ha podido suceder.
Es lo que ha pasado con la inversora Litexco, que prometió jugosos rendimientos por medio de posiciones en el inmobiliario y bonos soberanos.
Nada de ello se ha acabado produciendo. Los incautos que confiaron en la firma barcelonesa han perdido sus ahorros. Así ha sido la pésima ejecución de una visión que podría haber sido buena. Y, quizá --si la justicia así lo considera--, incluso delictiva.